Mostrando entradas con la etiqueta Robert Adam. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Robert Adam. Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de noviembre de 2013

Un Ferrari frente a una casa Georgiana


Michael Taylor (Arquitecto moderno): "La gente se beneficia de coches, aviones y otras tecnologías modernas, así que considerar la apariencia y las fachadas de su arquitectura como un elemento independiente que cite la historia de forma tan clara y literal parece inconsistente. Pienso que la gente está contra contra eso"

Robert Adam (Arquitecto tradicionalista): "Pienso que sólo los arquitectos están contra eso. La mayoría de la gente no tiene problemas con un Ferrari aparcado frente a una casa Georgiana"

viernes, 27 de mayo de 2011

INTBAU-TAG: Declaración de Queen Square



Traducción al español: Maria Sánchez & Andrea Trietsch 

50 arquitectos, diseñadores urbanos y otros profesionales asistieron a una conferencia especial en el mes de febrero en el Gremio de Trabajadores de Arte en Queen Square en Londres como invitados y miembros de la Red Internacional para la Arquitectura, Construcción y Urbanismo Tradicional (INTBAU) y el Grupo de Arquitectura Tradicional (TAG), una la sociedad vinculada a RIBA (Instituto Real de Arquitectos Británicos), para discutir el futuro de la arquitectura y el diseño urbano. 

Después de las presentaciones de los miembros de INTBAU y otros profesionales procedentes de 12 países diferentes, el grupo discutió los temas, problemas y oportunidades que enfrentan hoy día los arquitectos y urbanistas. La reunión concluyó con la redacción de seis principios progresivos, finalizados en marzo, que deberían ser adoptados por todos los arquitectos y diseñadores urbanos para mantener una diversidad creativa, servir a las comunidades y mejorar la calidad de vida. 

1. La arquitectura y el diseño urbano sirven al público. Los puntos de vista de los ciudadanos deben ser respetados y la opinión de los expertos debería ser moderada por principios democráticos. La diversidad en el diseño de arquitectura y urbanismo deberían ser alentados y puestos al alcance libremente para que la elección del publico sea educada. 

2. La arquitectura y el diseño urbano son disciplinas liberales. En una disciplina liberal, las diferentes ideologías y principios van a coexistir y serán practicadas y debatidas, sin obstrucción ni restricción. Aunque los partidarios de diferentes ideologías y principios apoyarán sus puntos de vista con pasión y vigor, el progreso dependerá siempre del respeto mutuo y la libertad de práctica y expresión. 

3. La educación del diseño arquitectónico y urbano capacita a los profesionales que servirán al público. La educación debe ser siempre una disciplina liberal. Los estudiantes deberían recibir un panorama total de la historia, del conocimiento y práctica en toda construcción, y de las tipologías y principios de diseño arquitectónico y urbano. La educación en el diseño de arquitectura y urbanismo deben proporcionar un apoyo positivo en la búsqueda de las diferentes filosofías de diseño sin obstáculos ni limitaciones. 

4. La identidad es fundamental para la sociedad humana. La identidad del lugar es un componente clave en la constitución de la identidad individual y colectiva. La uniformidad global está amenazando la identidad local peculiar de los lugares. La arquitectura y el diseño urbano deberían apoyar y promover la identidad de lugar para las comunidades locales. Los nuevos edificios y lugares deberían ser entendidos por las comunidades como una contribución a su entendimiento de la identidad de su lugar. 

5. El uso eficiente de la energía, materias primas y el agua son grandes retos para el futuro de la humanidad. Todas las vías de investigación y comprensión deberían ser investigadas para este fin. Estas incluirán estudios científicos, económicos y sociales. La comprensión de las técnicas, prácticas y patrones de vida de períodos previos a que la energía fuera de fácil disponibilidad pueden hacer una contribución significativa a la promoción de la conservación de la energía hoy en día. 

6. El crecimiento de la población, el cambio de estilos de vida y un aumento del consumo de energía han creado enormes presiones para los pueblos y ciudades. La vida urbana conlleva salud, condiciones de vida, empleo, movimiento, interacción social y recreación, así como el diseño de edificios y lugares. La arquitectura y el diseño urbano deberían tener en cuenta todos los aspectos de la vida urbana para crear lugares duraderos que puedan ser disfrutados por todos los sectores de la sociedad ahora y en el futuro. 


