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domingo, 26 de febrero de 2012

Bibliografía sobre Jose Ortiz y Sanz y su edición de Vitruvio de 1787


Ortiz y Sanz es uno de nuestros mejores tratadistas y teóricos de la arquitectura, si bien las circunstancias en que se movió han hecho que su figura ha pasado un poco desapercibida

Las razones de la necesidad de una correcta traducción de Vitruvio al español las enuncia Ortiz en el prólogo de su edición de Vitruvio de 1787, donde constata la inexistencia de una edición cuidada en nuestro idioma. Ortiz cotejó cuantos ejemplares y manuscritos tuvo a su alcance para crear la mejor edición española de Vitruvio, tanto por la calidad de la traducción, como lo erudito y aclaratorio de las notas así como las ilustraciones. 

Cualquier estudiante de arquitectura que desee profundizar en el conocimiento de Vitruvio debería consultar la edición de Ortiz de 1787, por ser la más fiable. La mayoría de los Vitruvios que se editan hoy proceden de traducciones del francés, del inglés o incluso directamente del latín, pero están elaboradas por filólogos sin ninguna vinculación con la arquitectura y muchos pasajes resultan oscuros y necesitan algo más que una nota del traductor para ser aclarados. La edición de Ortiz suple todas las carencias de las ediciones modernas. 


-o0o-   Obras de arquitectura escritas por Ortiz y Sanz   -o0o-

Por orden cronológico

Noticia y plan de un viaje Arquitectónico-Anticuario, encargado por S. M. a Don Joseph Francisco Ortiz en el año de 1790. Imprenta Real. Madrid, 1797. 


Oración a las Nobles Artes en la distribución de premios de la Real Academia de San Carlos de celebrada el 4 de noviembre de 1804. Oficina de D. Benito Monfort, impresor de la Real Academia. Valencia, 1805. 

Viaje Arquitectónico-Anticuario, encargado por S. M. a Don Joseph Francisco Ortiz en el año de 1790. Imprenta Real. Madrid, 1807. 



Traducciones (por orden alfabético de autores): 

Bottari, Giovanni. Diálogos de las artes y el diseño, traducidos del toscano, e ilustrados con notas por Don Joseph Ortiz y Sanz, Presbítero, Individuo de la Real Academia de San Fernando, y de la de San Carlos de Valencia. Madrid, 1804. 

Milizia, Francesco. El Teatro. Obra escrita en italiano por D. Francisco Milizia; y traducida al español por D. J. F. O. Madrid, 1789. 





-o0o-   Bibliografía sobre la teoría arquitectónica de Ortiz y Sanz   -o0o-


GOBERNA ORTIZ, Fernando. El Deán Ortiz. Ed. Ajuntament d'Aielo de Malferit. Aielo de Malferit, 2001 

LEÓN TELLO, Francisco José. Estética y teoría de la arquitectura en los tratados españoles del siglo XVIII. Ed. CSIC. Madrid, 1994. 

RODRIGUEZ RUIZ, Delfín. José Ortiz y Sanz, teoría y crítica de la arquitectura. Ed. COAM. Madrid, 1990. 

RODRIGUEZ RUIZ, Delfín. José Ortiz y Sanz, “atención y pulso” de un traductor. Prólogo de Los Diez Libros de Arquitectura. Ed. Akal. Madrid, 2001. Google Libros permite una vista parcial de este libro


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Para la comprensión del propio texto vitruviano en su faceta más arquitectónica existen dos interesantes monografías:


ADAM, Jean Pierre. La construcción romana: materiales y técnicas. Editorial de los Oficios. León, 2002.


El primero es una gran monografía sobre la construcción romana donde se cita constantemente a Vitruvio para explicar y justificar las técnicas constructivas de la época.

El segundo es una recopilación y explicación de pasajes de Vitruvio escrito por un arquitecto que ejerce su profesión desde el convencimiento de la validez y perdurabilidad de la tradición clásica en nuestros días. Muy interesante para entender el funcionamiento de los órdenes. 

