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lunes, 29 de noviembre de 2010

Establecer un nexo entre pasado y presente.

Autor: Steven Semes
Traducción: Pablo Álvarez Funes. 

La actual confusión acerca de cómo el proyecto contemporáneo podría relacionarse con la arquitectura del pasado queda perfectamente ilustrada en la reciente restauración de los Mercados de Trajano en Roma, una de las ruinas más fascinantes de la ciudad. Los Mercados son, en cierto modo, los precedentes antiguos del centro comercial; desde el gran vestíbulo al nivel superior, una persona puede visitar filas de escaparates comerciales dispuestos en varios niveles de terrazas. A pesar de su estado ruinoso y fragmentario, es una espectacular obra de arquitectura y diseño urbano poderosamente sugestiva. 
El antiguo mercado es un precursor del centro comercial. Su reciente restauración incluye muros cortinas de vidrio obviamente inapropiados así como nuevas pasarelas, puentes, bancos y otros elementos diseñados para ser tan marcadamente diferentes de la construcción romana como sea posible. Foto del autor.

Como muchas otras estructuras antiguas que han llegado hasta nuestros días, ha sido alterada, reconstruida parcialmente, integrada en edificios posteriores, restaurada y transformada en museo. En las intervenciones más recientes, concluidas en los últimos años de acuerdo con las prácticas enunciadas en la Carta de Venecia de 1964, el propio edificio del mercado ha sido tratado como un artefacto en el que las nuevas intervenciones aparecen como apéndices ajenos. El visitante en primer lugar se encuentra con un horrible paño de vidrio que rellena los antiguos arcos, instalado presumiblemente para permitir el acondicionamiento interior, pero como todos los objetos expuestos son de mármol u otros materiales pétreos, el vidrio probablemente sea innecesario o, por lo menos, no habría sido necesaria su disposición de forma que recordara los cristales anti-bala tan familiares a los clientes de los bancos de Nueva York. Se nota entonces lo desafortunado de ciertos detalles importantes como rampas, escaleras, pasarelas, bancos y otros añadidos para la comodidad de los visitantes. 

Es evidente a primera vista que el diseñador de las pasarelas y y escaleras exteriores en acero y madera estaba totalmente preocupado por la necesidad de reafirmarse en sus credenciales de diseño moderno, con menoscabo del lugar en el que esos elementos nuevos se insertan. Este tipo de auto absorción en presencia de un monumento de la mayor importancia artística e histórica es alucinante, pero muy común. Esto si el diseñador hubiera pensado que el diseño del muro de vidrio es más importante que el objeto que alberga en su interior. Pero, una vez más, la Carta de Venecia establece que los nuevos añadidos deben “apartarse de la composición original” y “lleva un sello contemporáneo”. 
Los nuevos accesos que dan paso al vestíbulo del mercado serían apropiados para la entrada de un aeropuerto, pero ¿acaso es este el modo correcto de entrar en un antiguo edificio romano donde el ornamento arquitectónico y la escultura decorativa están presentes y se pueden interpretar? Foto por el autor.


Dentro del museo, las salas donde se exponen fragmentos de escultura romana y detalles arquitectónicos revelan diferentes estilos de presentación, como si los conservadores no se hubieran puesto de acuerdo en cómo interpretar la colección. En una de las saladas se muestra una porción de la fachada de un templo con fragmentos originales de mármol complementados con adiciones en escayola blanca que completan la composición. Continuando con la práctica usual de la Carta de Venecia, la intención del muro de vidrio es mostrarnos la obra de arte tan completa como sea posible, a la vez que nos permite distinguir (si miramos de cerca) los fragmentos originales de las adiciones modernas. 

En otra sala se muestran fragmentos de mármol sobre una armadura de acero que las relaciona espacialmente en su posición original pero sin ningún tipo de unión entre las piezas. Los fragmentos de mármol están suspendidos en medio del aire, y debemos usar nuestra imaginación para entender cómo conformaban una composición integral. En una tercera sala, fragmentos de cornisas y otros elementos arquitectónicos están simplemente desperdigados por el suelo, unos sobre otros, como si hubieran sido arrojados por un repartidor y luego olvidados. En este caso, no se ha hecho ningún esfuerzo para ayudar al visitante a comprender la disposición original o el contexto de los materiales; simplemente se presentan como objetos que flotan en el espacio, como la incongruente escultura contemporánea que a menudo se instala en este y otros lugares antiguos. 

