martes 10 de noviembre de 2009

Un alma para el espacio litúrgico (VI)



PROYECTAR CON LA LUZ


Uno de los materiales esenciales para la composición arquitectónica es la energia luminosa. En el caso de las iglesias, ésta posee una carga simbólica precisa. Lo explicaba líricamente el Pontífice Romano hace algun tiempo.

"Es una irradiación de su misterio trascendente, pero que se comunica a la humanidad. En efecto, la luz está fuera de nosotros, no la podemos aferrar o detener; sin embargo, nos envuelve, ilumina y calienta. Así es Dios, lejano y cercano, inasible pero está a nuestro lado, más aún, dispuesto a estar con nosotros y en nosotros. Al revelarse su majestad, responde desde la tierra un coro de alabanza: es la respuesta cósmica, una especie de oración a la que el hombre da voz.

La tradición cristiana ha vivido esta experiencia interior no sólo dentro de la espiritualidad personal, sino también en atrevidas creaciones artísticas. Por no citar las majestuosas catedrales de la Edad Media, mencionamos sobre todo el arte del Oriente cristiano con sus admirables iconos y con las geniales arquitecturas de sus iglesias y sus monasterios.

Hagia Sophia, Interior. Constantinopla 532-537

La iglesia de Santa Sofía de Constantinopla es, a este respecto, una especie de arquetipo por lo que atañe a la delimitación del espacio de la oración cristiana, en la que la presencia y la inasibilidad de la luz permiten captar tanto la intimidad como la trascendencia de la realidad divina. Penetra en toda la comunidad orante hasta la médula de sus huesos y a la vez la invita a superarse a sí misma para sumergirse en la inefabilidad del misterio. Son también significativas las propuestas artísticas y espirituales características de los monasterios de esa tradición cristiana. En aquellos auténticos espacios sagrados – y el pensamiento va inmediatamente al monte Athos – el tiempo contiene en sí un signo de la eternidad. El misterio de Dios se manifiesta y se oculta en esos espacios a través de la oración continua de los monjes y de los ermitaños, que desde siempre han sido considerados semejantes a los ángeles"(1).

Hagia Sophia, Planta y sección longitudinal. Constantinopla 532-537

Al difundirse estas palabras del Papa, algunos arquitectos reaccionaron con irritada arrogancia, afirmando que en la historia nadie ha sido capaz de modelar el espacio con la luz de mejor manera que los proyectistas modernos. ¿Será verdad? Desde el Crystal Palace de Londres (2) hasta el proyecto de rascacielos que reemplazará las Twin Towers, ha habido una carrera sin interrupción hacia el edificio más transparente. La relación entre estas enormes superficies vidriadas y el consiguiente derroche de energia suscita más de una actitud perpleja, sin contar la indiferencia ante el contexto de estas arquitecturas. En todo caso, no es eliminando el limite entre lo interno y lo externo como se obtiene una buena iglesia.

En paz con los animosos defensores de la superioridad de la arquitectura contemporánea, es preciso admitir que los arquitectos bizantinos supieron valerse de la liturgia más adecuadamente que nadie, y con sorprendente audacia, tanto así que la primera cúpula de Santa Sofia se derrumbó y fue necesario reconstruirla con mayor atención.

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(1) Giovanni Paolo II, Audiencia del 15 de mayo de 2002, comentario a Habacuc 3,2-3.18-19.
(2) "El Crystal Palace de 1850-51, donde tuvo lugar la Gran Exposición, fue proyectado por Joseph Paxton, ingeniero/horticultor, quien efectivamente trasladó el invernadero de un contexto a otro. Este amplio cobertizo vidriado fue montado enteramente con elementos estandarizados de hierro, madera y vidrio, y se proyectó para exponer los objetos y productos de las potencias económicas concurrentes, pero se elevó por encima de estos intereses mundanos, disolviéndose en los arboles y el cielo y revelando un sentido del espacio, la transparencia y liviandad, sin precedentes". William J. Curtis, La arquitectura moderna del Novecento, Bruno Mondadori, Milano 1999, p. 36.

lunes 9 de noviembre de 2009

Baelo Claudia, la novela (XVIII)




viernes 6 de noviembre de 2009

Ara Pacis (I). El edificio de Richard Meier y el concurso de Gabrielle Tagliaventi

En 2006 Richar Meier proyectó un nuevo edificio contenedor para el Ara Pacis Augustae en Roma que venía a sustituir al anterior continente, construido en 1937 por Ballio Morpurgo. El nuevo edificio peca en exceso de vanidad y resulta evidente, de forma bastante desagradable, que pretende imponerse a su entorno exterior a la vez que restar protagonismo al interior reafirmándose en la intención de ser un relicario que destaque más que las reliquias que venerablemente custodia. Al menos entre un amplio sector de estudiantes y jóvenes arquitectos, ignorantes y desdeñosos con su pasado, esto último ha surtido efecto y acuden en masa a fotografiar el exterior, y a veces el interior, sin saber ni querer saber lo que se guarda. Y cuando se encuentran con el Altar, las reacciones oscilan ante la sorpresa por encontrar allí tan venerable pieza tantas veces ilustrada en los libros de Historia, y la molestia por ser un elemento que entorpece la realización de fotografías arquitectónicas con sus flamantes cámaras digitales.

El edificio de Vittorio Ballio Morpurgo (1938-2003)

El edificio de Richard Meier (2006)

Convertido en icono de ese concepto de progreso vinculado al efecto Guggenheim que tanto daño ha hecho a nuestros centros históricos, el Museo del Ara Pacis de Meier es demasiado frívolo, vanidoso y chillón para una ciudad que, a pesar de sus deslices, se esfuerza en mantener una imagen de virtud y solemnidad acordes con su carácter “eterno”. Es por eso que desde 2008 se oyen voces que claman por su desmontaje y reversión al anterior edificio tal como debió haberse construido (con más columnas y de orden más elaborado que la económica solución resultante). En este contexto es interesante recordar un concurso internacional convocado por Gabriele Tagliaventi para la ordenación del entorno del Ara Pacis, y cuyas propuestas se publicaron en la revista A&C Internacional número cinco. Los arquitectos convocados fueron: Maurice Culot y Joseph Altuna; Leon Krier; Duany & Platter-Zyberk; Liam O´Connor Architects; Michael Lykoudis.