Alireza Sagharchi, Presidente de TAG, comenta: "La creciente globalización y complejidad en la práctica de la arquitectura y el urbanismo en diversos contextos exigen un método que no es restrictivo. Hay una necesidad de un Nuevo enfoque respecto al lugar de la tradición, la inclusividad y los procesos participativos en el diseño de los edificios y la planificación de las comunidades. La conferencia internacional conjunta de la TAG y el INTBAU ha tomado la iniciativa, identificado las cuestiones clave para los arquitectos y diseñadores urbanos y elaborado una declaración de posicionamiento para responder a estos desafíos importantes ". 

Robert Adam, Presidente de INTBAU, añade: "La arquitectura progresiva y el diseño urbano deben ser democráticos, reforzar la identidad de la comunidad y proveer un mejor entorno. Aunque el futuro es desconocido, estos principios son inmutables. No puede haber limitaciones partidistas o ideológicas para alcanzar estos objetivos. La Declaración de Queen Square ofrece una armazón que puede ser aceptada por todos los profesionales y educadores para la práctica libre, diversa y sensible. Estos seis principios deberían ser un derecho fundamental para todos aquellos a quienes se ofrece, se enseña, o que compiten por la arquitectura y el diseño urbano ". 

domingo, 18 de julio de 2010

Una encuesta significativa

En octubre de 2009 se publicaron los resultados de una encuesta realizada por la empresa YouGov y encargada por Robert Adam. YouGov pidió a 1042 británicos de todas las edades que eligieran entre cuatro edificios bajo la siguiente pregunta:

Por favor imagine que se planea construir un edificio cerca de su lugar de residencia. Se proponen cuatro proyectos. Por favor observe los proyectos de abajo. ¿Cuál preferiría que se construyera cerca de donde vive?

Las ilustraciones muestran cuatro edificios de nueva planta de similar volumetría y orientación. Dos de ellos muestran proyectos modernos y los otros dos siguen una línea tradicional. El 12% de los encuestados rehusó elegir, pero de quienes lo hicieron, un 77% eligió los edificios 2 y 3 y sólo un 23% prefirió los edificios 1 y 4. Apenas hubo diferencias por grupos de edad, ingresos o región.

Los resultados fueron publicados unos días antes de la concesión del premio Stirling a Lord Richard Rogers, un adalid de la arquitectura rabiosamente contemporánea que ya protagonizó una polémica cuando usó sus contactos en el gobierno para paralizar el proyecto de ampliación del Hospital de Chelsea del arquitecto clasicista Quinlan Terry.

Las reacciones de la élite arquitectónica no se dejaron esperar. La presidenta del Real Instituto de Arquitectos Británicos (RIBA), Ruth Reed, dijo que los edificios tradicionales “son frecuentemente más caros y suelen emplear materiales insostenibles”. Sus declaraciones fueron seguidas por una serie de comentarios online que iban desde “una encuesta pública no implica que los arquitectos deban seguir las demandas del público” a “sería estúpido construir edificios que no hablan de nuestro tiempo”. Lord Rogers, tras recibir el premio lamentó que “muchos británicos son más felices viviendo el ayer que viviendo ayer que viviendo hoy”.

Unos meses antes (mayo de 2009), coincidiendo con la polémica por la reforma de Chelsea Barracks, Su Alteza el Príncipe de Gales dio una conferencia en el RIBA que reavivó el debate entre clásicos y modernos. Entre otras cosas, el Príncipe dijo que “muchas personas ‘ahí fuera’ que no son arquitectos, planificadores, promotores o ingenieros de carreteras piensan sobre estos asuntos de forma diferente a la élite profesional. Cuando les das una visión alternativa basada en las cualidades de una tradición viva… la gente tiende a votar con sus pies. Pero el problema es que nueve de cada diez veces se les niega una alternativa y son forzados a formar parte de un experimento viviente”.

