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lunes, 25 de julio de 2011

Pieles y envolventes arquitectónicas: Alberto Campo Baeza y la Catedral de Zamora.




La piel de un edificio es un concepto muy recurrente dentro de la arquitectura contemporánea desde el momento en que Le Corbusier proclamó la liberación de la fachada respecto al dominio tiránico que para él ejercían la planta y la estructura. La consecuencia inmediata de esta emancipación fue el surgimiento de la atrevida ventana horizontal que venía a retar todas las convenciones estructurales conocidas hasta entonces gracias al ardid de retranquear la estructura y hacer creer al espectador que la fachada sostenía mágicamente al edificio gracias a las virtudes de la nueva arquitectura. Pasados los primeros experimentos, este revolucionario principio pasó a engrosar las convenciones de un Movimiento Moderno más preocupado por la especulación y la economía constructiva que en sus prístinas intenciones fundacionales. El lector sabrá reconocer los frutos de esta emancipación en la mayoría de los bloques de viviendas construidos durante el siglo XX, donde la tónica dominante es la monótona repetición de huecos sin más criterio compositivo que la comodidad para colocar el hueco donde éste resultara más conveniente sin importar su jerarquía o relación con la generalidad del edificio. 

Los cinco principios de Le Corbusier, enunciados en "Hacia una Arquitectura" en 1923, se complementan con los cuatro métodos de composición y suponen el origen de la fachada libre y los muros-cortina.

Afortunadamente la tecnología, previendo la perversión a la que pretendía someterla este degenerado Movimiento Moderno, supo adaptarse a los acontecimientos y puso orden en la anarquía en la que se convirtió la fachada libre mediante la invención del muro cortina. Capaz ahora de dar unidad al edificio, los primeros muros cortina de vidrio del movimiento moderno convivieron con otros materiales. Buscando quizá la aprobación social y otorgar a sus edificios una dignidad que la propia modernidad les había arrebatado, la piedra y el mármol pronto se convirtieron en elementos habituales de estos muros cortinas, cada vez más complejos y eficientes desde un punto de vista técnico. Con la llegada de la posmodernidad, el remordimiento se apodera de muchos arquitectos modernos y la piedra se convierte en un elemento recurrente y legitimador de los nuevos edificios de esos años, con los que se pretende reconciliar pasado y presente a través de unas finas láminas pétreas.

Ampliación del Ayuntamiento de Murcia, 1991-1998. Arq. Rafael Moneo. La disposición de los huecos y el empleo del aplacado de piedra buscan crear la sensación de que el edificio se integra con los de su entorno cuando en realidad es una excusa para imponerse a ellos. 

El renovado y progresivo interés por las formas orgánicas que promueve el deconstructivismo, unido al sorprendente desarrollo tecnológico de estos muros cortina, permiten a los arquitectos ondular los paramentos y jugar con sus formas, aislando cada vez más la “piel arquitectónica” de la estructura arquitectónica. El revestimiento de titanio con el que Frank Gehry recubrió el museo Guggenheim de Bilbao marca un hito en el desarrollo de estas pieles arquitectónicas generadas por ordenador y cuidadosamente despiezadas para su colocación. Queda pues la piel liberada no sólo de la planta y la estructura, sino incluso de la propia funcionalidad del edificio, permitiendo su sustitución o adición como forma de rehabilitar e incluso de intervenir sobre el Patrimonio o en entornos patrimoniales. 

Museo Guggenheim, Bilbao, 1992-1997. Arq: Frank. O Gehry. Además de suponer el pistoletazo de salida para los despropósitos derivados del "Efecto Bilbao", este museo supone la consolidación de las envolventes en la arquitectura española, usando en este caso un muro cortina de titanio.

Alberto Campo Baeza, en su edificio para el Consejo Consultivo de Castilla y León, situado en Zamora junto a su elegante catedral de cimborrio románico, parte de la idea del “hortus conclusus”, por otra parte muy recurrente en su obra, mediante la cual su edificio queda precintado por una piel pétrea similar a la de la catedral y con la que pretende dialogar e integrarse. En el interior de ese precinto se erige una caja de hormigón revestida de vidrio, una delicada joya dentro de un basto joyero que el arquitecto pretende hacer pasar por fina orfebrería. No nos queda claro si la intención del muro es proteger al entorno del edificio, o la de proteger ese volumen puro y moderno de las acusadoras miradas del entorno tradicional cuya propia esencia demuestra la continuidad de unas formas de las que el arquitecto reniega. 