Vista General, volumetría y planta

Antes de pasar a comentar las propuestas, conviene hacer un breve repaso por la historia del entorno del Ara Pacis y el Mausoleo de Augusto. El altar se construyó poco antes del inicio de la Era Cristiana como conmemoración de las victorias de Octavio Augusto en Galia e Hispania, que habían traído la paz al imperio. Dedicado a la diosa de la Paz y destinado a albergar sacrificios anuales, tiene unas dimensiones de 11 x 10 x 4,60 metros y alberga un interesante programa iconográfico esculpido en mármol.

Saturnia Tellus, representación de la Pax Romana

L'Horologium Augusti, El Ara Pacis y el Mausoleo de Augusto en la reconstrucción de Edmund Buchner (1976)

Desde su ubicación al noreste del Campo de Marte fue testigo de la decadencia y caída del imperio. Sus restos, cercanos al Tiber, acabaron sepultados bajo lodo y escombros y no volvieron a ver la luz hasta 1568 entre los cimientos de la Iglesia de San Lorenzo in Lucina. Ya en ese momento se reconoció la calidad y la importancia de los mismos y lo exhumado se repartió entre diversas colecciones. En 1859, durante unas obras en el Teatro Olimpia, parte del Palacio Peretti en Via Lucina, aparecen más restos que se reconocen como integrantes del mismo monumento que los encontrados trescientos años antes. Pero no es hasta 1903 cuando Friedrich von Duhn identifica los diversos paneles con el Ara Pacis y pretende un nuevo impulso a las excavaciones. Gracias a la generosidad de Edoardo Almagia, quien permite las mismas bajo los muros del Palacio Peretti, se rescatan 53 fragmentos antes de que se ponga en compromiso la estabilidad del Teatro Olimpia.

El entorno del Ara Pacis en el Plano de Giambattista Nolli (1748) y en la actualidad

En 1937, como parte de las celebraciones del bimilenario de Augusto, se continúan las excavaciones. Para evitar problemas con los cimientos del que en ese momento era el Cinema Nuovo Olimpia, éstos fueron congelados. El arquitecto Molpurgo reconstruyó el altar en su actual ubicación junto al mausoleo de Augusto y Benito Mussolini le encargó en 1938 la envolvente a la que hacíamos referencia al principio, un sencillo edificio muy luminoso que seguía los principios del clasicismo depurado del periodo de entreguerras.

Piazza Augusto Imperatore en 1938, poco después de la finalización de los sventramenti

Este traslado conllevó un sventramenti, es decir, la demolición de una buena parte del tejido urbano de los alrededores del Mausoleo de Augusto continuando un proceso inciado en 1893 con la demolición del Puerto de Ripetta para dar paso al Puente Cavour. El espacio resultante, la Piazza Augusto Imperatore, nunca terminó de agradar a los habitantes de la ciudad eterna por su sepulcral amplitud dentro de una urbe de calles estrechas.

Porto di Ripetta. Grabado de Alessandro Specchi, su arquitecto (1704)

El Porto di Ripetta mutilado por el primer Ponte Cavour (c. 1893)

Es por eso, que dentro de las actividades conmemorativas del Jubileo del año 2000, se planteara la reforma de esta plaza mediante un concurso al que se presentaron varios arquitectos marcadamente contemporáneos, como Peter Eisenmann o Richard Meier, quien finalmente resultó ganador. Pero frente a la insensibilidad y endofobia modernas con la que estos arquitectos afrontaron la reforma de este espacio, considerando las preexistencias como incómodos escollos a evitar u ocultar con envolventes modernas, el arquitecto Gabrielle Tagliaventi decide convocar un concurso paralelo donde los nuevos clasicistas y seguidores del nuevo urbanismo pudieran plantear propuestas más acordes con la venerable trama en la que se insertan.

Las propuestas para la nueva Piazza dell’Ara Pacis guardan una serie de puntos en común, que constituyen las bases del concurso:
- Nuevo museo para el Ara Pacis, de 7500 metros cuadrados, que alberga una cafetería, tienda-librería y una biblioteca especializada en la reconstrucción de monumentos de la Antigüedad Romana.
- Construcción de un monumento y un refugio para los gatos romanos.
- Reconstrucción de la trama urbana histórica en torno al Mausoleo de Augusto.
- Rehabilitación del Mausoleo de Augusto para un uso continuado.
- Mejora de la relación entre el barrio y el río Tiber.

Aunque algunos puntos de este programa, así como sus consecuencias de diseño, pueden resultar polémicos dentro de la ortodoxia burocrática del Patrimonio. No obstante, estas consecuencias son más provechosas para el entorno urbano en el que se insertan, e integran verdaderamente, que aquellas que optan por una ruptura radical con el pasado y muestran la voluntad de introducir un presente vanidoso con ínfulas de superioridad moral respecto a sus venerables predecesores.

jueves 5 de noviembre de 2009

Llamamiento a Su Santidad el Papa Benedicto XVI para volver a un Arte sacro auténticamente católico

Este documento fue publicado en varios idiomas en el sitio http://www.appelloalpapa.blogspot.com el 4 de noviembre de 2009.

Su objetivo es transmitir a personas de buena voluntad, no sólo católicos, no sólo creyentes, el programa del nacimiento de un arte religioso.

El llamamiento está escrito de forma muy elaborada, quizá demasiado, por lo que puede resultar obtuso. Además puede haber matices sobre los que no se esté completamente de acuerdo. Sin embargo, merece la pena firmar este comunicado ahora. Luego, en la misma página de la apelación, se publicará en una versión más simple. Con todo, en las cuestiones fundamentales abordadas en el documento, existe un amplio consenso en todo el mundo.

Todos aquellos interesados en adherirse al llamamiento pueden hacerlo enviando un correo con su nombre, profesión y lugar de residencia al correo appelloalpapa@gmail.com. Asimismo pueden descargarse la versión en pdf para su lectura impresa (pulse aquí).

Veni, Creator Spiritus
mentes tuorum visita
Imple superna gratia
quae tu creasti pectora

El arte es un tesoro de catequesis inagotable, increíble. Para nosotros es también un deber conocerlo y comprenderlo bien. No como hacen algunas veces los historiadores del arte, que lo interpretan sólo formalmente, según la técnica artística. Más bien, debemos entrar en el contenido y hacer revivir el contenido que ha inspirado este gran arte. Me parece realmente un deber —también en la formación de los futuros sacerdotes— conocer estos tesoros y ser capaces de transformar en catequesis viva cuanto está presente en ellos y nos habla hoy a nosotros.