Robert Adam, comentó acerca de los resultados y sus reacciones: “No sé en qué planeta vive Ruth Reed si piensa que el vidrio, acero y hormigón preferidos por los arquitectos modernos, son más sostenibles o baratos que materiales naturales como el ladrillo, piedra o estuco usados por los tradicionalistas, pero esta reacción por parte de la élite arquitectónica era de esperar. Apenas hay arquitectos tradicionalistas hoy ya que sido garantía de suspenso en las escuelas de arquitectura desde hace cincuenta años. Ser tradicionalista no es vivir en el pasado; es asegurarse de que presente y pasado están conectados. Los arquitectos no están interesados en diseñar para el público y sólo se preocupan por lo que piensen sus seguidores arquitectos; recordemos que son los arquitectos quienes deciden los premios de arquitectura. La encuesta revela lo lejos que están las ideas de los arquitectos de la sociedad a la que se supone que sirven”.
“Los arquitectos se han visto forzados a aceptar que la mayoría del público prefiere viviendas de diseño tradicional porque se ha demostrado una y otra vez en las encuestas. Pero nadie había preguntado por edificios no residenciales. Ahora sabemos que la sociedad prefiere oficinas y edificios públicos proyectados según criterios tradicionales. No creo que esto cambie la metodología proyectual de la mayoría de los arquitectos, pero al menos sabrán que saben lo que hacen ante el rechazo público. Con encuestas de este tipo, los tradicionalistas sabrán que no están solos. Los arquitectos deberían proyectar para la sociedad que debe convivir con sus edificios, así que esperemos que tomen nota. Ser tradicional no impide ser original y moderno”.

Esta encuesta revela que la sociedad sigue prefiriendo la arquitectura clásica y tradicional antes que la moderna. Es significativa la reacción de la presidenta del RIBA, quien identifica a priori la arquitectura tradicional con insostenible, tal vez pensando románticamente en la explotación de canteras y bosques. Sin embargo, la producción de materiales modernos como el acero y el hormigón sigue los patrones desarrollistas de la revolución industrial y basta comprar el entorno de una cantera y el de una hormigonera para comprobar cuál de las dos es más insostenible, por no hablar del gasto energético y la inercia térmica de edificios tradicionales y modernos. La arquitectura moderna nos dio espacios diáfanos y luminosos, pero sus estructuras tienen problemas de dilatación y los edificios con grandes muros-cortina de vidrio requieren un alto consumo energético en forma de instalaciones de climatización. (Véase Diseñando un futuro sostenible, de Quinlan Terry – traducido aquí).

Además este tipo de encuestas públicas supone un baño en la realidad de arquitectos y escuelas de arquitectura que viven en un limbo a caballo entre la burbuja inmobiliaria y el efecto Guggenheim, a la vez que muestra a la sociedad la posibilidad de la alternativa arquitectónica anhelada por el Príncipe de Gales. Cabría preguntarse qué resultados mostraría esa encuesta si se realizase en España; no sería descabellado pensar que serían muy similares a los de Reino Unido.

domingo, 6 de junio de 2010

Tres falacias sobre el clasicismo

Publicado originalmente en: The Architects Journal, 7 de Mayo de 2010
Traducción: Pablo Álvarez Funes

Se han portado muy mal con el clasicismo, argumenta Robert Adam. Aunque su longevidad demuestra que el público sigue demandando edificios clásicos, suelen usarse tres falacias sobre estilo, relevancia y autenticidad con las que se pretende justificar la hostilidad que recibe desde el ámbito profesional.


Ya sea en Europa, América, las Antípodas o incluso la India, no podemos escapar de la Arquitectura Clásica. Nos acompaña desde hace más de dos mil años y ha tenido una presencia ininterrumpida en Europa durante 500 años. Las formas clásicas están tan profundamente alojadas en nuestro subconsciente que cada vez que un arquitecto proyecta un edificio con una hilera de columnas, redondas o cuadradas, y coloca vigas sobre ellas, nos parece que posee cualidades clásicas. Algunos arquitectos contemporáneos, como Eric Parry, afirman que esta comparación es deliberada, mientras que otros, como David Chipperfield, afirman que no lo es. Pueden atribuirse cualidades clásicas incluso hasta a sus arquitectos más antagonistas: Venturi afirma que Mies van der Rohe era un clasicista, y el historiador de la arquitectura Collin Rowe hizo la famosa comparativa entre las villas de Palladio y Le Corbusier.

Precisamente por eso, los últimos sesenta años formación arquitectónica anti-tradicional han creado profesionales ignorantes de la historia y el vocabulario de la arquitectura clásica. Aunque no sepan mucho sobre ellos, pocos arquitectos condenarían los edificios del pasado. Para dar a sus edificios una especie de pedigrí clásico, algunos arquitectos dicen haber usado proporciones clásicas (a menudo de dudosa procedencia) o haber encontrado inspiración en las cualidades abstractas de un edificio clásico. Sin embargo, hay poca simpatía cuando se trata de proyectos literalmente clásicos, y frecuentemente son descalificados como “pastiches” o “fuera de nuestro tiempo”.