Portada de Vitruvius on Architecture. Fuente: Thomas Gordon Smith Architects

lunes, 22 de noviembre de 2010

Órdenes de arquitectura y personalidad

Las villas de Quinlan Terry en Regent Park, Londres, constituyen un perfecto ejemplo de la continuidad del palladianismo inglés así como de la maestría del arquitecto británico en el empleo de los órdenes. Las villas Jónica, Corintia, Toscana, Regencia y Hannover fueron proyectadas siguiendo el esquema conductor de cada orden arquitectónico; villa Véneto emplea la superposición palladiana de órdenes y la villa gótica es un delicioso ejemplo del primer neogótico doméstico inglés. La decisión del empleo de un orden u otro ha dependido de criterios estéticos del cliente y el arquitecto así como de las pericia técnica de los canteros y la holgura presupuestaria. Cada villa está directamente inspirada en arquitecturas precedentes integrándose dentro de la tradición clásica inglesa. Sin embargo, en ninguno de los casos la simple visión de las fachadas nos impide saber a priori la personalidad de los habitantes de esas viviendas. El orden se emplea, además de como fundamento compositivo del edificio, como símbolo de ostentación y buen gusto del cliente. Y así ha sido desde que Palladio y Vignola supeditaran el empleo de los órdenes a unos módulos fijos y la arquitectura dejara el estudio de los orígenes de los órdenes y su personalidad a la especulación teórica, que sería criticada y depurada en el siglo XVIII por Laugier quien definitivamente convierte a los órdenes en elementos eternos árbitros del buen gusto pero sin ninguna vinculación afectiva con la función del edificio que ordenan. 

Sin embargo, Vitruvio en su tratado de arquitectura establece que el orden de cada templo debe ir supeditado al carácter del dios al que se consagra, teoría que será actualizada y cristianizada por Serlio para poder aplicarla a los nuevos edificios del Renacimiento Italiano. 

Vitruvio en el Libro I, capítulo II dice: “Haránse Templos Dóricos a Minerva, a Marte y a Hércules; pues a estos dioses, por su fortaleza, no les corresponden edificios delicados. A Venus, Flora, Proserpina, y a las Náyades, parece convenir el Orden Corintio, porque las fábricas primorosas, y adornadas de flores, hojas y volutas, parece añadir belleza a la propia de estas deidades. A Junio Diana, Libero-Padre y otros dioses semejantes, haciéndoles Templos Jónicos, se tendrá un medio, templando la robustez Dórica, y la delicadeza Corintia” (1). 

Y Serlio, en el Libro IV, hace una explicación más detallada: “Los antiguos dedicaron todos los edificios a los dioses, aplicándolos a aquellos que más les pertenecían según su natura, si era robusta o delicada. Y así, la obra Dórica construyeron a Júpiter, y a Marte, y a Hércules, a aquestos tales se les hacían los templos Dóricos, por que fue tomado de la forma del hombre. Y la Jónica a Diana, a Apolo y a Baco, la cual participa también de la forma matronal o mujeril, porque tiene de lo robusto y lo delicado. Diana por ser mujer es delicada, mas por el ejercitarse en cazar, participa de robusto. Y Apolo por su hermosura, aunque es hombre, es algo blando y delicado, y también algo robusto. Y así mismo Baco. Mas la manera Corintia por ser tomada de la forma del cuerpo de una doncella, quisieron que fuese dedicada a la diosa Vesta la principal de las vírgenes. Pero en este nuestro tiempo a mi parecer se ha de proceder de otra manera, no desviándonos mucho de los Antiguos en cuanto a la aplicación de los edificios: quiero decir, que siguiendo la costumbre de nuestros Cristianos construiremos por mi parecer los edificios sagrados, según la especie suya, primeramente a Dios y a sus Santos; y los edificios profanos, así púbicos como secretos, principales y accesorios, hechos para los hombres, según su estado y profesión. Y así digo que la obra toscana por mi parecer conviene para cosas fuertes, como serían puertas de las ciudades, para fortalezas, para castillos y lugares para guardar tesoros, y a donde estén las municiones y artillerías, o para cárceles y puertos de mar, y otros semejantes edificios para uso de la guerra. Y así mismo sería para lo dicho la obra rústica, porque ha de ser de piedra y de ligaduras y trabazones diversas, aunque ha de ser gruesamente labrada. Cualquiera de estas cosas, cuando la han querido hacer más delicada los arquitectos por su contentamiento, algunas veces las han mezclado, según lo vemos en la Antigüedad, con la obra Dórica; y en otras partes con la Jónica, y también con la Corintia. Pero en mi entendimiento, por ser la obra toscana la más gruesa y sin ornato de todas las otras, me parece que en la Rustica convenga, y sea más conforme, porque se manifiestamente se ve estar guardado esto de los toscano, así dentro en la mayor y más principal ciudad suya, que es Florencia, como fuera de ella; por las villas o casas de placer de ella comarcanas, adonde hay tan hermosos edificios, y tan ricamente labrados, hechos solamente de obra rústica, cuanto se pueden hallar en el restante de la cristiandad, mezclados de aquella rustiqueza y delicadeza que a los arquitectos más les ha contentado. Y por esto me parece que las tales obras se conforman más con la Toscana que con otra especie.” (2) 