Estas actitudes hacia los objetos de un museo revelan tres puntos de vista alternativos sobre lo que hemos heredado del pasado: como algo que podemos entender parcialmente y, en ocasiones, restaurar a una aproximada totalidad; como una colección de fragmentos rotos que podemos unir de alguna forma pero nunca conformar un todo; o como simples restos que podemos apreciar como objetos aislados de una cultura desaparecida pero que no se puede entender completamente o incorporar a nuestro mundo. De estas tres visiones del pasado, sólo la segunda y la tercera se benefician de la sanción oficial del pensamiento crítico y académico; y la última representa el planteamiento más “progresista” entre los conservadores y directores de museos. 
Fuera del vestíbulo del mercado, en la Via Biberatica, donde los escaparates pertenecieron una vez a los comerciantes, se colocó recientemente una instalación de un escultor minimalista. ¿Cómo nos ayuda esto a entender el sitio? ¿Y la escultura? Foto por el autor.



La primera es altamente controvertida, sugiriendo como hace, que el pasado no sólo es cognoscible sino que además puede enseñarnos algo. 

Aquí vemos el conflicto entre la Carta de Venecia y los valores de las generaciones precedentes de arquitectos y restauradores, que se consideran a sí mismos continuadores de las obras que tienen a su cargo. Pero si el arte y la arquitectura clásica no tienen un tiempo determinado, si no son simples “documentos de su tiempo”, sino que reflejan valores perennes vinculados con aspectos fundamentales del legado humano (como implica el enfoque tradicional), entonces toda la ideología del arte moderno colapsa. Mejor dejar las piezas clásicas esparcidas por el suelo, donde es improbable que inspiren cualquier pensamiento reaccionario. Mejor aún, yuxtaponerlas con ejemplos de diseño contemporáneo, cuya agresiva afirmación de su diferencia con el pasado clásico inoculará al observador pensamientos no deseados de continuidad. Aparentemente así es como los gestores (o tal vez la mayoría de la comisión) vio su misión. 

Comparemos esto con el enfoque adoptado en el Museo de Arte Metropolitano de Nueva York, donde el anterior directo Philippe de Montebello y el conservador Carlos Picon han instalado obras de escultura greco-romana y decoración arquitectónica en espacios proyectados en estilo clásico por los arquitectos originales del edificio, Calvert Vauz y Jacob Wrey Mould. La reciente renovación de este ala por el estudio de Kevin Roche amplifica y extiende los espacios originales de forma que ahora podemos ver la colección en salas que refuerzan la estética de las propias piezas. Las esculturas romanas están dispuestas en un espacio que se asemeja a un atrio romano rodeado de columnas dóricas y jónicas, y no un recorrido industrial entre gélidas paredes blancas, que es la decoración por defecto de la mayoría de museos de arte en estos días. 

Al menos los Mercados de Trajano podemos ver fragmentos de escultura romana frente a muros de ladrillo romano, si bien sabemos que los romanos raramente dejaban el ladrillo visto, pues no lo consideraban suficientemente dignas. ¿Qué pensarían los arquitectos romanos de esos marcos de acero desnudo y esos enormes paños de vidrio estructural que a día de hoy alborotan los en su tiempo elegantes salones y calles comerciales aterrazadas?

domingo, 30 de noviembre de 2008

Declaración de Venecia de INTBAU: conservación de monumentos y entornos en el siglo XXI.