(Benedicto XVI – Encuentro del Santo Padre con los párrocos y el clero de la Diócesis de Roma – 22 de febrero de 2007)

Iglesia y Arte

a. Beatísimo Padre, desde hace muchos años la Iglesia Católica experimenta, “con gran turbación, confusión y perplejidad de sus fieles” en palabras de su venerado predecesor Juan Pablo II, una nueva época –muy opuesta a las precedentes– en su bimilenaria y armoniosa relación con todas las musas del Arte. Una nueva época marcada por la rebelión y el desprecio del arte contemporáneo hacia “las formas vivas o las formas de los seres vivos” según la definición de Ortega y Gasset; es decir, de desprecio hacia el realismo figurativo que durante milenios ha caracterizado el deseo de los diferentes lenguajes artísticos de ilustrar con riqueza, armonía y esplendor todas la realidades invisibles, para dar un lugar digno a la Hostia consagrada.

b. La vía para la recuperación de una buena relación entre el arte y la Iglesia Católica ya fue indicada en 1964 por Su Santidad el Papa Pablo VI, en el memorable “Discurso a los artistas”, del que Usted quiere ahora, con su gesto paterno, indicar la relevancia. Su amado predecesor indicaba por aquel entonces los siguientes puntos para el relanzamiento de un “pacto” entre los artistas y la Iglesia:

I. “Si queremos dar, volvemos a decir, autenticidad y plenitud al momento artístico religioso, a la Misa, es necesaria su preparación, su catequesis. En otras palabras, es necesario hacerla tomar o acompañar por la instrucción religiosa. No es lícito inventar una religión, hace falta saber qué ha sucedido entre Dios y el hombre, cómo Dios ha decretado algunas relaciones religiosas que hay que conocer para no volverse ridículo, balbuciente o aberrante. Es necesario estar instruidos. Y Nos pensamos que en el ámbito de la “Misa del artista”, aquellos que quieran manifestarse como verdaderos artistas, no tendrán dificultad en asumir esta sistemática, paciente y tan benéfica y provechosa información.

II. “Existe además una necesidad del laboratorio, esto es, de la técnica para hacer bien las cosas. Y aquí cedemos la palabra a vosotros, que diréis qué es necesario para que la expresión artística que hay que dar en estos momentos religiosos tenga toda su riqueza de expresividad de modos y de instrumentos, y si es precisa también la novedad”.

III. “Añadiremos, por último, que no basta con la catequesis ni con el laboratorio. Es necesaria la característica indispensable del momento religioso: la sinceridad. No se trata sólo de arte, sino de espiritualidad. Hace falta entrar en la celda interior de uno mismo y dar al momento religioso, artísticamente vivido, eso que aquí se expresa: una personalidad, una voz cavada en la profundidad del ánimo, una forma que se distingue de cualquier disfraz de escenario, de cualquier representación puramente exterior; es el Yo que se encuentra en su síntesis más plena y quizá más fatigosa, pero también más gozosa. Es preciso que aquí la religión sea verdaderamente espiritual, y entonces sucederá para vosotros aquello que la fiesta de hoy, la Ascensión, nos hace contemplar. Cuando uno entra en sí mismo para encontrar todas estas energías y dar la escalada al cielo –en ese cielo donde Cristo se ha refugiado– nos sentimos, en un primer momento, inmensamente, infinitamente lejanos”.

c. Santidad, cuarenta y cinco años después de aquellas palabras, los resultados son modestos, por no decir decepcionantes. Vemos crecer día a día edificios sagrados despojados de lo sacro y construidos sin ningún conocimiento de la liturgia, sino modelados sobre el funcionalismo o sobre el antojo irreflexivo y arbitrario del arquitecto creador. Vemos que en nuestras iglesias abundan imágenes y simbolismos como mucho genéricamente “religiosos”, pero que no ilustran ninguna realidad genuinamente católica o, aún peor, que distorsionan la verdad suma de la Encarnación. Vemos nuestros sagrados Leccionarios rebosar de pueriles y deformes dibujos que parecen una digna introducción a aquellas celebraciones que Vuestra Santidad, cuando era cardenal, había ya estigmatizado como “liturgias degeneradas en show” (“Prefacio” a La reforma de la liturgia romana, de Klaus Gamber), que pueden devastar y ridiculizar las propias capacidades de las musas del Arte de significar e ilustrar las cosas de Dios. Y escuchamos cada vez más melodías y cantos que, por su carácter prosaico, no tienen ya nada que ver con la solemne tradición de la melopeya Gregoriana. En resumen, el arte y la arquitectura sacras no parecen favorecer hoy el encuentro dulce y vivificante con el único Dios verdadero, sino más bien obstaculizarlo y pervertirlo constantemente.


I. Las causas de la situación actual

a. Santidad, aunque hayan transcurrido cuatro siglos desde su publicación, nos parece que el Discurso en torno a las imágenes sagradas y profanas del Cardenal Gabriel Paleotti (1582) expone con gran claridad la causa principal del desconcierto actual: “En nuestra opinión, los abusos no son tan achacables a los errores que cometen los artistas al dar forma a las imágenes, sino más bien a los errores de los señores que les hacen el encargo y que no lo hacen como debieran, ya que los artistas no hacen sino seguir sus indicaciones”.


II. Las referencias teológicas

a. Beatísimo Padre, los tres conocidos e imprescindibles fundamentos de la estética católica, Integritas, Proportio, Splendor formae, pueden ser resumidos en la demanda de la “Belleza de la Verdad”. La unidad, la verdad, la bondad y la belleza concurren de manera determinante e insustituible en la plena comprensión de lo Sacro trinitario y de la liturgia que de ahí se deriva. Constituyen el estatuto fundamental, califican la propia naturaleza de la Ressacra y, al mismo tiempo, la naturaleza de la relación de dependencia con ella del fiel reunido en Cristo y en la Iglesia. Sipulchrum est quod visum placet”, es decir, “bello es aquello que gusta a la vista”, el arte sacro debe, por naturaleza, “poder gustar y deleitar extremadamente a todos”.