“Los antiguos constituyeron la obra Dórica a Júpiter, y a Marte, y a Hércules, y a otros dioses robustos; más después de la encarnación de la salud humana, debemos los cristianos proceder y ordenarla por otra orden; y así digo, que habiéndose de edificar algún templo consagrado a Jesucristo Redentor Nuestro, o a San Pedro, o San Pablo, o a Santiago, o a San Jorge, o otros cualesquier Santos cuya profesión, no sólo haya sido de hombres de guerra, más que también hayan tenido del delicado y humilde, y también parte de fuerte y robusto, en poner la vida por la Fe de Cristo. A estos tales santos conviene hacerles templos de este género Dórico. Y en cuanto a los hombes si algún caballero muy esforzado o persona muy valerosa, como sería si fuese general o capitán de un ejército, si el tal mandase hacer algún edificio así público como dentro de casa, se le hará de este género. Y tanto cuanto la persona que mandare hacer la obra fuere más robusta y valiente, le conviene que el edificio sea hecho con más braveza, y macizo y fuerte; y si otra persona aunque fuera caballero si participare alguna cosa del delicado, mandado hacer esta obra, se le puede hacer con alguna más delicadeza, así como en su lugar trataremos” (3). 

“De esta obra Jónica Vitruvio trata en el cuarto libro en el primer capítulo. Este género los antiguos le compusieron sobre la forma Matronal, que es la forma de cuerpos de mujeres ya de días y embravecidas, y la dedicaron como es dicho en este libro, a Apolo y a Diana y a Baco; pero nosotros los Cristianos si hubiéremos de hacer algún templo de esta orden, lo aplicaremos a todos aquellos santos que hayan sido en parte robustos y fuertes, y en parte delicados y humildes. Y así a todas las santas que hayan sido casadas o llegado a viejas de autoridad, que comúnmente las llamanos en España, dueñas honradas. Y si algún edificio público o secreto se hubiere de hacer de esta forma para algunos hombres, será a letrados y otros hombres de vida quieta y sosegada, y no a robustos ni delicados, porque para los tales letrados de cualquiera facultad que sean será a su propósito esta orden Jónica. Y si para algunas señoras de autoridad que hayan sido en cuanto mujeres varoniles o valerosas y para mucho. Si las tales hubieren de hacer algunos edificios, esta orden será para ellas muy convenible” (4). 

“La derivación y origen del capitel Corintio fue de una virgen Corintia. Y porque Vitruvio en el cuarto libro en el primer capítulo lo escribe particularmente, en tal caso no será necesario fatigarme en replicar sobre este caso. Y por tanto solo diré que habiéndose de hacer de este orden un templo, se debe consagrar y aplicar primero a la Virgen Santísima Madre de Jesucristo Redentor Nuestro, la cual no sólo fue virgen antes del parto, pero en el parto y después del parto, Y después de a esta Serenísima Señora a todos aquellos Santos y Santas que hayan hecho vida virginal o vivido castamente, para estos tales esta tal orden conviene mucho y también para monasterios de monjas que han prometido virginidad y son dedicadas al culto divino. Y si acaso algún edificio así público como secreto o sepulcros o cualquier cosa de edificios se hubiere de hacer de este orden, sea a personas de vida honesta y casta, porque para las tales se podrá usar esta forma” (5). 

A pesar de que la mayoría de los edificios clásicos hayan supeditado el empleo de los órdenes a la ostentación de los mismos en lugar de a las características funcionales del edificio, es bueno tener en mente este aspecto de la teoría vitruviana para establecer el carácter general del edificio y elegir el orden que más se adecue a su función. De esta forma el orden arquitectónico, además de ser un elemento clave para la estructuración formal y distributiva del proyecto, nos hablará del carácter del mismo y de las funciones que se desarrollan en su interior con la misma coherencia con la que lo hace la estructura portante o la proporción de huecos y macizos. 

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(1) Vitruvio Polión, Marco. Los Diez Libros de Arquitectura, traducidos del latín y comentados por Don José Ortiz y Sanz Presbítero. Imprenta Real; Madrid, 1787. Libro I, Capítulo 2, p. 12 (puede consultarse una edición facsímil en línea a través del siguiente enlace del Ministerio de Fomento). 


(2) Serlio, Sebastiano. Tercer y Cuarto Libro de Arquitectura, traducidos de toscano en lengua castellana por Francisco de Villalpando, Arquitecto. Imprenta de Juan de Ayala; Toledo, 1552. Libro IV, p. 4 (puede consultarse una edición facsímil en línea a través del siguiente enlace del Ministerio de Fomento). 


(3) Op. Cit. p. 19. 

(4) Op. Cit. p. 28. 

(5) Op. Cit. p. 49.

domingo, 4 de julio de 2010

El capitel jónico vitruviano en la teoría arquitectónica del Padre José Ortiz y Sanz (II): Edición del Palladio de 1797.