Como justificación de esta hostilidad, y azuzados por la ignorancia, los arquitectos suelen argüir tres falacias sobre la arquitectura clásica. La primera es que el clasicismo es simplemente un estilo. A la vez que hay un ancestro común en las antiguas Grecia y Roma, las diferencias entre el renacimiento, barroco, rococó y el clasicismo nórdico de principios del siglo XX (sólo por mencionar los más obvios) son profundas y muy visibles. Las tipologías han cambiado de templos a iglesias, cabañas a palacios y talleres a aeropuertos. Siguiendo con esta falacia de estilo unitario está la idea de que el clasicismo representa inevitablemente algún tipo de desagradable régimen político que se corresponde con un determinado periodo histórico. Pero es tal la variedad, flexibilidad y ubicuidad tipológica del clasicismo que se ha utilizado para expresar la democracia en EE. UU., la autocracia en la Alemania Nazi, el orgullo cívico del siglo XIX, el Paganismo en la Antigüedad, el Cristianismo a partir del Renacimiento, y mucho más.

La segunda falacia es que, debido a su antigüedad y orígenes en antiguas técnicas constructivas, el clasicismo simplemente no pertenece a nuestro tiempo. Pero esto sólo puede defenderse si tenemos alguna teoría determinista acerca de lo que debe ser la modernidad. La Arquitectura Clásica es parte del mundo moderno. Sigue siendo ampliamente demandada y suministrada (tanto bien como mal) alrededor del mundo. Nunca ha estado limitada a una técnica constructiva: los antiguos griegos imitaron las construcciones de madera; los romanos no sólo añadieron el arco, además hicieron estructuras de ladrillo que parecían de mármol; las cúpulas renacentistas introdujeron elementos de tensión y la revolución industrial el hierro fundido; los primeros rascacielos eran clásicos; y los muros de vidrio se remontan al siglo XIV. Ahora, para sorpresa de muchos, las construcciones tradicionales de diseño clásico han resultado ser las más sostenibles.

La idea de obsolescencia suele incluir una comparación con lenguas muertas, usualmente el latín. Sin embargo, como cualquier lingüista podría afirmar, una lengua sólo está muerta si nadie la usa.

Puede que la mayoría de los arquitectos lo hayan abandonado, pero en el resto del mundo el lenguaje clásico sigue vivo y en perfectas condiciones. El abrumador deseo de viviendas clásicas y tradicionales se ha establecido más allá de toda duda y la venta de molduras de piedra artificial, molduras de yeso y detalles de plástico (independientemente de su calidad) continúa a buen ritmo. Estas cosas significan algo para quienes las demandan. Sería necesario un estudio para saber lo que significan, pero podemos estar bastante seguros que no es una asociación con la tribu griega de los Dorios o el sacrificio de animales. En todas las lenguas los significados cambian, pero esto no implica que el lenguaje haya muerto. De hecho esta cualidad es la que precisamente da a las lenguas su riqueza y complejidad.

La tercera falacia es que ya no es posible construir edificios propiamente clásicos debido a la falta de cualificación o el coste de la mano de obra. En primer lugar, la mano de obra cualificada está disponible y la tecnología facilita lo que una vez requirió un laborioso esfuerzo intensivo. Un edificio clásico no necesita ser más costoso que cualquier otro. En segundo lugar, y más significativo, la falta de práctica proyectual ha llevado a la idea de que el clasicismo consiste sólo en aplicaciones decorativas, y cuantas más mejor. De hecho, en el clasicismo dice más lo que se omite que lo que se muestra. Debido a su completa familiaridad, cuando se suprime la decoración siempre queda la impresión de podría volver a colocarse. Esto otorga al clasicismo gran flexibilidad, pero puede llevar a la gente que determinados edificios, como la Carré d’Art de Foster & Asociados, son clásicos cuando no lo son.