b. La divina semejanza entre Padre e Hijo (cfr. Jn 14, 9), que en la Trinidad es perfecta, sustancial y plena, se disemina en la creación por participación, y se disemina precisamente por el hecho de que la Santísima Trinidad quiere tener –también fuera de su arcana trascendencia de las criaturas– imágenes de Sí, capaces de cumplir inteligentemente y, por tanto, libremente, la misma santa liturgia que Ella cumple en Sí. El principio de semejanza, del mismo modo que gobierna la litúrgica relación generativa entre Padre e Hijo, gobierna también –aunque de manera subordinada y analógica– la litúrgica relación fuera de la Trinidad cuando es realizada por otros hombres que no son Cristo: el de Cristo es el Modelo carnal perfecto (determinado por los dos Nombres sagrados reconocidos por Santo Tomás y San Buenaventura: Verbum e Imago), cumplido sobre la tierra de la litúrgica relación espiritual cumplida por el Hijo en el Cielo. La Encarnacióndel Señor es principio y fuente del arte sacro. Un arte que ridiculice, no respete fielmente o pierda el dogma de la Encarnación –renegando en una nueva iconoclastia el Verbum y el Imago a través del abstraccionismo, la renuncia a las formas o la renuncia tout court a cualquier representación– es incompatible con la definición de “arte sacro católico”.

c. La liturgia no es algo construido artificialmente, una creación intelectualista para inventar una experiencia religiosa definida temporalmente. Es, por el contrario, el Cántico de sacrificio consumado por el propio Dios, a la gloria de Dios y en unión con el coro de las criaturas; y es el Ingreso en la misma Realidad trinitaria. La liturgia nos invita a dirigirnos al Señor, apartando la mirada de nosotros y de las otras criaturas para fijarla –por medio del sacerdote celebrantein persona Christi– en la Gloria del Padre. Por tanto, la liturgia es sacra porque desciende de lo alto, de Dios Trinidad que está en el Cielo. Por eso es “el Cielo en la tierra” y es sacra, además, porque así divinizada vuelve a subir a través del sacrificio de Cristo al Padre que está en el Cielo. Con ese fin, el arte no puede sino entenderse como “sirvienta de la liturgia” y ser, en todas sus formas, coherente con la afirmación del Aeropagita que la concibe como “representación visible de espectáculos misteriosos y sobrenaturales” que son, al mismo tiempo, fortísimamente reales.

d. El recorrido paralelo y la íntima integración del arte con la liturgia no finalizan con un mismo sentido. La obra artística y arquitectónica, a diferencia de la liturgia, permanecen también después de la conclusión de la liturgia. Tienen, de hecho, la tarea añadida de ser un eco de la liturgia, una vez que ésta ha terminado. Por tanto, la decoración de la iglesia y su estructura arquitectónica deben reivindicar una inalienable función pedagógica y protréptica hacia la fidelidad al mensaje evangélico y litúrgico; y así anticipa y prorroga la comunicación con el Señor durante Su demora.

e. Fidelidad a la Encarnación y fidelidad a la liturgia son, por tanto, los fundamentos del arte sacro católico.


III. El encargo

a. Padre Santo, el sacerdote y el liturgista han tenido siempre clara la responsabilidad inherente en la identidad cristiana y católica del encargo de un trabajo de arte sacro: de aquí se deriva la necesidad de verificar también la identidad del artista que, si no fuera igualmente clara, deberá completar un itinerario que parta de su vocación técnica para alcanzar esa vocación cristiana (y litúrgica) indispensable para crear un arte sacro. Esto lo salvaguarda de cualquier relativismo cultural y consiente, en cambio, la valorización de las culturas locales y las identidades devocionales locales.

b. La necesidad de desarrollar las devociones locales encuentra su justificación en las diferencias culturales, aútentica riqueza de la catolicidad. La eliminación de los cultos locales en los programas iconográficos de muchas iglesias contemporáneas es una muestra de violencia cultural. Un sabio uso de las imágenes de las devociones locales ayuda, de hecho, al desarrollo del sentido de pertenencia de la Iglesia al contexto geográfico y humano, además de que refresca el recuerdo del enraizamiento de la comunidad local en la historia de la Iglesia. La obra de arte puede erigirse como un instrumento útil y santo para la revitalización de las devociones locales, pero siempre extrayendo la tradición iconográfica del tema, sin la cual vendría paradójicamente negada dicha continuidad histórica respecto a los objetivos de la representación.

c. La desacralización de estos últimos decenios ha convertido a los clérigos y a los fieles en incapaces de asombrarse y deleitarse; asombro y deleite que dependen de la presencia de lo Sagrado. Lo sagrado cristiano es una consecuencia cristológica, dado que Cristo Jesús es el Verbo y Rostro del Padre hecho carne por nosotros. Si la Encarnación es el emblema esencial, no es porque el hombre se ha convertido en Dios, sino que es Dios quien se ha hecho hombre. Por este motivo, en el arte cristiano conviene insistir en el rol de la imagen. “Elars celebrandi debe facilitar el sentido de lo sacro y el empleo de las formas exteriores que educan a dicho sentido, como, por ejemplo, la armonía del rito, de las vestes litúrgicas, del mobiliario y del lugar sacro” (Sacramentum caritatis n. 42).

d. La ausencia en el itinerario formativo del clero de algunas indicaciones sobre el arte y la arquitectura sacras se percibe hoy en día como una grave laguna. Por eso, se siente claramente la necesidad de instituir un recorrido de formación artística y arquitectónica hasta el nivel universitario patrocinado por la Iglesia de Roma. Dicho recorrido debería, no obstante, estar siempre integrado por normas y cánones que puedan convertir a la Iglesia Católica en autónoma y Madre clara de un arte y arquitectura sacra coherentes.


IV. Los artistas

a. Santidad, es evidente que está muy difundido el analfabetismo religioso entre los artistas. Sería conveniente introducir catequesis teológico-litúrgicas específicas para llevar a cabo lo que ya expresó el Siervo de Dios el Papa Pablo VI en el antes mencionado encuentro con los artistas.

b. El artista, ante todo, debe serlo como tal, es decir, debe poseer una maestría objetiva para ejecutar lo que se le encarga y, paralelamente, debe conocer o por lo menos apreciar el Credo de la Iglesia y su Liturgia. Si en el pasado el primer requisito ha sido a veces ignorado, hoy en día corre peligro de ser ignorado también el segundo requisito.

c. La construcción de un edificio sacro cristiano o una composición musical para la liturgia son un anuncio permanente de Jesucristo al hombre. La actividad creadora del artista no puede, por tanto, prescindir en modo alguno de la moral y de la fe. San Pablo ha exhortado a los cristianos a conocer a Cristo “según el Espíritu” y no a conformarse a la mentalidad mundana. Esto implica que el conocimiento interior de Jesús lleva a la conversión y al abandono de cualquier sagacidad mundana. Un artista que no sea creyente puede llegar a realizar una iglesia sólo si, trabajando, se ensimisma en el misterio de la fe o si, finalmente, descubre allí la Gracia. Su arte será entonces testimonio de la verdad buscada y encontrada en la obra de arte. Sin embargo, eso es posible sólo gracias a una sincera predisposición para apreciar las verdades de fe para las cuales él trabaja y que, a través de la Iglesia, introducen en un modo más perfecto de conocer y de vivir la divina Realidad.

