miércoles, 17 de agosto de 2011

Clasicismo e Industria (I): Reflexiones sobre el paisaje industrial ideal

La revolución industrial y la estética maquinista que ésta conlleva es uno de los puntos de partida de las Vanguardias en general y del Movimiento Moderno en particular. Fascinados por sus formas puras, funcionales y utilitarias, arquitectos y diseñadores olvidaron las jerárquicas y ornamentadas formas del pasado e inauguraron una nueva era con el convencimiento optimista de que las máquinas ocuparían todos los aspectos materiales y espirituales de la vida de los seres humanos. 


Desde la década de 1920 la arquitectura civil copia la estética de las primeras fábricas, dominando el panorama arquitectónico hasta la crisis del Movimiento Moderno más de cincuenta años después. Pero mientras escuelas, hospitales, oficinas e incluso viviendas adoptaban la estética industrial, las propias industrias abandonaron gradualmente las formas puras que encumbraron a la modernidad y sucumbieron ante soluciones estandarizadas y económicas. Exceptuando algunos casos, la estructura de acero o de hormigón prefabricado con cubierta a dos aguas se convirtió en el patrón habitual de las zonas industriales. Reducidas por tanto a un conjunto de prefabricados repetidos tantas veces como sea necesario, se convirtieron en áreas monótona, sin estética y casi sin vegetación. 

Este ejercicio de proyectos IV es una reflexión sobre el paisaje industrial ideal. Se toma como referencia una zona industrial en Conil de la Frontera (España), cerca de la Carretera Nacional 340. Consiste en seis manzanas donde se colocan dos tipos de edificios industriales: tipo A (10 x 40 metros) y tipo B (20 x 40 metros). Ambos se alternan permitiendo una diversidad de actividades en función de su tamaño. 

Nave industrial tipo A: 10 x 40 m

Nave industrial tipo B: 20 x 40 m

La estructura es metálica y los muros pueden ser de paneles prefabricados o cerramientos de ladrillo. Una serie de aperturas cenitales permiten la iluminación directa del interior, que se complementan con la que entra por las ventanas de la fachada. 

Las fachadas son de ladrillo visto, un material asociado a este tipo de arquitectura desde la revolución industrial. Para dar nobleza a la zona se decidió ordenar las fachadas con un orden toscano, cuya rusticidad nos pareció adecuada para el tipo de actividades industriales que albergaría (por analogía el tipo de arquitectura que Serlio recomendaba para las actividades agrícolas). El diseño se inspira además en la arquitectura romana de los Mercados de Trajano, Ostia y la temprana arquitectura industrial española.
Mercados de Trajano, Via Biberatica (Roma, Italia, 107-110 d. C.) Arq. Apolodoro de Damasco.

Horrea Epagathiana. (Ostia, Italia, h. 150 d. C.)

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