En el Tratado de Palladio de 1797, el padre Ortiz vuelve a sorprendernos con una magnífica traducción al castellano, así como con un cuerpo de notas extenso donde no sólo se limita a indicar aclaraciones al texto palladiano, sino que nos revela su pensamiento arquitectónico. En ambas ediciones, vitruviana y palladiana, las notas podrían conformar un tratado de arquitectura por sí mismas, dada su consistencia y precisión. Estas mismas notas son las que en 1819 empleará en la redacción de sus “Instituciones de Arquitectura Civil”. Aquí además cobra especial importancia el dibujo de las villas palladianas y los elementos de arquitectura enunciados por el arquitecto veronés, pues la propia naturaleza de Los cuatro libros es mucho más gráfica que el texto vitruviano, tanto por la componente explicativa del trazado de los órdenes, como la de muestrario de las propias creaciones palladianas (villas y palacios, ya que los dos últimos libros nunca llegaron a editarse).

A la hora de describir el capitel jónico palladiano, perfectamente trazable según el método del arquitecto veronés, Ortiz y Sanz vuelve a insistir en la pureza de su voluta y, aunque hace referencia a los comentarios de la edición de 1787, desarrolla su idea de forma más extensa que la primera vez.

“La voluta Jónica que describen por vitruviana los autores modernos de todas las naciones seguramente no lo es, como demostré en mis Comentarios a dicho autor pág. 74, nota 30 y Lámina XXXI. Así, para las personas que no los tengan a mano, pondré aquí lo sustancial de lo que allá dice.”

“No me acabo de admirar que los tratadistas modernos de Arquitectura volutas Serlio, Philandro, Palladio, Vignola, Salviati, Goldman, Caramuel, Perrault, Bibiana, Galiani yotros innumerables nos hayan dado una voluta Jónica tan diferente de esta, queriéndonos persuadir que no sólo es antigua, sino aún la que describe Vitruvio. Que en mi sentir no es la Vitruviana lo demostré bastante en mis Comentarios a este autor, página y notas citadas arriba; pero de que no es la antigua será la prueba más firme no hallarse un capitel Jónico con tal voluta en ningún edificio Griego ni Romano. El primer moderno pues que puso en sus escritos Arquitectónicos la voluta Jónica común, seguramente no la copió de lo antiguo, sino que se la ideó a su gusto y capricho, y dio lugar a que los que vinieron después cayesen en la falta misma, siendo más fácil copiar de los libros que de los monumentos. No me acuerdo de haber puesto en cosa alguna de Vitruvio más atención y cuidado que en esta, viendo que copiando todos la descripción de este autor sacábamos todos volutas tan diferentes. Tuve pues por necesario examinar el mayor número de capiteles Jónicos antiguos que pudiesen hallarse en Roma (donde está la fuente de lo Antiguo, y donde yo escribía mis Comentarios), y concluí decidiría la duda la mayor proporción de volutas que se hallasen uniformes. Casi todo el año de 1781 empleé en este examen; al cabo del cual resultó a favor de mi voluta el sufragio de todos los capiteles Jónicos que en Roma merecen ser vistos y estimados. La voluta común según la describen los modernos, no se halla en Roma, singularmente respecto a disminuir la costilla o arista desde su principio hasta el ojo. En uno u otro capitel Jónico he visto la canal un poco más ancha que la arista, aunque igual en todo su giro por serlo la arista misma; pero es en los que llevan algunos vástagos de relieve en la canal misma. Debió de hacerlo así el Arquitecto para dar alguna mayor dignidad y tamaño a la escultura. No viéndose pues en el Antiguo capitel Jónico, cuya voluta no tenga la costilla y canal iguales en anchura desde su principio hasta el ojo, ¿a qué propósito trabajar y fatigarse tanto para disminuir geométricamente dicha costilla, y asegurarnos que así la hicieron los antiguos? Exceptúo siempre las del Teatro de Marcelo, y las del anfiteatro de Vespasiano, las cuales no pueden llamarse volutas, sino unas desgraciadas cartelas, cuya espira apenas da una vuelta entera, y malísimamente talladas. Como estas y aún peores se podrán acaso hallar en las excavaciones, y efectivamente ví una de muy mal escoplo en la Iglesia de San Sabá en Roma, en compañía del Académico Arquitecto Don Manuel Martín y Rodríguez. Pero ¿quién no sabe que también en los mejores siglos de las artes hubo siempre artistas chapuceros? Los inteligentes y de gusto depurado deben imitar lo que esté más lejos de los defectos, y vean más canonizado por los sabios Arquitectos Antiguos.”