d. Ser contrario a las “grandes firmas” no significa que los proyectos de un arquitecto no creyente, no cristiano o católico no practicante sean inútiles o estén siempre fuera de lugar. Al contrario, pueden aparecer como premisas o pruebas para una educación que lleve a la conversión o a un camino de fe, antes de que sean proyectos de edificios sacros verdaderos y reales. La fe es, por tanto, un requisito primordial para hacer iglesias o arte sacro.

e. El artista cristiano es humilde y casi no aparece: a él, como a todos, también se le pide la conversión. En Su calidad de cardenal, Usted, Santísimo Padre, recordaba que para ser conducidos a un nuevo modo de mirar, primero se debe cambiar el corazón, partiendo del centro interior que es la cruz y la resurrección (Cfr. El espíritu de la liturgia: una introducción). Por eso los orientales exigen que para hacer un icono se ejercite el ayuno y la oración. Sin una disposición anímica al menos abierta a la fe no se puede producir arte sacro apto para la liturgia.

f. De lo anterior se concluye que es necesario conocer la Liturgia y la Escritura, la continuidad con la Tradición y con el Magisterio de dos mil años. El artista cristiano no trabaja solo, sino en comunión y en continuidad con la comunidad eclesial de todos los tiempos. Una iglesia contemporánea no puede estar en ruptura con las formas y los materiales consagrados por la tradición, sino innovándolos y desarrollándolos desde dentro.

g. La belleza divina es, junto con la verdad, un fundamento ontológico del arte sacro. Lo característico de la liturgia es la íntima conexión de la celebración ritual con su simbolismo gestual, lingüístico y artístico; por tanto, con la disposición arquitectónica e iconográfica que ilustran la mistagógica o interpretación litúrgica. En la liturgia Dios se revela y se hace realmente presente al hombre. De ahí que, en cierto modo, también el artista es ministro (“siervo”) de la Belleza “alética”, esto es, de la “Belleza de la Verdad” a la que antes se aludía.

h. Si el artista es humilde, no hay belleza mejor que dejarse transformar por Cristo. Sólo así la belleza –que hemos visto que proviene sólo de Cristo– puede salvar el mundo poniendo orden: el orden del amor. Por esto, a la postre “sólo el amor es creíble”. ¿Cómo puede un artista construir una iglesia imagen del cuerpo de Cristo sin el amor teologal?

i. Por tanto, el arte sacro cristiano –es decir, un arte ordenado a la liturgia– está fundado sobre una mirada que se abre en profundidad, se apoya sobre la dimensión eclesial de la fe, que es objetiva, realista y compartida, y requiere que el artista sea formado interiormente en la Iglesia (cfr. Ibidem). La libertad del arte no significa arbitrariedad, sino una adhesión libre a las exigencias obligantes de la fe. Sin la fe no hay arte apto para la liturgia, sino un conocer a Cristo simplemente “según la carne”.


V. El Espacio Sagrado

a. Beatísimo Padre, como Usted escribía cuando era cardenal, “en la liturgia eucarística [...] el sacerdote guía al pueblo en la oración y está vuelto hacia el Señor” (“Prólogo” a Volverse hacia el Señor: orientación en la plegaria litúrgica, de Uwe Michael Lang). Por tanto, en toda iglesia el centro ideal es Aquel que reside en ella y que la constituye como es (cfr. Jn, 2, 21). Por eso sería conveniente reintroducir la orientación a Cristo y volver a convertir en fulcro reinante del espacio sagrado el Tabernáculo y la Presencia Real del Señor.

b. Para insertar de nuevo la definición de “espacio sagrado” en el concepto detemplum es necesario recorrer nuevamente sus fundamentos constitutivos. La sacralidad del edificio eclesiástico es un hecho objetivo tras su consagración; acto en el que se corta una porción del espacio a los usos profanos y se dedica, se consagra, al culto a Dios. Debido a este procedimiento las iglesias pueden también llamarse templos, como manifiesta la etimología de la palabra templo, del griego Τέµνω, “cortar”, del que deriva Τέµενος, “recinto”. Para expresar esta característica de que es un espacio en el cual los usos mundanos ha sido “arrancados”, son necesarias algunas destrezas proyectuales que están expresadas de diversas maneras a lo largo de la historia de la edificación eclesiástica. Uno de los requisitos fundamentales para expresar la sacralidad de un edificio es la expresión grandilocuente de su alteridad respecto a los edificios de su entorno. La tradición nos ha transmitido el uso de la monumentalización de la entrada para subrayar la importancia del paso del umbral y su carácter transitivo entre dos dimensiones diferentes. También en el interior de las iglesias se han distinguido numerosos recintos para proteger áreas de estricto uso sacerdotal de otras áreas laicales; y, a su vez, para distinguir las áreas dedicadas a los sacramentos (del bautismo y de la confesión, por ejemplo) del resto de áreas.

c. Es necesario recurrir una vez más a la fuente primaria de la sacralidad del espacio de culto cristiano para darse cuenta de que el antiguo ritual de consagración del edifico era, de hecho, una forma del ritual del bautismo, donde se repetía sobre el cuerpo lapídeo del edificio –esquemáticamente y según era posible– los gestos y los significados adjuntos al rito del bautismo de los hombres. La Iglesia, cuerpo místico de Cristo, toma cuerpo de modo similar en la iglesia-edificio y, así como un hombre se dedica Cristo desde su bautismo, de igual manera sucede para el edificio. En su comparación con el cuerpo bautizado es inevitable, por tanto, que en el edificio consagrado se haga alusión al cuerpo humano, que es la máxima creación divina. Más allá de la planta con forma de cruz –a menudo empleada por las mismas razones– un elemento de semejanza más genérico pero también más sustancial es la simetría, que es un criterio de composición que además informa una gran parte de la creación. Como si fuera el interior del cuerpo de un hombre consagrado, es bueno que en el interior de la iglesia reine la medida de la simetría.