La Carta de Atenas sobre el Patrimonio de 1931 supuso una importante contribución para el desarrollo de un amplio movimiento internacional para la conservación de nuestra herencia común para futuras generaciones. La Carta de Venecia de 1964, consciente de que los problemas se habían vuelto más complejos y variados, reexaminó la carta de Atenas, revisó rigurosamente los principios en los que se fundamentaba, y amplió su alcance con un nuevo documento.
Más de medio siglo después somos testigos de nuevos y complejos problemas. El más importante es el desafío para mantener ambientes urbanos coherentes y sostenibles, dentro de los cuales los monumentos históricos están plenamente integrados y son depositarios de un conocimiento útil e importante. También se constató que la Carta de Venecia no dirigió sus desafíos más allá de Europa y los Estados Unidos, además de pasar por alto el papel vital que la artesanía sigue jugando dentro de la construcción tradicional. Finalmente, se han hecho evidentes ciertas contradicciones lógicas ya sea a través de la Carta en sí misma, o a través de su interpretación literal.
En consecuencia un grupo de expertos internacionales en restauración, arquitectura, urbanismo y planificación ambiental, se reunieron en Venecia en noviembre de 2006, y acordaron que había llegado el momento de disipar dudas sobre  la Carta de Venecia y su interpretación, en concreto sobre las siguientes cuestiones:
- El PREÁMBULO hace eco de nuestra responsabilidad común de salvaguardar monumentos antiguos para futuras generaciones " y transmitirlos con toda riqueza de su autenticidad". Hoy día se considera, sin embargo, que cualquier acto de conservación o restauración es inevitablemente un acto de alteración basado en un conocimiento históricamente parcial. Por consiguiente la búsqueda de la autenticidad, del estado original, no debe ser interpretada como la búsqueda del un momento congelado del tiempo. Sí debe reflejar los complejos patrones de cambios y reapariciones a través de la historia, incluyendo el presente. Y para ello hay que establecer tanto unos criterios de elección de materiales como unas técnicas adecuadas de conservación.
- Artículo 1: Incluye sabiamente los parámetros urbanos y rurales a tener en cuenta para la definición de un monumento histórico. Creemos que esto también puede incluir un modelo de asentamiento históricamente singular o una estructura organizativa dentro del paisaje (paisaje antrópico), que pueden suponer valiosos referentes para futuros asentamientos.
- Artículo 2: Recurre a todas las ciencias y técnicas que puedan contribuir al estudio y salvaguarda de la herencia arquitectónica. Acentuamos la importancia de la investigación científica, particularmente con el fin de obtener información que pueda resultar imprevisiblemente relevante para nuestros desafíos presentes y futuros. La participación popular en cambios científicos, políticos y educativos sobre estos asuntos es vital.
- Artículo 4: Pide el mantenimiento permanente de los monumentos. Consideramos que el mantenimiento de dichos edificios a partir de nuevos elementos no es un “falso historicismo” siempre que estos nuevos elementos puedan ser fácilmente distinguidos por expertos, o con la ayuda de materiales interpretativos.
- Artículo 5: prohíbe explícitamente los cambios en el diseño de un edificio aun cuando dichos cambios tengan un fin socialmente útil. Pero tales cambios deben permitirse cuando esté en peligro la supervivencia del edificio, allí donde estén integrados tal como pide el artículo 6, y donde quede constancia de los cambios realizados. En la medida de lo posible dichos cambios deberían incorporar las características espaciales y estructurales del edificio original.
- Artículo 9: pide que las intervenciones sean “distintos de la composición global y lleven un sello contemporáneo”. Pero este objetivo debe estar dinámicamente equilibrado con otras necesidades, incluyendo la necesidad de espacios coherentes y duraderos. De esta forma las intervenciones pueden ser diferentes de la composición original pero a su vez armonizar con la misma. El carácter contemporáneo puede proporcionarse de muchas formas, incluyendo la información interpretativa o la diferenciación visual directa entre los elementos originales y la intervención. No es necesario crear una ruptura entre ambas partes que pueda obviar la voluntad de mantener la configuración tradicional de masas y colores (artículo 6, artículo 13).
- Artículo 11: establece que “deben respetarse todas las aportaciones que definen la configuración actual de un monumento, no importa a qué época pertenezcan, dado que la unidad de estilo no es el fin de la restauración”. En rigor, empero, no podemos establecer para cada estilo un origen temporal y espacial único, ya que éstos pueden reaparecer dentro de contextos y periodos diferentes. Por tanto las variaciones de estilo pueden y deben ser toleradas y aceptadas en cualquier periodo, incluyendo el presente. E igualmente se puede mantener la unidad de composición sin recurrir a la unidad de estilo.
- Artículo 12: establece que “los elementos destinados a reemplazar las partes que falten deben integrarse armoniosamente en el conjunto, pero distinguiéndose a su vez de las partes originales, a fin de que la restauración no falsifique el monumento, tanto en su aspecto artístico como histórico”. Sin embargo, esto no debe entenderse como una prohibición para el reemplazo o colocación de piezas en estilos compatibles. Simplemente se requiere una distinción honesta entre original e intervención, que se puede identificar a través de la información interpretativa.
- Artículo 13: Prohíbe las adiciones que “no respeten todas las partes que afectan al edificio, su ambiente tradicional, el equilibrio de su conjunto y sus relaciones con el ambiente circundante”. Junto con otros artículos esto debe ser interpretado como que son aceptables las intervenciones contemporáneas que añadan volumen a la edificación existente y se integren armoniosamente en la composición general (considerando los “revivals”, si procede, como adecuados para la intervención). Las adiciones que producen una ruptura deliberada, discordante, o relegan a un segundo plano los elementos originales, no deben permitirse por dañar tanto el equilibrio de la composición como la relación con el entorno.