Consejo Consultivo de Castilla y León, Zamora (2006-2011). Arq. Alberto Campo Baeza. Planta y perspectiva de conjunto. El muro de piedra envuelve completamente al edificio moderno, pero deja huecos para que el observador externo contemple su impúdico interior. 

En cualquier caso la presencia de un gran muro de cerramiento sin mayor fin estructural que el sostenerse a sí mismo y cuya única función es ocultar el edificio moderno que alberga en su interior nos lleva a plantearnos si ese pudor y respeto no podría haberse conseguido de otra forma. Pues si se pretende ocultar la nueva construcción es porque el arquitecto sabe que lo que hace está moralmente mal. Y de la misma forma que los seres humanos cubrimos nuestras vergüenzas por pudor, pero a la vez usamos la ropa para resaltar u ocultar nuestros atributos, aquí se ha usado un grueso y sobrio vestido que sin embargo deja entrever con impudicia su interior a través de los huecos que abre en fachada. No es por tanto pudor, sino ironía lo que nos transmite este muro ya que la puritana cobertura pétrea, esa envolvente, está abierta para enseñar a la sociedad su auténtico y desafiante interior e intenciones modernas. 

Consejo Consultivo de Castilla y León, Zamora (2006-2011). Arq. Alberto Campo Baeza. Infografía del interior. El volumen puro de vidrio es la delicada que el arquitecto esconde en un basto joyero de piedra arenisca.

La habitual excusa del diálogo se vuelve vana al comprobar que la única similitud que comparte el nuevo edificio con su entorno es el empleo de la misma arenisca dorada. Dos personas que no hablen un idioma común no se comunican más que por señas por mucho que nos empeñemos en que hay diálogo porque ambos, para expresarse, usan palabras que pueden expresar tanto pensamientos abstractos como objetos reales. La arquitectura contemporánea no puede dialogar con el patrimonio a no ser que sea mediante la imposición de su ideología, la reclusión de la historia en una venerable pero incómoda vitrina y el manido recurso del pastiche y el “falso histérico” para condenar todo lo que no sea un elogio a su impúdico y soez atrevimiento. 

Consejo Consultivo de Castilla y León, Zamora (2006-2011). Arq. Alberto Campo Baeza. Infografía del exterior visto desde la Catedral. A pesar de la presunta voluntad de integración a través del simple uso de un material similar al de la Catedral, ni las proporciones ni los acabados nos dicen que estamos ante un edificio que realmente pretenda dialogar e integrarse, sino destacar sobre los demás con falsa modestia.

Una prueba de esa ausencia de diálogo la tenemos justo frente a ese edificio, en la magnífica fachada norte de la Catedral de Zamora. Deslumbrada por el elegante cimborrio y la elegante fachada sur, construidas en el siglo XII en ese románico que emulaba la Antigüedad con ciertos aires bizantinos, la fachada norte suele pasar desapercibida a ojos de historiadores más preocupados por el ornamento y la anécdota, y de arquitectos que han renegado de la historia y sólo son capaces de ver a través de los ojos formalistas de los historiadores. Fue construida entre 1592 y 1599 por Juan Ribero de Rada tras un desastroso incendio, quien envuelve la primitiva estructura románica con una piel clasicista conformada por un doble orden continuo interrumpido por un colosal pórtico corintio de columnas pareadas y rematado por un frontón con pináculos. 

Planta de la Catedral de Zamora. En rojo la "piel herreriana" que construye Juan Ribero de Rada tras el incendio de 1591.

A pesar del la injusta falta de interés que han demostrado historiadores y arquitectos hacia esta fachada que se contentan con calificar como “herreriana” o “neoclásica”, nos encontramos ante una lección sobre intervención sobre el patrimonio de la mano de uno de los arquitectos más destacados del Renacimiento español. Juan Ribero de Rada fue el primer traductor de Palladio al español y aunque su traducción nunca fuera impresa, sus copias manuscritas fueron consultadas por arquitectos de la época creando lo que se ha venido a denominar “palladianismo vallisoletano” y que vería su culmen con la edición en 1625 de los libros I y III de la Arquitectura de Andrea Palladio de la mano de Francisco de Praves. 