d. Un tercer criterio útil para la definición del espacio sagrado cristiano es la jerarquía de los espacios. Se entiende, pues, que existe una jerarquía en la disposición espacial de las diferentes partes que componen el lugar de culto, y una jerarquía en la decoración de dichas partes. En cuanto a la primera jerarquía, es apropiado que los espacios donde se cumplen las acciones litúrgicas sean posicionados sobre un plano más elevado que el resto. Esta elevación expresa la importancia de las acciones que allí se cumplen y se convierte en un símbolo del camino de elevación del hombre hacia Dios, que aproxima al cielo (lugar simbólico de la presencia divina, a cuya visibilidad ayuda). Por lo que respecta a la segunda jerarquía, es conveniente también que la decoración obre una gradación desde los espacios menos sagrados a los más sagrados, a través de los materiales, colores o temas. Además, esta gradación tiene la tarea de participar de la misma jerarquización de los espacios que se da en la arquitectura a través de la sobreelevación.

miércoles 4 de noviembre de 2009

Un alma para el espacio litúrgico (V)


IGLESIAS "DRIVE IN"

La introducción gradual de los bancos (cuyo origen remoto se remonta al otoño de la Edad Media) redujo entretanto la posibilidad de movimiento de los fieles durante la celebración.

"Históricamente, el banco apareció más bien tarde (…). Anteriormente, los laicos permanecían de pie o arrodillados, según las prescripciones, puesto que no había lugares para sentarse. Hasta esa época, es interesante advertir, hombres y mujeres a menudo estaban separados durante los ritos. En el Oriente cristiano, las mujeres solían estar de pie en una galería superior de la nave llamada gynaikon. En el Occidente cristiano, el obispo Durand, citando a San Beda, describe como una antigua tradición el hecho de que las mujeres se ubicasen a menudo al norte y al oeste mientras los hombres lo hiciesen al sur y al este. (…) Para los medievales, que imaginaban el Infierno al oeste y consideraban el norte la tierra del paganismo, esta sistematización asignaba a las mujeres de la comunidad la tarea de proteger a los menos santos y menos fuertes de la tentación más grande. Como se ve en las Instrucciones de San Carlos Borromeo, esta distribución todavía era fácil de encontrar en el siglo XVI. (…)

A partir del siglo XIII, algunas iglesias fueron provistas de bancas sin respaldo. Los bancos propiamente tales fueron adoptados en primer lugar por los protestantes para hacer posible a los fieles permanecer sentados durante los sermones, que duraban horas. Del mismo modo, éstos llegaron a ser más comunes entre los católicos cuando la Contrarreforma atribuyó gran importancia litúrgica a la proclamación de la Palabra. Hacia fines del siglo XVI los bancos llegaron a ser más grandes y fijos, con reclinatorio y respaldo alto, y a menudo con retablos finamente esculpidos.

En las recientes adecuaciones de las iglesias, se han eliminado con frecuencia los bancos sustituyéndose con sillas individuales no fijas. Esto implica tanto ventajas como inconvenientes. Los puestos móviles tienen el indudable mérito de romper el carácter estático de la nave y ofrecer una imagen más organica de la asamblea. Si bien las sillas expresan de mejor manera el rol de la persona individual en la comunidad, tienen también un efecto menos familiar que los bancos. Tal vez la justificación más banal es que además permiten fácilmente cambiar la sistematización de las iglesias: un simbolismo algo dudoso, ya que las iglesias deberían hablar más bien de lo eterno que de lo efimero. El otro defecto de las sillas es que los puestos individuales pueden recordarnos los asientos de los teatros. Pueden sugerir una relación de espectador y por consiguiente no estimular la verdadera participación. (…)

Es lamentable que la supresión de los bancos en muchas iglesias, especialmente en Estados Unidos de América, haya traido consigo la eliminación de los reclinatorios y también de la práctica de arrodillarse"(1).

El Concilio Vaticano II promovió de diversas formas la participación plena, consciente, devota y activa de los fieles. Y sin embargo éstos se han vuelto considerablemente perezosos, hasta el punto que frecuentan en mayor numero las parroquias donde hay mayores comodidades para atraerlos. Da la impresión de que convendría proyectar iglesias “drive in” donde sea posible entrar en automóvil.


Algunos sacerdotes corren riesgo de poner entre paréntesis el rol de maestra de la Iglesia para seguir las modas del momento, cultivando la ilusión de atraer y hacer participar a los fieles. ¿Por qué renunciar al latín precisamente ahora que la cultura está mucho más difundida? ¿Por qué introducir en la celebración canciones inspiradas en tradiciones musicales que favorecen el desencadenamiento de los instintos más que elevar el espíritu?

La Reforma litúrgica nació del deseo de situar la Eucaristía en el centro y la cúspide de la vida de todos los cristianos (incluidos los laicos). Sin embargo, aquélla se ha interpretado incorrectamente como una invitación a transformar los ritos en un “espectáculo” de matriz protestante, sin un compromiso real de los fieles. La celebración de los sacramentos se ha convertido en una forma de entretención, dirigida a los sentidos y emociones y de hecho con aplausos finales (2). El sacerdote se ha convertido en el actor casi solitario de una representación en el interior de un teatro sumamente estático, donde los espectadores están bloqueados en sus puestos con los ojos fijos en él.


Las dificultades tampoco han sido superadas con la distribución "envolvente" de los lugares para sentarse, tan del gusto de algunos liturgistas, que por lo demás ni siquiera respeta el modelo de la Última Cena en el cenácolo. Parecería casi como si la Reforma litúrgica se hubiese estancado antes de dar fruto, sin alcazar las metas neurálgicas de la participatio actuosa de los fieles. Ciertamente, este resultado no se obtiene haciendo leer a un laico o entonar a otros.

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(1) Steven J. Schloeder, L’Architettura del Corpo Mistico. Progettare chiese secondo il Concilio Vaticano II, L’Epos, Palermo 2005, pp. 180-182.

(2) El bullicio estúpido provocado por algunos sacerdotes es un silencio sepulcral para los oidos de los arquitectos: por ser injustificado, no ofrece indicación alguna de utilidad para el proyecto.

Baelo Claudia, la novela (XVII)




martes 13 de octubre de 2009

La Escalinata del Puerto: un espacio barroco en el centro de Algeciras

El bloguero Stultifer celebra hoy el día de la escalera. Este blog se suma a su particular celebración con esta entrada.