Esta ambigüedad es una prueba de la persistencia subyacente del ideal clásico, que debería ser explotado en lugar de ignorado. La élite arquitectónica a menudo desdeña a los escasos profesionales clasicistas o los encasilla tranquilamente en la categoría “reproducción”. Por su parte, muchos clasicistas ven la modernidad como el enemigo. Ninguna de las dos actitudes son saludables. Es común el deseo público de beneficiarse de las virtudes de la modernidad y la tradición. Un profesional liberal debería aceptar e incluso combinar la energía de la innovación y la sabiduría del clasicismo. El potencial creativo es enorme.

El arquitecto clásico Robert Adam es director de Adam Architecture.

martes, 18 de mayo de 2010

Progreso no siempre implica modernidad

Publicado originalmente en: RIBAjournal.com
Traducción: Pablo Álvarez Funes

La arquitectura tradicional es la favorita del gran público, dice Robert Adam, sin embargo los profesionales dedicados a la misma son en el mejor de los casos ignorados por la élite arquitectónica y en el peor, objeto de burla. Aboga por el estudio del diseño clásico e insta a alejarse de un mundo dividido entre los nuevos localismos y el sometimiento a la moda.


La arquitectura tradicional muestra explícitamente sus orígenes y su ascendencia desde un pasado arquitectónico a veces remoto. Esto la distingue de la actual corriente arquitectónica, donde el imaginario histórico está restringido al Movimiento Moderno de principios del siglo XX y la originalidad y la invención son bien recibidas. Los arquitectos que se posicionan en la tradición apenas llegan al 2% en Reino Unido, raramente se publican sus trabajos en medios profesionales o son citados por ellos y raramente ganan concursos.

A pesar de su tendencia al individualismo, los arquitectos comparten algo más que sus diferencias. Todos han de enfrentarse a clientes y presupuestos, programas y normativas, y los edificios deben tenerse en pie y proteger de las inclemencias del tiempo. Mientras que las formas radicalmente extraordinarias, los costes extravagantes y las composiciones poco prácticas son la moda, la mayor parte de los edificios de todos los estilos responden a diseños simples y sencillos. Algunos arquitectos elitistas creen que los edificios tradicionales son caros, poco prácticos y difíciles de ejecutar, pero en realidad no hay diferencia de presupuestos, funcionalidad y facilidad de construcción durante el proceso de diseño. Además, para la sorpresa de muchos, la construcción tradicional ha resultado ser especialmente sostenible. Para un observador actual las diferencias entre la corriente arquitectónica principal y el diseño tradicional parecen estar sólo en la expresión externa de la forma del edificio y el uso de los materiales. De hecho, algunos promotores ven las fachadas como algo estilísticamente intercambiable, para consternación de muchos arquitectos.

A pesar de importantes puntos en común, la élite arquitectónica desaprueba o ignora discretamente al pequeño número de tradicionalistas que hay entre ellos. Esto va mucho más allá de la mera aversión o preferencia estilística. Las posibilidades de pasar por una escuela de arquitectura que incluya proyectos tradicionales en su programa docente son cercanas a cero y muchos estudiantes, ambiciosos pero intelectualmente vulnerables, caen en la línea oficial. Los ataques, tanto públicos como entre bastidores, realizados hacia los arquitectos tradicionales más relevantes han sido característicos de algunos acontecimientos recientes de cierta relevancia, pero son sólo la punta de un gran iceberg que se dirige al CABE (Commission for Architecture and the Built Environment – Comisión para la Arquitectura y el Entorno Construido), las plantillas de arquitectos municipales, los jurados de concursos e incluso las profesionalmente elaboradas políticas de planificación urbana. La condena del diseño tradicional tiene incluso su propio vocabulario especializado: “pastiche”, retrógrado”, “fuera de nuestro tiempo” y similares. Cuando puede encontrarse algún apoyo éste oscila entre una tolerancia en aras de la variedad y una aceptación condicional a que los proyectos planteados permanezcan seguros en el mundote los facsímiles académicos.