Fachada norte de la Catedral de Zamora, auténtica piel clasicista construida por Juan Ribero de Rada entre 1592 y 1599, que envuelve el edificio románico.

Detalle del pórtico de acceso de la fachada Norte de la Catedral de Zamora. Juan Ribero de Rada, su arquitecto, fue el primer traductor de Palladio al español y en sus contratos de obra solía hacer referencias al tratado del arquitecto vicentino.

Juan Ribero de Rada resuelve los problemas derivados del incendio de 1592 mediante una envolvente clasicista que recubre las estructuras afectadas por el incendio a la vez que las integra plenamente en el sistema estructural de la seo zamorana, con elementos góticos y románicos sin renunciar a la preeminencia que tiene el cimborrio gallonado sobre todo el edificio. Es más, Ribero de Rada sí fue capaz de integrar su intervención pues tanto la cúpula románica como la nueva envolvente clásica hablan el mismo idioma heredado de la Antigüedad, creando una relación más estrecha entre pórtico y cimborrio que la que pueda haber entre éste y la cabecera gótica, que se llega a antojar como cuerpo extraño y diferente a pesar de estar más cercanos en cuanto a cronología y haber sido por eso más valorados por historiadores todavía obsesionados en una unidad de estilo conseguida a base de momificar un momento histórico. Incluso el arquitecto se permitió innovar dentro de las inmensas posibilidades que ofrece el lenguaje clásico a la hora de articular el doble orden de la envolvente, usando un estilizado unas pilastras de orden dórico con un entablamento reducido bajo las pilastras jónicas, adelantándose 160 años a las prescripciones sobre superposición de órdenes que dictara Laugier en su “Ensayo sobre la Arquitectura” y 210 años a los consejos de Durand sobre la ausencia de pilastras en los órdenes superpuestos

Detalle del cuerpo superior de la Fachada Norte de la Catedral de Zamora. La "piel herreriana" proyectada por Juan Ribero de Rada dialoga perfectamente con la cúpula gallonada románica, pues ambos guardan los mismos ecos antiguos.

Al igual que las ingeniosas intervenciones de Hernán Ruiz en la Giralda de Sevilla y la Mezquita de Córdoba, donde integró perfectamente las estructuras renacentistas con sus precedentes hispanomusulmanes, Ribero de Rada nos da toda una lección sobre intervenciones en el Patrimonio a la vez que genera el concepto más puro de piel en la arquitectura española. Tal vez Campo Baeza debería haber seguido el ejemplo de su predecesor y haber integrado su nuevo edificio plenamente con el entorno empleando su mismo lenguaje, sin histerismos ni falsos históricos, pues el clasicismo es un lenguaje atemporal, para todos los pueblos, para todas las naciones.

sábado, 21 de mayo de 2011

La Mezquita-Catedral de Córdoba para arquitectos (IX): la restauración.


En 1815 concluye la restauración del mosaico del arco del mirhab y con ella se inicia todo un proceso de recuperación del edificio islámico que revertirá muchas de las intervenciones realizadas hasta el momento. 

El arquitecto encargado de la mayoría de estas restauraciones fue Ricardo Velázquez Bosco quien, entre 1907 y 1923 y siguiendo las teorías de Viollet le Duc, procuró mejorar el edificio devolviéndole hasta donde le fue posible su carácter islámico. Velázquez Bosco derribó buena parte de las bóvedas barrocas para volver a colocar artesonados similares a los originales, definidos a partir de un riguroso estudio de la evolución del templo. Lo acertado de su estudio, sin embargo, quitó la unidad lumínica que había logrado la Mezquita-Catedral en el siglo XVIII. En su intento por recuperar lo que él consideraba que era el suelo original, cambió el pavimento de baldosas cerámicas por otro de mármol de Macael por lo que, si bien carecía de rigor histórico, al menos dignificó el deteriorado suelo. 


Velázquez Bosco, Ricardo. Proyecto de restauración de la Capilla de Villaviciosa; en negro los elementos conservados, en rojo los elementos a añadir en la restauración.