Firmaron esto los autores a 8 de enero de 2007:
Por orden alfabético:
Robert Adam - Reino Unido
Claudio d'Amato - Italia
Ethan Anthony – Estados Unidos
Irena Bakule - Letonia
John Bliss - Estados Unidos
Ben Bolgar - Reino Unido
Youcef Chennaoui - Argelia
Vikas Dilawari - India
Matthew Hardy – Australia / Reino Unido
Meisha Hunter - Estados Unidos
Ian Lochhead - Nueva Zelanda
Paolo Marconi - Italia
Michael Mehaffy - Estados Unidos
A. G. K. Menon - India
W. Brown Morton III - Estados Unidos
Nicholas Patricios - Grecia
Navin Piplani - India
Savita Raje - India
Bob Rose - Australia
Steven Semes - Estados Unidos
Krupali Uplekar – India / Estados Unidos
Pance Velkov - Macedonia

Firmantes adicionales por orden de llegada:
Jhilmil Kishore – India / Reino Unido
SEstados Unidosn Parham – Australia / Reino Unido
Hacer Basarir – República Turca del Norte de Chipre / Reino Unido
Anne Fairfax - Estados Unidos
Alessandra Scarano - Italia
Giuseppe Amoruso - Italia
Iuliana Ciotoiu - Rumanía
Tamara Rogic - Reino de los Países Bajos
Mohammed Al-Shabander - Iraq
John Smylie - Irlanda del Norte
Mahshid Sehizadeh - Irán
Mohammadsaeid Izadi - Irán
Ettore Maria Mazzola - Italia
Neil Galway – Irlanda del Norte
Francesco Defilippis - Italia
Daniela Catalano - Italia
Christian Nitti - Italia
George Azariah-Moreno - Venezuela
John Devlin - Canadá
Zuzanna Low - Estados Unidos
Edmond Binjaku - Canadá
Peter Drijver - Reino de los Países Bajos
Audun Engh - Noruega
Yazid Sahnoun - Argelia
Linda Wellner - Estados Unidos
Duncan Stroik - Estados Unidos
Chimdi Ekenna - Nigeria
Sanda Savu - Rumanía
Mihaela Iliescu - Rumanía
Subhendu Pratihari - India
Robert Rhodes - Reino Unido
Marie Soundy - Panamá
Peter Kellow - Francia
Lara Allen - Estados Unidos
Dorin Boila - Rumanía
Robert Keast - Canada
Kiran Kalamdani - India
Madjid Eizadpanah - Irán
Paul Nemes - Rumanía
Kelly Miller - Estados Unidos
Mark Greaves - Reino Unido
Maria Rita Campa - Italia
Pedro Paulo Palazzo - Brasil
Steve Mouzon - Estados Unidos
Michael L. Waller - Estados Unidos
John Cluver - Estados Unidos
Christopher Miller - Estados Unidos
Todd Furgason - Estados Unidos
Francisco Moncada - Portugal
Lucy Rowland - Estados Unidos
Aaron Cook - Estados Unidos
Abigail Dowd - Estados Unidos
Elizabeth McNicholas - Estados Unidos
Eileen Tumlin - Estados Unidos
George Pepe - Vanuatu
Javier Cenicacelaya - España
Mari DeRuntz - Estados Unidos
Joachim Langhein - Alemania
Margaret Moore - Estados Unidos
Sheryl Davis - Estados Unidos
Dominic Kelly - Australia
Matthew Fitzgerald - Estados Unidos
Paul Ranogajec - Estados Unidos
Ellen McFarland - Estados Unidos
Chadrick Cooper - Estados Unidos
Sebnem Onal Hoskara - Turquía
Ricardo J. McCormack - Estados Unidos
Roberto Raccanello - Italia
Katharina von Stietencron - Italia
Lisa Kennan-Meyer - Estados Unidos
Madison Spencer - Estados Unidos
Rajeev Maini - Australia
Håkon Wium Lie - Noruega
Martin Horáček – República Checa
Christine G. H. Franck - Estados Unidos
Ines Kargel - Austria
Fabian Neuhaus - Austria
Enobong Equere - Nigeria
Wilfred Ferwerda - Canadá
Willo Göpel - Alemania
Naciye Doratli - Chipre
Aura Neag - Reino Unido
Duncan McCallum McRoberts - Estados Unidos
Allan Strus - Estonia
Hugh O'Beirne - Estados Unidos
Michael Dixon - Estados Unidos
Derya Oktay - Turquía
Kathryn Langstaff - Estados Unidos
Alireza Sagharchi - Reino Unido
LReino Unidoe Moloney - Zimbabwe
Gillian Ferguson - Reino Unido
Nicola Giacomo A.G. Linza - Estados Unidos
Shaho Keshavarzi - Irán
Peter Robinson - Australia
Chaolee Kuo - Taiwán
Kamuran Sami - Turquía
José Cornélio da Silva - Portugal
Dan Oprea - Rumanía
Jurate Markeviciene - Lituania
Atanasie Popescu - Estados Unidos
Robert Patzschke - Alemania
Christopher Mare - Estados Unidos
Pablo Álvarez Funes - España
Arie Sivan - Israel
Kinyanjui Karanja - Kenya
Charles Cobble - Estados Unidos
Philippa Stockley - Reino Unido
Brian Hamilton - Irlanda
Mugwima Njuguna - Kenya
Mohammed J. Mugheiry - Tanzania
Mark Alan Hewitt - Estados Unidos
Gil Peled – Israel / Reino Unido
Jean-François Lejeune - Estados Unidos
Selcen Yalcin - Turquía