Público perplejo.
Los tradicionalistas se han acostumbrado a esta exclusión y les desconcierta su exclusión profesional, pero el gran público encuentra esto inquietante en una profesión al parecer liberal. A pesar de la creencia a principios del siglo XX de que el público se acostumbraría al Movimiento Moderno (la original y subyacente filosofía de la actual élite arquitectónica), este no ha sido el caso. Encuesta tras encuesta, incluyendo dos de CABE (la última suprimida), indican que a lo largo del tiempo alrededor del 85% del público prefiere con notable persistencia las soluciones tradicionales. Como las viviendas son productos para la venta en un mercado abierto, esto tiene una influencia directa en los resultados construidos. Sin embargo, en edificios públicos y comerciales el principio comercial que rige es el alquiler del espacio, y el mercado no es el público sino comisiones, promotores, agentes e inquilinos, muchos de los cuales se han suscrito al nexo teórico entre progreso y diseño vanguardista. En consecuencia, no hay antecedentes en las encuestas públicas y esto ha llevado a la creencia entre los arquitectos que los gustos del público en cuanto a vivienda y edificios públicos son diferentes. Una encuesta encargada a mi estudio este año por YouGov (compañía encuestadora de Reino Unido), aunque limitada en su difusión, indica la posición más habitual: la preferencia del público por el diseño tradicional permanece constante en todos los tipos edificatorios, incluso produciendo el mismo resultado de 85%.

Desfase lógico.
Esta relación entre la arquitectura tradicional y la élite arquitectónica plantea dos preguntas: ¿Cómo puede haber una relación inversamente proporcional entre las preferencias del público y los profesionales? Si la arquitectura es un reflejo, más que un generador, de tendencias en un amplio contexto social, político y económico, ¿cómo se relaciona su actual situación con el resto del mundo?

Como parte de la cultura de las Bellas Artes, la mayoría de los arquitectos suscriben una visión dominante que data del Movimiento Romántico decimonónico según el cual el arte sólo necesita justificación mediante la autoexpresión del artista. A finales del siglo XIX esto se convirtió en el movimiento de las vanguardias, donde el artista era libre para inventar libre de restricciones impuestas por una sociedad que con el tiempo llegaría a reconocer su genialidad artística. Así se libero al artista (o arquitecto) de cualquier necesidad de satisfacer los gustos o preferencias del público. De hecho, ser denostado por la opinión pública se convirtió desde entonces en un símbolo de honor, una prueba positiva de que el artista es genuinamente vanguardista.

La teoría de la vanguardia está enraizada con la creencia Ilustrada en la inevitabilidad del progreso impulsado por el cambio. Una teoría histórica formada en un periodo de crecimiento acelerado ha llevado a la convicción de que lo importante de un periodo histórico es lo que lo diferencia de los demás (sin importar que siempre son mayores las similitudes que las diferencias). A partir de aquí sólo hay un paso para afirmar que las características definitorias de nuestro tiempo se encuentran sólo en aquellas cosas que son únicas y que para ser consecuentes con nuestro propio tiempo debemos fomentar esa singularidad y diferencia. Cualquiera que haga lo contrario será juzgado no sólo por tener mal gusto, sino por traicionar el proceso mismo de la Historia. A pesar del hecho de que todo le mundo inevitablemente participa en la composición del mundo moderno, la creencia que los tradicionalistas pertenecen a otra época allana el camino para un reclamo exclusivo de los conceptos de modernidad y contemporaneidad. Esto permite a la élite artística y arquitectónica reunir en torno a ellos el política y comercialmente potente símbolo del progreso.

Estas teorías anidan en el corazón de la actual élite arquitectónica. Con ellas se permite a los arquitectos trabajar fuera de la aprobación pública y continuar haciéndolo en base a que el tiempo les dará la razón. Y expulsando a una pequeña minoría no amenazante como traidores al futuro pueden elevarse a la categoría de oposición seria, unirse contra ellos y señalarlos para el oprobio, la condena o incluso la supresión.

El reclamado vínculo entre la élite arquitectónica y progreso, combinado con su asociación histórica con las democracias occidentales, se ha convertido en el símbolo de la nueva liberalización global del capital. Los instrumentos de la globalización comercial – consumismo, corporaciones globales, viajes internacionales y hoteles internacionales- tienen sus equivalentes arquitectónicos en los centros comerciales, edificios de oficinas, aeropuertos y hoteles proyectados por una nueva generación de firmas arquitectónicas a nivel mundial y arquitectos mediáticos.