“Para que nadie crea hablamos de gracia, citaré aquí los parajes de Roma donde se hallan cerca de doscientos capiteles Jónicos que observé y examiné con cuidado en la demora de más de Seis años que en Roma hice. En el Rion o cuartel llamado La Regola, caminando desde la pequeña Iglesia de San Bartolomé de Vaccinari para el puente Sixto, y en las callejuelas adyacentes orillas del Tiber, hay más de cincuenta de estos capiteles con las mismas dimensiones y volutas que doy en mi diseño (…). Hay también algunos dentro de las mismas casas de curtir las pieles. Cuatro se ven en la isleta de casas entre Il Gesù y Plaza Venecia. Doce en las paredes del Convento e Iglesia de las Monjas de Tor-di-Specchi y calles vecinas. Dos en la calle que de Marcel de Corvi conduce a la cárcel Mamertita hacia lo alto de la cuesta. Otros dos en la puerta de la Iglesia del Colegio Calasanzio. Cuatro en la pared de enfrente de la tabla de carne del hospital de Peregrinos. Dos en la callejuela detrás del Palacio Gottifredi. Catorce en la Iglesia de Santa María in Transtiberim, los cuales están excelentemente trabajados y con muchos adornos. Seis en la Iglesia de San Juan y San Pablo. Otros seis en la Iglesia de San Jorge in Velabro. Veinte y tres en la Iglesia de San Esteban Redondo. Veinte y cuatro en Santa Constancia, los cuales, aunque Jónico-Compuestos, la voluta es como la mía. Doce en los callejones inmediatos al río como vamos de Ponte Cestio a Ponto Rotto en Trastiberim. Cuatro hay en la parte posterior del teatro de Marcelo sobre la misma puerta de la hostería de la Campana. Veinte y seis en el pórtico e Iglesia de San Lorenzo fuera de los muros. Cinco en la de los Santos Cuatro Coronados, con otros muchos que omito por no ser molesto. Todos se hallan expuestos a la pública vista y examen de cualquiera, y todos son de la figura y hechura misma que doy en mi lámina XV.”

“Siendo pues esto cosa de hecho y fuera de toda disputa, ¿quién no se admirará de ver en los autores voluta jónica tan diversa, difícil y complicada, y no verla en ningún edificio antiguo? Aún el célebre Grabador Juan Piranesi copió tan diferentes de lo que son las de Santa María Egipciaca, las del Teatro de Marcelo y algunas otras, que no las conocerá quien las coteje. De la voluta Jónica hice un tratadito en Roma, y tengo intención de publicarlo cuanto antes pueda. El modo con que hallé la construcción o delineación de esta voluta en el capitel mismo, especialmente para hallar los cuatro puntos de que se describen las espiras, veáse en el lugar arriba citado de Vitruvio" (1).


Capitel jónico vitruviano (2).
Capitel jónico palladiano (3).

El tratadito al que hace referencia en sus notas probablemente se extravió con la venta de la biblioteca del presbítero tras su muerte en 1822 para pagar unas deudas por impuestos (y que le habían sido condonadas por las Cortes de Cádiz en virtud a sus méritos) y que Fernando VII volvió a hacer efectivas. En cualquier caso, a partir de las notas mostradas y las láminas adjuntas es posible tanto trazar la voluta como seguir el rastro dejado por él mismo para identificar los capiteles empleados.

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(1) Palladio, Andrea. Los Cuatro Libros de Arquitectura de AndreaPalladio, Vicentino. Traducidos e ilustrados con notas por Don Joseph Francisco Ortiz ySanz, Presbíero. Imprenta Real. Madrid, 1797. Página 24-Notas a la lámina XV

(2) Id. Lámina XV.

(3) Id. Lámina XVI.


viernes, 2 de julio de 2010

El capitel jónico vitruviano en la teoría arquitectónica del Padre José Ortiz y Sanz (I): Edición del Vitruvio de 1787.

La edición de “Los diez libros de Arquitectura de Vitruvio” traducidos del latín y comentados por Don Joseph Ortiz y Sanz, presbítero, (Imprenta Real. Madrid, 1787) es una de las más brillantes aportaciones a la tratadística española y la base del neoclasicismo hispano así como del método científico aplicado a la arqueología. Sus aportaciones a la teoría de la arquitectura en general como el vitruvianismo en particular son innumerables.

La necesidad de esta obra surge en el ambiente arquitectónico de las Reales Academias fundadas por los Borbones españoles a lo largo del siglo XVIII y que toman como modelo las francesas fundadas por Luis XIV a finales del siglo XVII. La función de las academias era docente e investigadora, germen de las actuales universidades. Por tanto, en el caso de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y su sección de Arquitectura, debían cobrar especial importancia las ediciones de tratados de arquitectura y construcción que analizaran fielmente las fuentes disponibles a la vez que las técnicas constructivas.

