Sitio dedicado a la divulgación de la arquitectura clásica contemporánea. Comentamos obras, disipamos mitos en torno al clasicismo arquitectónico y planteamos alternativas a la arquitectura contemporánea, en un intento de colocar al clasicismo en igualdad de condiciones frente a las demás opciones arquitectónicas
lunes, 8 de noviembre de 2010
El sueño de la modernidad produce monstruos
domingo, 10 de mayo de 2009
El príncipe Carlos tenía razón. Ahora los arquitectos deben oírle


sábado, 18 de abril de 2009
Conversaciones en torno al clasicismo (XIII)
¿Estamos ante una desilusión estética?
¿Qué determina que estemos ante buena arquitectura?
¿Puede un proyecto arquitectónico no ser arte?
En la contemporaneidad, ¿podemos afirmar que el sabor de ser vanguardia está agotado?
¿Estamos ante una desilusión estética?
Creo que hace más de treinta años que artistas y arquitectos se han dado cuenta de que su subjetividad hecha verdad artística o arquitectónica no lleva a otra cosa que a su propio ensimismamiento y a la retroalimentación de una casta que ofrece uno de los servicios públicos más bellos e importantes (el placer estético y la materialización edilicia de las necesidades sociales).
Desde la posmodernidad ha habido un intento de aproximarse al gran público y el éxito o el fracaso de las inciativas dependen del grado de implicación REAL con la sociedad que tenga el arquitecto o el artista. Se hace arte y aquitectura para la sociedad, no se proyectan sociedades que sean capaces de admirar las obras que proyectamos desde nuestra subjetividad.
Otra cuestión es analizar por qué ocurre esto, por qué el artista y el arquitecto modernos se desvinculan de las realidades sociales (no de las idealidades sociales que ellos mismos crean). A ese respecto me remito a la obra de Charles Jencks "El lenguaje de la Arquitectura Posmoderna", donde podrán encontrar un extenso estudio de por qué la modernidad acabó muriendo.
¿Qué determina que estemos ante buena arquitectura?
Creo que la arquitectura no es buena porque un arquitecto haya tenido un gesto brillante, una idea feliz, que permita configurar un proyecto. La arquitectura es buena siempre y cuando cumpla adecuadamente con la función para la que fue proyectada, y además tenga un uso continuado por parte de la sociedad. Este uso continuado es el que determina su aceptación y evita que se degrade, como pasó en el archiconocido caso de Pruitt Igoe, de Minoru Yamasaki, que tuvo que ser demolido en 1972 (fecha simbólica de la muerte de la modernidad, según Jencks) por ser un grave foco de bandalismo.
¿Puede un proyecto arquitectónico no ser arte?
Perfectamente. Hay muchas formas de hacer arquitectura. Puede haber teatros que sean una birria, funcionen mal, pero por tener una estética bonita sean considerados obras de arte. Y viceversa, hay edificios que por no tener una estética chillona, ruidosa en su entorno inmediato, que destaque por su vanidad, no se consideran como tales, a pesar de funcionar perfectamente y ser respetados por la sociedad. También hay obras que son estéticamente feas y a pesar de funcionar bien son rechazadas por la sociedad; esto ocurre frecuentemente en Reino Unido, donde edificios de la época de la reconstrucción tras la Segunda Guerra Mundial, y los años de crecimiento espectacular de la nación británica, son demolidos porque la población no los acepta, no los siente suyos. Y la crítica arquitectónica los considera obras maestras. Dos casos que sriven de ejemplo son la Catedral de Brentwood, en Reino Unido, de Quinlan Terry; y la nueva ala habitacional del hospital de Chelsea, el "Margaret Thatcher Infirmary", también del Sr. Terry. en ambos casos el clamor popular pidió la demolición de los edificios construidos en los 60 y 70 en las más puras líneas del movimiento moderno, y su sustitución por otros de corte clásico.
En la contemporaneidad, ¿podemos afirmar que el sabor de ser vanguardia está agotado?