Dimensión global.
Sin embargo, la globalización va más allá y es más compleja que la liberalización de los mercados capitalistas. Es el fenómeno social, político y económico más significativo de nuestro tiempo e implica la comunicación electrónica, moda, viajes, migraciones, impacto ambiental, conductas bélicas y terrorismo. Las consecuencias pueden ser inesperadas. Ante la pérdida de autonomía nacional y el control del comercio y las comunicaciones por parte de los grandes estados nacionales, ha habido un aumento de la autonomía e identidad regional y local. Esta reafirmación de la identidad política y cultural es la otra cara de la homogeneización global. En el mundo desarrollado, más allá de los grandes proyectos urbanos, predominan versiones estilísticamente posmodernas de la arquitectura tradicional. Al igual que ocurre con la especulación con la vivienda tradicional, esto nunca se revela en publicaciones profesionales. La única forma en que el nuevo localismo incide en la élite arquitectónica es mediante las nuevas e influyentes teorías del urbanismo tradicional (conocido en Estados Unidos como Nuevo Urbanismo) que tiene una relación directa, a veces incómoda, con la arquitectura tradicional.

Mientras los clientes políticos y comerciales aceptan las premisas de que la élite arquitectónica representa la modernidad y el progreso que tan entusiastamente promueven, ésta continuará dominando. Es evidente sin embargo que en todo el mundo existe una significativa demanda pública escasamente representada, e incluso negada, por la mayoría de los arquitectos. Muchos arquitectos tradicionales se contentan con hacer una buena práctica profesional ajena a este debate pero esta tajante división de intereses no puede ser buena para la arquitectura y fracasa en su servicio público. Si esta élite creara para los tradicionalistas un espacio moral e intelectualmente más acogedor y éstos lo secundaran, ¿quién sabe lo que cada uno aprendería del otro?

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Edificios: Biblioteca en Bordon, Hampshire

Robert Adam: Biblioteca en Bordon, Hampshire, Reino Unido (1986)


Robert Adam proyectó esta biblioteca pública en el centro urbano de Bordon, una ciudad en rápida expansión en la década de 1980. La planta y el diseño general se inspiran en las antiguas basílicas romanas, antecesoras de las primeras iglesias cristianas.

Una biblioteca inspirada en esta tipología permite una disposición más eficiente. La planta de la sala de lectura está compuesta por tres naves, separadas por pilares de fábrica con arcos rebajados, iluminadas de forma natural a través de huecos practicados en la nave central, más elevada. Una disposición tan sencilla permite recurrir a sistemas constructivos tradicionales: muros de carga de ladrillo y cubiertas de madera y teja cerámica.


La analogía con modelos del Bajo Imperio y Alta Edad Media se hace patente elos diferentes aparejos decorativos de la fachada y los capiteles de terracota, con forma de hojas de helecho, del pórtico de entrada. El aspecto general recuerda a obras tardorromanas y bizantinas, como podría ser el Mausoleo de Gala Placidia en Rávena (425-430 d. C.).


domingo, 8 de marzo de 2009

Edificios: Pabellón y piscina cubierta en Langton House, Hampshire, Reino Unido.

Este pabellón de nueva planta se sitúa al fondo de una propiedad calificada con el Grado II de la ley de Patrimonio de Reino Unido y continúa la larga tradición de arquitectura para jardines. Está dentro de un jardín amurallado y ocupa el lugar de una antigua orangerie del siglo XVIII que fue demolida en la década de 1930 y de la que no queda ningún resto.
El nuevo diseño parte del Orden Dórico Palladiano, adaptado y simplificado para su uso en ladrillo. También hace referencia a la obra del arquitecto renacentista Michele Sanmicheli en la aplicación tan robusta del orden, particularmente en los simplificados triglifos. Además también enlaza con los trabajos de Nicholas Hawskmoor en la Orangerie del Palacio de Kengsington.
Orangerie del palacio de Kengsington
El proyecto en su conjunto se asemeja a una gigantesca “obra maestra”, con la que los aprendices demostraban su habilidad y disposición para ascender a maestros. Es además un inusual ejemplo de aparejo en ladrillo de alta calidad empleando materiales y técnicas tradicionales.
Su extraordinaria calidad ha sido reconocida con varios premios de arquitectura. El más reciente ha sido el concedido por el Georgian Group en la categoría de “edificio de nueva planta siguiendo la tradición arquitectónica”. También ha recibido el premio RIBA Ibstock Dowland en 2006. El pabellón, cuya dirección de obras llevó el Sr. RJ Smith de Whitchuch, fue descrita por el jurado como “una deliciosa inspiración clásica, una gigantesca “obra maestra” en un entorno de Grado II que demuestra un buen criterio en el detalle y una excepcional ejecución”.