A pesar de sus orígenes romanos y la esplendorosa etapa musulmana, Algeciras apenas conserva restos de su pasado. La destrucción de la ciudad en 1379 y su posterior abandono hasta la toma de Gibraltar en 1704 hicieron desaparecer todo vestigio. La reconstrucción de la ciudad, sobre una precaria trama reticular proyectada por Jorge Próspero de Verboom, hizo tabula rasa con los escasos restos visibles, conservándose únicamente algunos tramos de muralla a la espera de reforzarlos y crear un nuevo recinto amurallado adaptado a las exigencias militares de la época, cosa que nunca ocurrió.

La nueva Algeciras se organiza en torno a dos plazas, Alta y Baja, que cumplen las funciones de Plaza Mayor y Plaza de Abastos respectivamente. La Plaza Alta, como su propio nombre indica, está situada en el inicio de la pequeña meseta que es la Villa Nueva (la ampliación musulmana a partir del campamento cristiano construido para el Sitio de 1278). En el lado, este, de la costa, la plaza Alta terminaba en un pequeño acantilado con magníficas vistas a la bahía, creando una línea visual entre la Iglesia Mayor y Gibraltar, como si quisiese recordar a los algecireños sus orígenes en Gibraltar. Esta relación se rompió pronto al colmatarse los cuatro lados de la plaza, aunque siguió quedando un espacio abierto a modo de mirador tras las nuevas edificaciones.

A lo largo de los siglos XVIII y XIX la ciudad se dota de diversos monumentos: Acueducto, Iglesias, Ayuntamiento y palacetes privados. Con el cambio de siglo, y revelada la importancia de la ciudad como puerto, empieza a urbanizarse el borde costero de la ciudad para dar lugar a un Paseo Marítimo. Este proceso, que dura hasta nuestros días, se inició en torno al núcleo inicial del Puerto en la desembocadura del Río de la Miel e Isla Verde, y fue creciendo hacia el Norte y el Sur conformando un gran eje que separaba la vida urbana de las actividades portuarias.

Tras la Guerra Civil queda clara la importancia estratégica de Algeciras y durante la Dictadura del General Francisco Franco, con los Planes de Estabilización, Algeciras se convierte en un potente foco porturario e industrial.

El clasicismo depurado de la arquitectura de la primera etapa del franquismo dejó varios ejemplos en la ciudad, como la Cárcel, la Comandancia de Marina o la escalinata que comunicaba la Plaza Alta con el Paseo Marítimo. Esta última es quizá la más interesante desde el punto de vista formal ya que completa la relación entre el espacio público más representativo de la ciudad y su nuevo paseo marítimo.

Esta escalinata seguía un esquema monumental organizado en cuatro niveles a los que se accedía por una combinación de rampas y escaleras cuyos tramos desembocaban en terrazas ajardinadas. Los dos tramos superiores estaban enlazados mediante escaleras y los inferiores por rampas. Una composición de cinco vanos cóncavos hacía de eje central.


En su contexto original de edificaciones bajas, y desembocando prácticamente en el mar, la escalinata tenía un aire barroco que podría recordar, salvando el tiempo y las distancias, a la también desaparecida escalera del Puerto de Ripetta en Roma.

Ahogada con el tiempo por el crecimiento en altura de las edificaciones anexas y parcialmente oculta por una vegetación densa y mal cuidada, la escalinata fue decayendo para convertirse en refugio de orines y toxicómanos. Dejó de ser un lugar frecuentado por su inseguridad y poca limpieza y empezó a ser visto con incomodidad por los algecireños.

A principios del siglo XXI Algeciras aprueba un nuevo PGOU con el que pretende ponerse a la altura de otras grandes ciudades portuarias. Primó como en tantos otros casos el efecto Guggenheim unido a la especulación y la ciudad decidió eliminar una buena parte de su patrimonio arquitectónico de los siglos XIX y XX sustituyéndolo por insípidos edificios de viviendas y comercios de corte pseudo-minimalistas, cuando no en ese mal llamado clasicismo moderno. Incluso una joya del Movimiento Moderno español como el Mercado de Abastos del Ingeniero Eduardo Torroja vio peligrar su existencia.

La gran escalinata no corrió la misma suerte y la ciudad, escasa de plazas de aparcamiento público tras el cierre del desastroso Centro Comercial Plaza de Andalucía, decide sustituir este espacio público por un edificio de aparcamientos maliciosamente clasificado como subterráneo por considerar como cota de arranque la de la Plaza Alta y no el Paseo Marítimo.

De esta forma Algeciras perdió un precioso espacio de relación entre la gran plaza pública u el paseo marítimo a cambio de los vientos de progreso y modernidad que puede traer un aparcamiento “soterrado por tres lados” y que ha llevado a la ruina al edificio anexo, denominado “Edificio Escalinata” y destinado a correr la misma suerte que sus predecesores.


domingo 11 de octubre de 2009

Un alma para el espacio litúrgico (IV)


UN FENÓMENO SIN PRECEDENTES

Se puede hablar de iglesias feas ya desde los primeros experimentos del Movimiento Litúrgico, nacido en la primera mitad del siglo XIX en la abadía benedictina de Solesmes. ¿Simple coincidencia?

Se ha dicho que la Iglesia interrumpió el diálogo con los artistas desde hace por lo menos dos siglos. Si se considera debidamente, semejante afirmación no convence, ya que el Movimiento Litúrgico dio origen desde su iniciación a la búsqueda de nuovas formas artísticas. El problema es que lo hizo en nombre de un igualitarismo exagerado, elaborando una concepción de “espacio universal”, donde todos los partecipantes y todos los lugares de la acción ritual tienen el mismo peso, que precede con gran anticipación a las reflexiones de Hammond. El teólogo Romano Guardini (1885-1968) tuvo un continuo y fecundo intercambio de ideas con Rudolf Schwarz (1897-1961), es decir con un refinado arquitecto y pensador católico (1). Y sin embargo las iglesias de Schwarz son desoladoras cajas de cemento, glaciales como la punta de un iceberg que revela la presencia de un corpulento pensamiento racionalista (2).

Rudolf Schwarz. Iglesia de S. Fronleichman. Aquisgrán (Alemania), 1930

Jamás ocurrió en el pasado que la arquitectura sacra fuese fruto del encuentro de liturgistas temerarios, cuyas legítimas aspiraciones a una mejor participación de los fieles superasen el límite de la ortodoxia, con artistas que no logran prescindir del uso de lenguajes típicos de un mundo secularizado. Hasta el siglo XIX se registró en al arquitectura para el culto una relación permanente entre la evolución homogénea del dogma, la fe viva de los constructores y su capacidad constructiva (desarrollada en el cauce de una cultura realista). Y las iglesias eran ejemplos a menudo no superados de belleza, que resisitieron las pruebas del tiempo.

