lunes, 2 de abril de 2012

La basílica teresiana de Alba de Tormes. Análisis estructural (III)


Descripción del proyecto. 

En una memoria publicada en 1900 (1), el arquitecto describe pormenorizadamente el proyecto y es un documento indispensable para entender el compromiso estructural que el arquitecto mantiene con el gótico en esta basílica. 

El documento se estructura en dos partes: una memoria descriptiva y una serie de planos. A su vez, la memoria descriptiva se estructura en una introducción, seis capítulos (2) y una conclusión. De la primera parte los capítulos más interesantes para nuestro estudio son el de la descripción del proyecto, su construcción y su memoria. La parte gráfica además contiene un interesante estudio sobre la estabilidad de un tramo de la basílica siguiendo trazados geométricos. 

Como vimos en la introducción histórica, el nuevo edificio se plantea como ampliación del templo existente en el Convento de la Encarnación; al ser una orden de clausura, el arquitecto organiza los espacios de veneración de las reliquias de forma que las monjas, sus custodios, puedan acceder a ellos sin abandonar el espacio de clausura. El solar se ubica en los límites históricos de Alba de Tormes, en un punto de topografía en pendiente que une la trama urbana con el río, por lo que éste fue el primer escollo que debió salvar el arquitecto, quien decide nivelar el terreno seis metros para facilitar el acceso desde el pueblo. 

El arquitecto proyectó en planta una basílica de tres naves con capillas laterales, girola que rodea la nave central y una capilla absidal en forma de octógono para la exposición de las reliquias. El crucero estaría rematado por una aguja, que se vería complementada por otras de menor tamaño situadas sobre torres repartidas por todo el perímetro del edificio. A lo largo de esta parte de la memoria el arquitecto se muestra plenamente consciente del comportamiento estructural del edificio y, al igual que el gótico medieval, las decisiones estéticas derivan de necesidades estructurales. 

La nave principal está dividida en siete tramos, el primero y el segundo de los cuales responden al modelo tradicional castellano de nártex con sotacoro. La altura de esta nave y la del crucero es mayor que la de las naves laterales; las capillas adosadas a lo largo de las mismas tienen menor altura aún. El arquitecto justifica esta gradación de alturas para poder colocar una galería o triforio sobre las naves laterales de forma que faciliten los recorridos procesionales y de peregrinaje. El presbiterio ocupa otros tres tramos y la girola siguen el mismo sistema. El autor justifica la presencia de las torres del crucero y de la fachada principal de acuerdo a criterios funcionales como facilitar los accesos al triforio (crucero) y coro y campanarios (fachada principal) (3). 

Antes de finalizar esta parte de la memoria, el autor da un par de datos significativos sobre la morfología estructural de la basílica que nos serán de utilidad a la hora de analizar la estructura de acuerdo a los avances más recientes: “arco apuntado al tercio”, “división de los pilares en tantas columnillas como nervios de bóvedas sustenta cada uno” y ventanales “generados a partir de la unión de los huecos del triforio, constituyendo ambos un solo y amplio vano” (4). 

La siguiente parte de la memoria es la dedicada a la descripción de sus materiales y elementos constructivos (5). Desde un primer momento, el arquitecto rechaza el empleo del hierro y el acero por considerarlos modernos y poco adecuados para la calidad de la obra que estaba proyectando. Toda la estructura sería construida en piedra arenisca de Villamayor, mientras que la cimentación y el zócalo serían construidos en granito de Alba de Tormes. El arquitecto olvida su negativa a emplear materiales modernos a la hora de realizar la cimentación, donde sí accede a emplear hormigón y mortero hidraúlico acompañando a los sillares de granito. Nuevamente volverá a emplear materiales modernos en zonas “ocultas” como la estructura de la cubierta sobre las bóvedas, construida en acero. No obstante, al final de esta parte de la memoria el arquitecto deja la puerta abierta al empleo de nuevos materiales conforme su estudio avance. Hay que tener en cuenta por un lado que los estudios sobre hormigón eran muy recientes en ese momento, la dificultad de producirlo en una España todavía industrialmente atrasada y por último el rechazo de los arquitectos de la época a mostrar esos materiales en un lugar visible, pero su total asimilación cuando no lo era. 