La edición de Ortiz y Sanz iba encaminada a dotar de una correcta traducción del texto vitruviano a nuestro idioma. Para ello se vale de cuantas ediciones manuscritas o impresas pudo consultar en su estancia en Roma, y de investigaciones arqueológicas con las que comprobar la validez de lo dicho por Vitruvio. Esto último es un aspecto novedoso para la tratadística en general, pues hasta el momento los tratados de arquitectura, a la hora de ser ilustrados, se valían de colecciones de dibujos repetidas invariablemente desde el Renacimiento y que adolecían de ciertos errores de datación y representación. A la luz de los nuevos descubrimientos arqueológicos así como del interés en convertir la arqueología en disciplina científica, estos análisis perfectamente documentados a través de las numerosas notas del Tratado, constituyen el primer ejemplo de arqueología moderna española, pues el padre Ortiz emplearía el mismo método años después en su viaje arquitectónico-anticuario.

Antes de entrar de lleno en la cuestión que nos interesa, cabe añadir además que la edición de Vitruvio de 1787, y sobre todo la de Palladio de 1797 son de las primeras en incluir los métodos modernos de representación en planta, alzado y secciones perfectamente delineados y sin perderse en efectistas juegos de sombras, muy en la línea de lo que por esas mismas fechas empezaba a enseñar Jean Nicole Louis Durand en París. En la nota 11 del Sexto libro, capítulo 1, Ortiz clama contra aquellos que “se tienen por hábiles en esta difícil Arte cuando saben trazar los cinco órdenes de Vignola, todo muy curioso, muy bien tocadito de aguadas y engalanado de adornos a las mil maravillas” (1). Muy similar a lo que dice Durand en la Introducción a sus “Lecciones de Arquitectura” (1819): “Lejos de añadir cualquier cosa al efecto o a la comprensión de estos dibujos no hace más que añadir oscuridad y equívoco" (2).

Dentro del Tratado de Vitruvio, una de las muestras más curiosas del rigor con el que Ortiz y Sanz unió textos, imágenes e investigación arqueológica es su comentario y propuesta de trazado de la voluta jónica vitruviana. Al no haberse conservado las ilustraciones originales del tratado, los primeros comentaristas se encontraron, a la hora de definir el capitel jónico, con un texto de difícil comprensión que no sabían como interpretar comparándolo con los restos que tenían a su disposición (en su mayoría correspondientes a edificios bajoimperiales o recuperada de estructuras anteriores). El trazado de la voluta resultante era muy complejo y añadía una característica no indicada por Vitruvio como era la disminución progresiva de la costilla y el cojín (elementos interior y exterior de la voluta), complicando aún más tanto el trazado del capitel como su posterior ejecución por el cantero.

Es en la nota 30 del Libro Tercero, capítulo tres, donde por primera vez se plantea este nuevo trazado de voluta, demuestra la incongruencia del trazado de la voluta de anteriores tratadistas, deja someras indicaciones de la ubicación de los capiteles estudiados y menciona por primera vez la redacción de un tratado aparte destinado exclusivamente al capitel jónico (3):

Trazado de la voluta jónica según Perrault. Perrault, Claudio. Compendio de los diez libros de arquitectura de Vitruvio.Traducidos al CAstellano por Don Joseph Castañeda. Imprenta de D. Gabriel Ramirez. Madrid, 1751. Lámina VIII - Proporciones del capitel Jónico.

Trazado de la voluta jónica según Ortiz y Sanz. Vitruvio Polión, Marco. Los Diez Libros de Arquitectura, traducidos del latín y comentados por Don José Ortiz y Sanz Presbítero. Imprenta Real; Madrid, 1787. Lámina XXXI.

“Confieso no haber podido comprender de dónde sacaron sus volutas Serlio, Philandro, Palladio, Vignola, Salviati, Goldman, Caramuel, Perrault, Bibiana, Galiani y tantos otros escritores de Arquitectura, que diferente de esta la enseñaron, cuando la de Vitruvio es tan simple y la de ellos tan enredosa, impropia y buscada. Es impropia porque representando lo sobrante arrollado de un cojín o colchoncillo, no es natural que el hueco representado por la canal sea más ancho que el lleno, representado por la costilla: ni esta más delgada hacia los extremos, sino toda de un espesor mismo. Es cierto que se hallan en Roma algunos capiteles Jónicos, cuya canal es algo más ancha que la costilla; pero es para dar mayor cuerpo y majestad a las hojas, vástagos, etc. que se hallan esculpidos en ella: pero la costilla es igualmente ancha desde su principio hasta el ojo.”

“Ciento treinta capiteles Jónicos todos uniformes he examinado prolijamente, para poder asegurarme de cuanto escribo; y en ninguna cosa de Vitruvio he puesto mayor cuidado que en restablecer su voluta.”

“Esta es sin duda la voluta Vitruviana que tantos pretendieron haber hallado, dándonos volutas tan diversas; y la única que se halla en el Antiguo, en cuanto a igualdad de la costilla. Ni fue necesario que Vitruvio se difundiera en la descripción de la espira siendo tan simple y fácil; cuando en la de los modernos era fuerza una explicación más prolija. La necesidad de restablecer esta voluta para reducir el capitel Jónico a su simplicidad antigua, me movió a escribir un tratado de ella en lengua Italiana, citando positivamente los parajes de Roma en que actualmente se hallan los capiteles que he examinado; pero su publicación se ha preservado para otro tiempo.”