En la primera etapa de la difusión del cristianismo, se pasó de las domus ecclesiae a las iglesias sirias (inspiradas en el modelo de la sinagoga) y a las basílicas romanas. Se perfeccionaron algunos tipos muy claros en su distribución (área de los catecumenos, lugares del bautismo, de la palabra, de la eucaristía, cátedra,...) y adecuados para el dinamismo de la acción litúrgica. Al parecer, los fieles se movían mucho durante la celebración: hombres y mujeres entraban por distintas puertas, se ubicaban en torno a los ambones, luego se alejaban hacia el altar, giraban hacia el oriente durante la consagración, etc.

En correspondencia con la vivacidad de la liturgia, había una gran libertad creativa, más allá de cuanto sea dado comprender a quien hoy visite los monumentos paleocristianos o bizantinos, alterados por el uso más reciente o las restauraciones (3). Los primeros cristianos tenían conciencia profunda del llamado universal a la santidad, que se debilitó con la gran evangelización masiva de los bárbaros. Su fidelidad al mensaje evangélico constituía el fundamento sólido de la libertad de espíritu con la cual modelaban el espacio físico, empleaban las artes figurativas, componían la música, etc.

La liturgia conserva el impulso creativo también en los siglos del románico y el gótico. Mientras la Iglesia no tuvo el problema de enfrentar los graves errores doctrinales de los protestantes, la variedad de expresiones de la acción litúrgica fue sumamente amplia. Únicamente a partir del Concilio di Trento se restringió la celebración dentro de formas muy rígidas, justificadas por la necesidad pastoral de defender la recta doctrina. Era necesario especialmente destacar la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Borromeo refrenó con prescripciones minuciosas la búsqueda de soluciones nuevas que permitiesen seguir considerando a la liturgia una especie de obra de arte total (4).

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(1) No era un diletante de arquitectura sacra, como demostró serlo Richard Meier en la “iglesia del dos mil”, en Roma, que costó más de 15 millones de euros.
Richard Meier. Iglesia del Jubileo. Roma, 2000

(2) Rudolf Schwarz, Costruire la chiesa. Il senso liturgico nell'architettura sacra, Morcelliana, Brescia 1999. El modelo de proyecto de la “catedral de todos los tiempos” propuesto en el libro se basa en una cristología algo dudosa.
(3) Es muy dificil restablecer una hipotética sistematización original en las iglesias antiguas, porque las adecuaciones litúrgicas introducidas en el curso de los siglos han sido a veces brutales. Se han dispersado partes de ambones de sutil valor simbólico (el ambón no era un simple atril, sino el sepulcro vacío desde donde se anunciaba la Resurrección). Más recientemente se han desmembrado altares del Santísimo Sacramento de espléndido trabajo artesanal.
(4) Caroli Borromei, Instructionum fabricæ et supellectilis ecclesiasticæ libri II (1577).

Baelo Claudia, la novela (XVI)


La Fundación (XVI)


sábado 10 de octubre de 2009

El TSJA emite una nueva sentencia contraria a la biblioteca del Prado


El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) ha emitido una nueva sentencia que anula las "determinaciones" del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Sevilla aprobado en 2006 correspondientes a la calificación del frente oriental de los jardines del Prado de San Sebastián como equipamiento de uso educativo, anulando así "la determinación de la construcción" de la nueva biblioteca central de la Universidad de Sevilla en función del recurso administrativo formulado contra dicha calificación del suelo por la comunidad de propietarios del número cinco de lacalle Diego de Riaño.

La sentencia, emitida el pasado 17 de septiembre por la sala de lo Contencioso Administrativo del Alto Tribunal andaluz y recogida por Europa Press, estima "sustancialmente" el recurso contencioso administrativo impulsado por la comunidad de propietarios del número cinco de la calle Diego de Riaño contra la resolución que el 19 de julio de 2006 firmó la por entonces consejera de Obras Públicas y Transportes, Concepción Gutiérrez del Castillo, para aprobar definitivamente el nuevo PGOU de Sevilla, instrumento de planeamiento que calificaba un espacio de 3.915 metros cuadrados de dicho parque público como "equipamiento educativo".

Como ya sucediera el pasado mes de junio como consecuencia del recurso contencioso administrativo impulsado por la comunidad de propietarios del número nueve de la citada calle, y como ha sucedido en función de varios recursos similares, el Alto Tribunal andaluz entiende que los aspectos del PGOU correspondientes a esta calificación de los jardines del Prado de San Sebastián para su uso educativo son "contrarios a derecho".

El fallo, así, sigue la senda de la sentencia emitida por primera vez por el TSJA el pasado 4 de junio a la hora de defender la estipulación del Plan Especial redactado en 1994 para el sector 21 del Prado de San Sebastián como "parque central" frente a los designios del nuevo PGOU, que califica estos 3.915 metros cuadrados como del frente oriental del parque como "equipamiento educativo", al objeto de facilitar la construcción de la nueva biblioteca central promovida por la Universidad de Sevilla.

Cabe recordar que la primera sentencia, como las siguientes, son objeto de recurso ante el Tribunal Supremo (TS) por parte del Ayuntamiento hispalense, la Universidad de Sevilla y la Consejería de Vivienda y Ordenación del Territorio, que han visto además como el Alto tribunal andaluz accedía a la paralización cautelar de los trabajos ya comenzados en este espacio en función de la reclamación de las comunidades de propietarios.

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Parece que sólo queda esperar a una sentencia definitiva que permitirá la reversión al estado previo al inicio de las obras. Esto permitirá recuperar ese gran espacio del Prado para uso y disfrute de todos los vecinos, pues, como ya hemos dicho otras veces, prima en este caso el uso como espacio verde anterior a la biblioteca que las hipotéticas virtudes de la misma sobre un vecindario que la ve como una intrusa. Y no es sólo por voluntad vecinal, sino por una cuestión legal que recuerda que los Ayuntamientos también están sujetos a las mismas leyes que hacen cumplir a sus ciudadanos.

Después de haber insistido tanto en anteriores entradas al respecto en que la principal perjudicada aquí es la Arquitectura Contemporánea y sus defensores, por defender ciegamente algo indefendible, tenemos también que reflexionar en el daño que han hecho a nuestras ciudades los desmanes urbanísticos de alcaldes que han pretendido crear iconos modernos a ciudades que tenían otras necesidades más inmediatas antes que endeudarse con gestos efectistas.