Depende de qué se considere vanguardia. El término en sí debería designar a la tendencia más puntera y novedosa del momento, pero dada la tremenda importancia de las vanguardias históricas (las de los años 20) el término en sí puede resultar caduco, sobre todo cuando se intentan aplicar los principios de las vanguardias históricas en nuestros días. La Vanguardia como movimiento artístico surgido tras la Primera Guerra Mundial, en el clima de euforia que supuso el fin de los Antiguos Imperios decimonónicos, la creación del estado socialista, el florecer de un sinfín de naciones independientes, y la seguridad de que el arte debía empezar de cero en la nueva era, es algo ya superado. Y eso enlaza con la primera pregunta, ya que al darse cuenta de que la vanguardia revolucionaria está superada, y que sus manifiestos se han convertido en parte de manuales de estudio como en su momento eran los textos de los pintores renacentistas, el artista se siente frustrado al pensar que ya nunca más podrá definir el arte desde cero, sin considerar preexistencias. Ahí es donde está agotada la vanguardia, y donde se palpa la frustración de artistas y arquitectos; es imposible empezar de cero, sin tener en cuenta las preexistencias, en la medida que las preexistencias de ahora son las más altas cotas de originalidad dadas por el hombre desde el manierismo (que redefinió la ortodoxia vitruviana y abrió el camino al Barroco y Neoclasicismo).
sábado, 14 de marzo de 2009
Zaha Hadid y la Teoría del valor de las ruinas







domingo, 31 de agosto de 2008
Conversaciones en torno al clasicismo (VII)
PD1: Las viviendas de Pruitt-Iggoe, de M. Yamasaki, se proyectaron el los años 50 como paradigma del Urbanismo y vivienda colectiva de la Modernidad, pero fueron demolidas en 1972 por los altos índices de criminalidad y vandalismo que sufrían sus habitantes.
PD2: Todos recordamos los cambios que ha sufrido el actual proyecto de la Plaza de la Encarnación, desde las gráciles macrolepiotas metálicas hasta los pesados champiñones de hormigón revestidos de madera, por no hablar del supuesto tongo del concurso y la oposición simultánea de varias instituciones públicas (si mal no recuerdo Patrimonio, Economía y Medio Ambiente) y asociaciones de vecinos (los comerciantes dieron el visto bueno porque están DESESPERADOS tras 35 años de sede provisional). Desde mi punto de vista es un proyecto que no resuelve necesidades por cuando lo principal, que era crear un mercado, se obvia para potenciar las cubiertas, completamente innecesarias e inexistentes en el programa. Cualquiera de las propuestas presentadas daba mejores respuestas a las necesidades reales que la ganadora. Se eligió un proyecto extravagante buscando crear una Sevilla Moderna que al final ha resultado ser, una vez más cateta, por cuanto espera de los champiñones el mismo resultado que obtuvo París con la Torre Eiffel.
PD3: EL centro de visitantes de Baelo Claudia de Vazquez consuegra es uno de los edificios públicos que más opisición popular ha recibido, hasta el punto que se han organizado varios sabotajes. Si bien el resultado final es mucho más suave que el bunker de hormigón que ha señoreado durante unos años la Ensenada de Bolonia, resulta demasiado grande para el conjunto arqueológico y su entorno.
Conversaciones en torno al clasicismo (VI)
Si bien las primeras propuestas "experimentales" funcionaron a corto plazo, pronto se revelaron insuficientes cuando se aplicaron de forma masiva. Es decir, los principios rectores de la carta de Atenas sólo funcionan en el caso de existir la utópica sociedad moderna que se esconde tras sus propios principios.
Yo señalaría como causas más relvantes de su fracaso las siguientes:
- Considerar la ciudad y la vivienda como una máquina, atendiendo estrictamente a aspectos funcionales, maquinistas y fisiológicos. Esto a la larga acaba provocando la alienación de los usuarios de esos entornos, ya que los lugares que se generan son tan fríos y rígidos como las máquinas en las que se inspiran.
- Las propuestas derivadas de la carta de Atenas son, como ya deciamos antes, plenamente efectivas en el supuesto de existir la sociedad para la que estaban proyectadas. A ojos de la realidad del momento, esas propuestas parecían demasiado inocentes y candorosas, y en ocasiones fueron usadas hasta la saciedad y desvirtuadas por especuladores que buscaban el beneficio rápido. Aprovechando los principios de puerza ornamental y funcionalismo de la carta de Atenas y el Movimiento Moderno en general, se construyeron inmensas barriadas mal equipadas que con el paso del tiempo se convirtieron en focos de marginalidad y delincuencia, como fue el caso de Pruitt Igoe.
Como conclusión podemos decir que la carta de Atenas fracasa por no ser capaz de crear entornos urbanos generadores de vida pública. La mejora de las condiciones de habitabilidad de las viviendas, así como la gran concentración de población de diversas procedencias, iniciaron un proceso de introspección y aislamiento hacia el interior de la vivienda en detrimento de la vida pública. Y sin vida pública que use, respete y conserve el espacio público, la carta de Atenas simplemente deja de tener sentido.