“Uno de estos (capiteles) observé en el Foro Romano en poder de un marmolista, en compañía de D. Jayme Folc y D. Joseph Guerra, escultores pensionistas de la Real Academia de San Fernando, el día 16 de Julio de 1781 (…). Semejantes a éstos los hay en Tívoli, en un templo antiguo ahora dedicado a San Jorge. Así son también los del templo de la Fortuna Viril en Roma, hoy Santa María Egipciaca, aunque maltratados por el tiempo.”

“Como estos son los del Templo de la Concordia a la falda del Capitolio. Cuatro hay en el pórtico de la Iglesia de Santa Cecilia; uno en el claustro de San Clemente junto al anfiteatro de Vespasiano; otro junto a la puerta de S. Cesario, sobre la mano izquierda; otro en el portal de la hostería de la campana detrás del Teatro de Marcelo; y otros muchos esparcidos por las calles de Roma, y en poder de los marmolistas y varios particulares.

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(1) Vitruvio Polión, Marco. Los Diez Libros de Arquitectura, traducidos del latín y comentados por Don José Ortiz y Sanz Presbítero. Imprenta Real; Madrid, 1787. Libro VI, Capítulo 3, nota 11, p. 139 (puede consultarse una edición facsímil en línea a través del siguiente enlace del Ministerio de Fomento).

(2) Durand, Jean Nicole Louis. Compendio de lecciones de Arquitectura. Ed. Pronaos; Madrid, 1981. Introducción p. 23. Puede consultarse la edición francesa de 1840 en google libros (enlace).

(3) Op. Cit. (1) Libro III, Capítulo 3, nota 30, p. 74.

sábado, 26 de junio de 2010

Jose Francisco Ortiz y Sanz. Apuntes biográficos.


Jose Francisco Ortiz y Sanz nació en Ayelo de Malferit (Valencia) en 1739. Desde muy pronto combinó sus estudios en el colegio de los jesuitas de Onteniente (Valencia) con las clases de dibujo en la Real Academia de Santa Bárbara de Valencia (creada en 1753, futura academia de San Carlos), a pesar de la oposición paterna que los consideraba poco adecuados para la futura carrera eclesiástica a la que el joven apuntaba. En 1755 inicia sus estudios de Filosofía en la Universidad de Valencia, licenciándose en 1760; continúa estudiando Derecho Canónico y Civil en la Universidad de Orihuela, que concluye en 1764; vuelve a continuación a la ciudad del Turia para seguir estudiando Teología Moral hasta 1767, a la vez que se matricula en los cursos de Dibujo Arquitectónico de la Academia de San Carlos, resultado de la refundación en 1768 de la Academia de Santa Bárbara, desaparecida en 1761. En 1768 se ordena como sacerdote y ejerce su ministerio por varias parroquias valencianas.

Durante esa época sigue manteniendo contactos con la valenciana Real Academia de San Carlos y la Real Academia de San Fernando en Madrid, formando parte activa del ambiente de renovación artística durante el reinado de los Borbones. La renovación arquitectónica pretendida desde estos organismos pasaba por la creación de un espíritu clasicista que reaccionara contra los excesos del barroco, en la línea del creado en Francia durante el reinado de Luis XIV. Ortiz y Sanz participa activamente en esto último, sugiriendo la necesidad de una traducción al castellano del tratado de Vitruvio, hecho que contaba con el beneplácito del rey Carlos III, quien siendo rey de Nápoles había promovido una edición en italiano comentada por el Marqués de Galiani en 1758.

En 1774 se instala como vicario mayor en la Colegiata de Játiva, cargo que le permite más tiempo y desahogo y con el que empieza por su cuenta la tarea de traducir el texto vitruviano. En el momento de iniciar su traducción, ya se habían publicado en España dos ediciones del tratado de Vitruvio en castellano: la edición de 1582 de Miguel de Urrea, anticuada e inexacta; y la de 1761 de José de Castañeda, si bien esta última era un Compendio de la traducción francesa de Claude Perrault de 1673. Su propuesta por tanto era tremendamente novedosa y aunque dispuso para ello de varias ediciones previas (Philandro – 1552, Barbaro – 1567 y Galiani – 1758), pronto llega a la conclusión de que es necesario un examen minucioso de las ruinas romanas que Vitruvio menciona y sus comentaristas intentan edificar y representar. Tal como él mismo indica en prólogo de la edición de 1787, inició la traducción en 1777 y habida cuenta de las dificultades mencionadas, decide arriesgadamente vender sus propiedades y renunciar a la vicaría para trasladarse a Roma en 1778.