En puertas y otros elementos, Velázquez Bosco procuró emular la decoración conservada en el resto del edificio, y si bien es totalmente inventada, contó con la pericia de artesanos cordobeses para su impecable ejecución. 

Velázquez Bosco, Ricardo. Proyecto de restauración de una de las puertas del muro de Almanzor; en negro los elementos conservados, en rojo los elementos a añadir en la restauración.

Con sus intervenciones, el arquitecto logró recuperar buena parte de la idea formal de la primitiva construcción islámica. Pretendió que parte restaurada no se distinguiese del original, mediante el empleo de idénticos materiales y técnicas y de unos artesanos hábiles y competentes que los ejecutaran. A pesar de la tremenda calidad formal de su intervención, esta se verá siempre limitada por esa “imagen ideal” romántica que imprimió al edificio y que seguía al pie de la letra las teorías de la restauración en estilo de Viollet le Duc. Sin embargo, Velázquez Bosco debe entender somo la última y quizá definitiva intervención sobre este bosque de columnas islámico con su descollante catedral cristiana que ya ha cumplido los 1200 años. 

En la década de 1970 se realizó una última intervención en el edificio destinada a consolidar la estructura y que terminó de “desbarroquizar” el conjunto. Se añadieron nuevas cubiertas, algunas sin ningún tipo de sensibilidad empleando acero y hormigón e incluso en 1972 se planteó la restitución del edificio a su estado previo a las intervenciones cristianas, hecho rápidamente desestimado gracias a la intervención en el debate de arquitectos como Luis Moya, quien criticó la propuesta por ser una restauración en estilo y sentó las bases para la puesta en valor de las cualidades espaciales de la Mezquita-Catedral dando un sentido integral tanto a su evolución espacial omeya como a las alteraciones cristianas que le dieron continuidad de uso.

Lectura impartida en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Notre Dame en South Bend, Indiana (EEUU), el 21 de Enero de 2011.

Autor: Pablo Álvarez Funes

Cathedral-Mosque of Cordoba for architects (IX): the restoration


Mirhab mosaics were restored in 1815. This action is the beginning of a recovery process of Islamic building that will reverse many of former interventions.

Most of these restorations were made by architect Ricardo Velázquez Bosco. Between 1907 and 1923, following the theories of Viollet le Duc, he sought to improve the building returning its Islamic character as far as possible.

Velázquez Bosco demolished most of baroque vaults to replace a coffered ceiling similar to the original one. He defined after an intense study of the temple evolution. However his restoration removed the luminous unity light achieved in 18th century. Trying recover what he believed was the original floor, he changed ancient ceramic tiles for a Macael marble one. Although it lacked historical accuracy, at least dignified the deteriorated floor.


Velázquez Bosco, Ricardo. Restoration of Capilla de Villaviciosa.

In doors and other elements, Velázquez Bosco tried to emulate decoration preserved in other parts of the building, and while it is entirely invented, he hired very qualified craftsmen from Cordoba to its execute them.

Velázquez Bosco, Ricardo. Restoration of a door facade.

Through his actions, the architect recovered the early Islamic construction formal idea. He claimed that restored part could not be distinguished from original by using similar materials and techniques and competent skilled craftsmen for their execution. Despite tremendous formal quality of his intervention, it will always be limited by the "ideal romantic image" that he printed to the building and which was exactly follows Viollet le Duc theories. However, Velázquez Bosco must be understood as the latest and perhaps final intervention on this Islamic columns forest with its towering Christian cathedral which has already met the 1200 years.

Lecture taught at Notre Dame School of Architecture in South Bend, Indiana (USA), January 26, 2011.

Author: Pablo Álvarez Funes

viernes, 20 de mayo de 2011

Cathedral-Mosque of Cordoba for architects (VIII): Baroque Cathedral, the white mosque.

Floorplan of the Cathedral in 1741


Despite all reforms carried out both in Islamic period as in Christian cathedrals, the Cathedral-Mosque lacked of natural lighting. Solution to this lack of light came in early 18th century, when roofs were repaired due to advanced deterioration. Original 10th century beams were replaced and the old coffered ceiling was substituted by plaster barrel vaults. Lanterns will be opened at the ends of each nave, increasing interior brightness which was increased when all arcades were paint in white. This action helped to give a unitary character to the Cathedral. 