Sobre las bóvedas, el arquitecto da poca información sobre su proceso constructivo, dando por sentado que la mayoría de sus lectores, y de los constructores de la época, eran capaces de entender su funcionamiento y construirlas. Únicamente se detiene a explicar el procedimiento usado para reducir las plementerías en las partes de la basílica con una geometría más compleja, como son la capilla octogonal, los ábsides de los laterales del crucero y el presbiterio y las bóvedas de la girola. No obstante, esta explicación se limita a despiezar mediante nervios la geometría de estos elementos en triángulos de forma que la carga de las plementerías quede uniformemente repartida entre los nervios. 

Los empujes quedan garantizados por un sistema de arbotantes que sigue los principios generales del trazado de estas estructuras (sin que el autor entre en más detalles), si bien indica una serie de zonas que, por su propia configuración espacial (girola), no podrían acogerlos, en cuyo caso se limita a regruesar los contrafuertes. 

Por último, el capítulo de la memoria es todo un pequeño tratado de estabilidad y equilibrio en la arquitectura gótica, si bien por razones de espacio y de ligereza del texto, únicamente se publica el estudio de un tramo genérico. Este análisis estructural empieza calculando las masas que soporta cada pilar en cada encuentro (cubiertas, nervios y plementerías); tras esto determina geométricamente la estabilidad de los arcos (tomando como ejemplo uno de los nervios diagonales de la nave central) lo cual a su vez le permite establecer el espesor de las bóvedas y el peso de dovelas y clave, y a los que hay que sumar la plementería para considerar la totalidad de su resistencia. Una vez determinadas todas estas cargas horizontales y verticales las traslada a la sección transversal del tramo elegido para el análisis, de forma que sus resultantes son las que determinan la dimensiones de los elementos (pilares, contrafuertes y arbotantes) (6). Todos estos cálculos van complementados con tablas y estudios gráficos de la estabilidad y cargas del tramo analizado, de forma que se puedan hacer extrapolables al resto del edificio. 

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(1) Repullés y Vargas, E. M. Proyecto de Basílica a Santa Teresa de Jesús en Alba de Tormes. Imprenta de Calatrava. Salamanca, 1900. La fundación cultural Santa Teresa ha publicado un facsímil de este documento, con prólogo de Jose Luis Gutiérrez Robledo. También es posible su consulta electrónica a través de la Biblioteca Digital de Castilla y León

(2) 1.- Historia del edificio actual. 2.- Estudios preliminares. 3.- Descripción del nuevo templo. 4.- Construcción del edificio. 5.- Estabilidad de la construcción. Repullés y Vargas, E. M. Ibid. p. 5. 

(3) “La longitud de la fachada principal es de 25 metros y la de cada una de las laterales de 44 metros hasta la nave del crucero, teniendo los ábsides de éste 13 metros de diámetro, siguiendo luego 20 metros en la capilla mayor y 15 de la girola (…). 

El ancho de la nave principal en luces, o sea de pilar a pilar, es de 9,50 m y de 12 metros entre los ejes de pilares; las naves laterales tienen 4 metros de ancho y el fondo de las capillas es de 4,50 metros. 

Cada tramo tiene 6 metros, también entre ejes, excepto los contiguos al crucero en los cuales, con motivo del mayor diámetro de los cuatro pilares que sustentan los arcos torales y el cimborrio, y con objeto de regularizarla planta y de no alterar las luces de los arcos correspondientes a las naves laterales, se ha añadido a dicha dimensión el exceso del radio del referido pilar sobre el de los restantes. 

Desde la rasante del templo la altura exterior de las capillas es de 9,50 metros sin contar la balaustrada; la de las naves laterales de 12,57 metros y la de la principal de 28 metros. 

Las torres de la fachada principal miden 36 metros de altura; las cuatro equidistantes del cuerpo de luces del crucero 39,50 metros hasta su cornisa y 52,56 metros hasta el vértice del chapitel. La elevación del cimborrio es de 45 metros en el arranque de la flecha y de 40 metros más hasta los pies de la estatua de la Santa, cuya altura es de 6,50 metros. 

Las elevaciones interiores son las siguientes: pilares de la nave principal 18 metros; hasta las claves de las bóvedas de la misma 27 metros; pilares y claves de las naves laterales 8 metros y 11 metros respectivamente, y altura máxima de las capillas 8,50 metros. Finalmente, la bóveda que cubre el cimborrio está a 46 metros sobre el pavimento del templo.” 



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