Portada del Abaton Reseraton en su primera y única edición, Roma 1781.

Su estancia en tierras italianas se prolongará hasta 1785, cuando vuelve a España para preparar la edición en la Imprenta Real. Su viaje es de especial interés por ser de los pocos realizados por españoles de la época con fines académicos, a pesar de la especial relación que España seguía manteniendo con el sur de Italia. Estando en Roma publicó en 1781 un pequeño tratado, Abaton reseratum, sive genuina declaratio duorum Locorum cap. ult. lib. tert. architecturae M. Vitruvii Pollionis, que le valió fama y reconocimiento por el rigor y claridad con la que despeja algunos pasajes oscuros del último capítulo del Libro III del tratado de Vitruvio, relativos al podio de los templos y la disminución del diámetro de las columnas (éntasis) a lo largo de su directriz. En Roma cotejó cuantas ediciones y copias manuscritas tuvo a su alcance, estudió las ruinas de la Antigüedad e incluso realizó varias campañas arqueológicas en compañía de otros pensionados españoles. También en Roma, como parte de sus invetigaciones y restituciones arqueológicas, escribe un tratado sobre el capitel jónico vitruviano. Para la determinación de este capitel hizolevantamientos empíricos de más de ciento cincuenta capiteles, indicando su ubicación en Roma; los cuales le sirvieron para reformular completamente el trazado de la voluta jónica.

El Capitel Jónico en la edición de Vitruvio de 1787.

Una vez en España, y editada su traducción en 1787, comienza a trabajar en la Biblioteca Real a partir de 1788. Ese mismo año presenta a Carlos III un informe para un Viaje Arquitectónico-Anticuario, que sienta las bases para la arqueología científica en nuestro país. Sin embargo, dicho viaje se aplaza por diversas causas hasta 1798 (enfermedad del sacerdote, muerte de Carlos III, interés de Carlos IV por otras propuestas más “pintorescas” de gusto prerromántico). Mientras tanto, trabaja en la Biblioteca Real, aprovecha para traducir a Diógenes, escribir una Historia de España y una traducción al castellano de “Los Cuatro Libros de Arquitectura” de Andrea Palladio, que se publica en 1797 y donde vuelve a hacer gala de su rigor como filólogo y arquitecto (insistiendo nuevamente en la validez de su capitel jónico vitruviano). Únicamente se publican los dos primeros libros (órdenes arquitectónicos y villas), si bien se prepararon láminas para los otros dos (obras públicas y antigüedades romanas). El viaje se inicia por fin tras asignar al canónigo nuevas rentas y después de una pugna entre franceses y españoles por hacerse con la titularidad del viaje. Finaliza por falta de fondos en 1800 y tras varias visitas menores en 1807 ve la luz la publicación definitiva. Esta obra le bastaría el título del padre de la arqueología española, siendo destacable dentro de la misma la descripción del Teatro Romano de Sagunto y el inventario de sitios arqueológicos que aún hoy sigue siendo referencia dentro de la arqueología patria.

Grabado del Teatro de Sagunto. Madrid, 1807.

En 1804 ingresa en la Academia de San Carlos de Valencia, centrándose a partir de entonces su vida en el entorno valenciano. Continúa sus excavaciones arqueológicas en Játiva, y aunque su actividad se verá muy reducida durante la guerra de la Independencia, continúa con sus actividades religiosas y ciudadanas. En 1813 preside el Te Deum por el que se jura solemnemente la Constitución de Cádiz, hecho que le valdrá la censura de sus obras durante el reinado de Fernando VII. A pesar de eso, continúa con su labor arquitectónica preparando un tratado propio, Instituciones de Arquitectura Civil acomodadas en lo posible a la doctrina de Vitruvio (1819, reeditadas por el Colegio de Arquitectos de Madrid en 1990). En 1822, año de su muerte, se le retienen sus rentas para pagar unas deudas por impuestos (y que le habían sido condonadas por las Cortes de Cádiz en virtud a sus méritos) que se hicieron extensibles tras su muerte a sus herederos, quienes debieron vender su biblioteca para afrontarla. Y no fue hasta 1841 cuando se volvió a permitir la publicación de sus obras, mostrando una vez más a la sociedad las cualidades intelectuales de este singular valenciano.

Su figura volvió a caer en el olvido, así como su edición de Vitruvio (prefiriéndose los compendios y otras traducciones no latinas a la suya propia), hasta que a finales del siglo XX, con el renovado interés por la arquitectura clásica, se redescubre. En los últimos treinta años se han reeditado la mayoría de sus obras para disfrute contemporáneo de uno de los intelectuales más prolíficos y desconocidos de nuestra Ilustración.




Otros sitios que hablan de D. José Ortiz y Sanz: Semblanza del Deán Ortiz; El Deán Arqueólogo (Blog de Historia de Ayelo de Malferit)