Carta de Venecia de 1964

Las obras monumentales de los pueblos, portadoras de un mensaje espiritual del pasado, representan en la vida actual el testimonio vivo de sus tradiciones seculares. La humanidad, que cada día toma conciencia de los valores humanos, las considera patrimonio común reconociéndose responsable de su salvaguardia frente a las generaciones futuras. Estima que es su deber transmitirlas en su completa autenticidad.


Es esencial que los principios encaminados a la conservación y restauración de los monumentos sean preestablecidos y formulados a nivel internacional, dejando, sin embargo, que cada país los aplique teniendo en cuenta su propia cultura y sus propias tradiciones.

Al definir por primera vez estos principios fundamentales, la Carta de Atenas de 1931 ha contribuido al desarrollo de un amplio movimiento internacional, que se ha concretado especialmente en documentos nacionales, en la actividad del ICOM y de la UNESCO y en la creación, como obra de la propia UNESCO, del Centro Internacional de Estudio para la Conservación y Restauración de Bienes Culturales. Sensibilidad y espíritu crítico se han dirigido hacia problemas cada vez más complejos y variados; ha llegado, pues, el momento de volver a examinar los principios de la Carta con el fin de profundizar en ellos y de ampliar su operatividad en un nuevo documento.

En consecuencia, el Segundo Congreso Internacional de Arquitectos y Técnicos de Monumentos, reunido en Venecia del 25 al 31 de mayo de 1964, ha aprobado el siguiente texto:

Definiciones
Artículo 1.- La noción de monumento histórico comprende tanto la creación arquitectónica aislada, como el ambiente urbano o paisajístico que constituya el testimonio de una civilización particular, de una evolución significativa o de un acontecimiento histórico. Esta noción se aplica no sólo a las grandes obras, sino también a las obras modestas que con el tiempo hayan adquirido un significado cultural.
Artículo 2.- La conservación y restauración de los monumentos constituyen una disciplina que se sirve de todas las ciencias y técnicas que puedan contribuir al estudio y a la salvaguardia del patrimonio monumental.

Finalidad
Artículo 3.- La conservación y restauración de los monumentos tiene como finalidad salvaguardar tanto la obra de arte como el testimonio histórico.

Conservación
Artículo 4.- La conservación de los monumentos impone ante todo un mantenimiento sistemático.
Artículo 5.- La conservación de los monumentos se ve siempre favorecida por su utilización en funciones útiles a la sociedad: tal finalidad es deseable, pero no debe alterar la distribución y el aspecto del edificio. Las adaptaciones realizadas en función de la evolución de los usos y costumbres deben, pues, contenerse dentro de estos límites.
Artículo 6.- La conservación de un monumento implica la de sus condiciones ambientales. Cuando subsista un ambiente tradicional, éste será conservado; por el contrario, deberá rechazarse cualquier nueva construcción, destrucción y utilización que pueda alterar las relaciones de los volúmenes y los colores.
Artículo 7.- El monumento no puede ser separado de la historia de la que es testimonio, ni del ambiente en el que se encuentra. Por lo tanto, el cambio de una parte o de todo el monumento no puede ser tolerado más que cuando la salvaguardia de un monumento lo exija, o cuando esté justificado por causas de relevante interés nacional o internacional.
Artículo 8.- Los elementos de escultura, pintura o decoración que son parte integrante del monumento no pueden ser separados de él más que cuando ésta sea la única forma adecuada para asegurar su conservación.