 Section through Mihrab axis by Juan de Villanueva, 1804.

Transverse section of lanterns and vaults

Christianization of the building finishes here. The Cathedral-Mosque was turned it into a bright and unified visual space which is its own museum, as the strength of the original building has remained despite the changes.

Mihrab Nave in 1879. Arcades are still painted in white. 

Baroque vaults in Almanzor enlargement.




Lecture taught at Notre Dame School of Architecture in South Bend, Indiana (USA), January 26, 2011.

Author: Pablo Álvarez Funes

La Mezquita-Catedral de Córdoba para arquitectos (VII): la intervención Barroca, la mezquita blanca.

Planta de la Mezquita-Catedral en 1741

A pesar de todas las reformas realizadas tanto en época islámica como en las dos catedrales cristianas, el edificio seguía adoleciendo de iluminación natural abundante. La solución a esta falta de luz llega a principios del siglo XVIII cuando por avanzado deterioro han de repararse y sustituirse las cubiertas originales del siglo X. Despreciando este antiguo artesonado, se construirán bóvedas de cañón en yeso y se abrirán lucernarios en los extremos de las naves, aumentando la luminosidad del conjunto que se acrecentará cuando se pinten de blanco todos los arcos, lo cual contribuyó a darle un carácter unitario. 

 Sección por el eje del Mihrab en un grabado de Juan de Villanueva de 1804.

Sección de los lucernarios, con su bóveda de cañizo

De esta forma se culmina la cristianización del edificio, al convertirlo en un luminoso y unitario espacio visual que es museo de sí mismo, ya que la fuerza del edificio original ha permanecido a pesar de los cambios.

Nave del Mihrab en un grabado de 1879. Nótense las arcadas todavía pintadas en blanco. 

Bóvedas barrocas en la ampliación de Almanzor.

Lectura impartida en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Notre Dame en South Bend, Indiana (EEUU), el 21 de Enero de 2011.

Autor: Pablo Álvarez Funes

jueves, 19 de mayo de 2011

La Mezquita-Catedral de Córdoba para arquitectos (VII): la Catedral Renacentista

La catedral Gótica (azul claro) y la Catedral Renacentista (azul oscuro) sobre la planta de la Mezquita de Almanzor.

Tras la caída de Granada en 1492 y la completa cristianización de la antigua capital nazarí, empiezan a surgir en Córdoba voces que reclamaban la completa transformación de la Mezquita en Catedral cristiana, tal como por ejemplo había pasado en la Catedral de Sevilla, donde la fábrica gótica había sustituido totalmente a la musulmana, a excepción del Patio de los Naranjos y el alminar, convertido en campanario (la Giralda). En 1523 el emperador Carlos I aprobó el proyecto del Cabildo, quien encargó las obras a Hernán Ruiz el Viejo, quien ya tenía experiencia en la Catedral de Sevilla. 

Hernan ruiz supo resolver el aceso con una sabiduría fundamentada en un profundo conocimiento de la arquitectura tardogótica y la frágil estructura continua de la mezquita. Así, tanto la elección del emplazamiento como las soluciones constructivas empleadas, se hicieron buscando el aprovechamiento e integración de los elementos existentes, tal como en la primera intervención gótica. 

Planta de Cubiertas de la Mezquita-Catedral en la actualidad

De esta forma la pared de la quibla construida por Abderrahmán I, que había sido perforada en la ampliación de Abderrahmán II y continuada por Almanzor, fue considerada como uno de los elementos más sólidos del edificio y empleada como base de una serie de contrafuertes. El sistema simétrico resultante absorbió dos de las columnas, lo que garantizó el respeto a la estructura existente, que envuelve a la Catedral. 

 Alzado desde el patio de los naranjos

 Sección transversal por la ampliación de Alhaquén II.

 Sección transversal de la Catedral Renacentista. A la izquierda las naves de la Ampliación de Abderramán II; a la derecha las de la ampliación de Almanzor. 

sección longitudinal de la Mezquita-Catedral por el eje del Mihrab. A la izquierda de la catedral, las naves de Abderramán I; a la derecha la capilla de Villaviciosa y la ampliación de Alhaquén II.

El acceso se realizó con el apoyo del muro oriental, perforado en la ampliación de Almanzor y la carga horizontal fue absorbida por un sistema de contrafuertes colocados sobre la malla de columnas, que sirvieron para definir las capillas laterales. 

Nave central de la Catedral Renacentista. 

Bóveda del crucero de la Catedral Renacentista.

El acceso a la Catedral se realiza desde el eje definido por el mirhab de la ampliación de Al-Hakem II, que ahora queda interrumpido por las dos iglesias cristianas, rompiendo definitivamente el carácter sagrado para el Islam. 

Acceso a la catedral desde el eje del mihrab. En segundo plano, la Capilla de Villaviciosa; al fondo el Mihrab.

A pesar de las críticas vertidas, que consideran esta intervención como algo ajeno que rompe el conjunto islámico, lo cierto es que la inserción de la Catedral fue realizada con suma precisión y muestra la maestría del arquitecto a la hora de enlazar ambas partes aparentemente opuestas. 

Nave lateral de la Catedral Renacentista. Las bóvedas de crucería tardogóticas apoyan sobre las arcadas omeyas. 

Crucero de la Catedral Renacentista. A la derecha, arcadas omeyas sosteniendo uno de los muros contrafuerte.

Curiosamente, a pesar de que la Catedral anule la malla espacial y los elementos diferenciadores de las sucesivas mezquitas, la propia construcción de Hernán Ruiz favorece la comprensión unitaria del edificio islámico, que ahora envuelve por igual la Catedral.

Fotografía aérea de la Mezquita-Catedral donde se aprecia cómo el edificio omeya envuelve por igual a la intervención de Hernán Ruiz.


Lectura impartida en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Notre Dame en South Bend, Indiana (EEUU), el 21 de Enero de 2011.

Autor: Pablo Álvarez Funes

Cathedral-Mosque of Cordoba for architects (VII): Renaissance Cathedral.

Gothic Cathedral (pale blue) and Renaissance Cathedral (dark blue) over Almanzor Mosque.

After the fall of Granada in 1492 and complete Christianization of the ancient Nasrid capital, many voices in Córdoba called for the complete transformation of the Mosque into Christian Cathedral, as it had happened in Seville Cathedral, where Gothic fabric replaced Muslim building excepting Patio de los Naranjos and minaret, which was transformed into bell tower (Giralda). In 1523 Emperor Charles I approved a project from the City Council. They commissioned the works to Hernán Ruiz the Elder, who already had experience in the Cathedral of Seville.

Hernan Ruiz was able to solve all problems basing on a thorough knowledge of late Gothic architecture and the fragile continuous mosque structure. Thus, both site selection and construction methods employed searched for the use and integration of existing elements, as in the first Gothic intervention. 

Current Vault plan

In this way qibla wall built by Abderrahman I, who had been drilled in Abderrahman II enlargement and continued by Almanzor, was considered one of the strongest elements in the building and used as basis for new buttresses. Resulting symmetric system absorbed two bays, which guaranteed respect for existing structure which surrounds the cathedral. 

 Elevation from Patio de los naranjos

 Transverse Section from Alhaquén II enlargement.

 Transverse Section of Renaissance Cathedral

Longitudinal Section from Mihrab Axis.

Access was done using eastern wall, which had been drilled in Almanzor enlargement. Horizontal load was absorbed by buttresses placed over the columns, which served to define the side chapels. 

Central Nave of Renaissance Cathedral. 

Transept vault in Renaissance Cathedral.

Cathedral access was made from the axis defined by Al-Hakem II mirhab, which is now is interrupted by both two Christian churches, finally breaking its Islamic sacred character. 

Access to Cathedral from Mihrab axis.

Despite criticism, which considered this intervention as something alien breakings the Islamic isotropic space, the fact is that the cathedral was inserted with great precision and shows the architect ability link two seemingly opposing spaces.

Lateral Nave in Renaissance Cathedral. New Gothic Vaults are supporteb by Ummayad arcades.

Transept.

Despite the Cathedral annuls Islamic spatial grid and successive mosques differentiating elements, the very construction of Hernán Ruiz allows an unitary understanding of Islamic building, which now equally involves the Cathedral.

Aerial view of the Mosque Cathedral.



Lecture taught at Notre Dame School of Architecture in South Bend, Indiana (USA), January 26, 2011.

Author: Pablo Álvarez Funes