Restauración
Artículo 9.- La restauración es un proceso que debe tener un carácter excepcional. Su finalidad es la de conservar y poner de relieve los valores formales e históricos del monumento y se fundamenta en el respeto a los elementos antiguos y a las partes auténticas. La restauración debe detenerse allí donde comienzan las hipótesis: cualquier trabajo encaminado a completar, considerado como indispensable por razones estéticas y teóricas, debe distinguirse del conjunto arquitectónico y deberá llevar el sello de nuestra época. La restauración estará siempre precedida y acompañada de un estudio arqueológico e histórico del monumento.
Artículo 10.- Cuando las técnicas tradicionales se manifiesten inadecuadas, la consolidación de un monumento puede ser asegurada mediante el auxilio de todos los medios más modernos de construcción y de conservación, cuya eficacia haya sido demostrada por datos científicos y garantizada por la experiencia.
Artículo 11.- En la restauración de un monumento deben respetarse todas las aportaciones que definen la configuración actual de un monumento, no importa a qué época pertenezcan, dado que la unidad de estilo no es el fin de la restauración. Cuando un edificio ofrezca varias estructuras superpuestas, la supresión de una de estas etapas subyacentes sólo se justifica excepcionalmente y a condición de que los elementos eliminados ofrezcan poco interés, que la composición arquitectónica recuperada constituya un testimonio de gran valor histórico, arqueológico o estético y que se considere suficiente su estado de conservación. El juicio sobre el valor de los elementos en cuestión y la decisión sobre las eliminaciones que se deban llevar a cabo, no puede depender tan sólo del autor del proyecto.
Artículo 12.- Los elementos destinados a reemplazar las partes que falten deben integrarse armoniosamente en el conjunto, pero distinguiéndose a su vez de las partes originales, a fin de que la restauración no falsifique el monumento, tanto en su aspecto artístico como histórico.
Artículo 13.- Las adiciones no pueden ser toleradas si no respetan todas las partes que afectan al edificio, su ambiente tradicional, el equilibrio de su conjunto y sus relaciones con el ambiente circundante.

Ambientes monumentales
Artículo 14.- Los ambientes monumentales deben ser objeto de cuidados especiales a fin de salvaguardar su integridad y asegurar su saneamiento, su utilización y su valoración. Los
trabajos de conservación y restauración, que se efectúen en ellos, deben inspirarse en los principios enunciados en los artículos precedentes.

Excavaciones
Artículo 15.- Los trabajos de excavación deben efectuarse de acuerdo con normas científicas y con la "Recomendación que define los principios internacionales que deben ser aplicados en materia de excavaciones arqueológicas", adoptada por la UNESCO en 1956.
La utilización de las ruinas y las medidas necesarias para la conservación y protección permanente de los elementos arquitectónicos y de los objetos descubiertos deberán ser aseguradas. Además, deberán tomarse todas las iniciativas que puedan facilitar la comprensión del monumento descubierto, sin desnaturalizar nunca su significado.
Deberá excluirse a priori cualquier trabajo de reconstrucción, considerando aceptable tan sólo la anastilosis o recomposición de las partes existentes, pero desmembradas. Los elementos de integración deberán ser siempre reconocibles y representarán el mínimo necesario para asegurar las condiciones de conservación del monumento y restablecer la continuidad de sus formas.

Documentación y publicación
Artículo 16.- Los trabajos de conservación, de restauración y de excavación estarán siempre acompañados por una documentación precisa, constituida por informes analíticos y críticos ilustrados con dibujos y fotografías. Todas las fases de los trabajos de liberación, consolidación, recomposición e integración, así como los elementos técnicos y formales identificados a lo largo de los trabajos, deberán ser consignados. Esta documentación se depositará en los archivos de un organismo público y estará a disposición de los investigadores; se recomienda igualmente su publicación.