jueves, 14 de febrero de 2013

Mayor seguridad requiere mejor espacio público.



El profesor Martín Marcos nos envía el siguiente artículo de opinión:

¿Es posible sumar desde otra mirada disciplinar a un problema tan complejo y urgente? ¿Un buen espacio público puede inducir comportamientos sociales y hacer más segura una ciudad? Algunos sostienen que reparar rápido las “ventanas rotas” y volver a pensar la calle son la mejor política preventiva. 

En 1969 Philip Zimbardo, profesor de la Universidad de Stanford, realizo un experimento en el marco de sus investigaciones sobre psicología social. Estacionó un automóvil sin patente con el capot levantado en una calle del descuidado Bronx de Nueva York; y otro similar en una calle del rico barrio de Palo Alto, California. El automóvil del Bronx fue atacado en menos de diez minutos. Su  aparente estado de abandono habilitó el saqueo. El automóvil de Palo Alto no fue tocado por más de una semana. Luego Zimbardo dio un paso más, rompió una ventana con un martillo. De inmediato los transeúntes comenzaron a llevarse cosas. En pocas horas, el auto había sido totalmente deteriorado. En ambos casos muchos de los saqueadores no parecían ser gente peligrosa. La experiencia, que derribó más de un prejuicio, habilitó que los profesores de Harvard George Kelling y James Wilson desarrollaran en 1982 la Teoría de las Ventanas Rotas: “Si una ventana rota se deja sin reparar, la gente sacará la conclusión que a nadie le importa y que el lugar no tiene quien lo cuide. Pronto se romperán más ventanas, y la sensación de descontrol se contagiará del edificio a la calle, enviando la señal de que todo vale y que allí no hay autoridad”. 

A raíz de ello Kelling fue contratado –mucho antes de Rudolph Giuliani y sus controvertidas políticas de “tolerancia cero”– como asesor del subte de Nueva York, donde reinaban la inseguridad y el delito. Su primer desafío fue convencer al progresista alcalde de la ciudad, el demócrata Ed Koch, que la solución no era poner más policía y hacer más arrestos, como la mayoría reclamaba, sino limpiar e impedir sistemáticamente los graffitis en los vagones, hacer que todo el mundo pague su boleto, y erradicar el vagabundeo en el subte. Pese a la lluvia de críticas, la transformación del Metro de Nueva York comenzó mediante símbolos y detalles concretos, pero muy visibles, que restablecían el orden y la autoridad. Hasta el afamado diseñador Massimo Vignelli, autor de la señalización, resolvió invertir los colores de sus carteles a tipografía blanca sobre fondo negro para desalentar a los graffiteros. Hoy es un modelo de espacio público seguro y eficiente; y un emblema que los neoyorquinos no están dispuestos a volver a poner en riesgo. 

La idea es sencilla pero poderosa: Las malas costumbres se contagian rápido; pero las buenas, con esfuerzo y continuidad, pueden desplazarlas. ¿Cuantas cosas a nuestro alrededor están en estado crítico por nuestra indiferencia ante el primer síntoma de que algo no estaba bien? ¿Cuántas ventanas rotas vemos por día? Se trata de marcar los límites y evidenciar malas prácticas y hábitos con estrategias situacionales y preventivas que involucren tanto a las autoridades como a la comunidad en una resolución participativa de los problemas. Pero también reivindicar el rol del Estado en la regulación y control de un ámbito donde siempre debe privilegiarse el interés general por sobre cualquier apropiación particular –pequeña o grande- por mas justificada que sea. A diferencia de lo que muchos sostienen desde una errónea perspectiva libertaria, la convivencia democrática en el espacio público exige restringir la libertad individual para maximizar su buen uso y el disfrute colectivo.
Algunas de las ciudades más exitosas en esta materia han salido de sus espirales de deterioro conjugado la planificación proactiva con alta calidad de diseño, materiales y construcción;  sumado a la instalación de una cultura de la higiene urbana y el mantenimiento constante; o como le gusta decir al ex-alcalde de Curitiba, Jaime Lerner: “Obsesión por la acupuntura urbana”. 
Una de las primeras en señalar estas cuestiones fue Jane Jacobs, famosa y polémica militante por los derechos civiles en Nueva York. Inicialmente ridiculizada por los tecnócratas del urbanismo moderno, hoy es reivindicada y citada hasta por el propio presidente Obama. En su libro “Muerte y vida de las grandes ciudades” (1962) va a rescatar las ricas preexistencias de la ciudad multifuncional, compacta y densa donde la calle, el barrio y la comunidad son vitales en la cultura urbana. “Mantener la seguridad de la ciudad es tarea principal de las calles y las veredas”. Para ella una calle segura es la que propone una clara delimitación entre el espacio público y el privado, con gente y movimiento constantes, manzanas no muy grandes que generen numerosas esquinas y cruces de calles; donde los edificios miren hacia la acera para que muchos ojos la custodien. 

Como plantea la ONU: “El futuro de la humanidad y del planeta depende de tener mejores ciudades”. Sabemos que replegarnos al espacio privado, o huir al insustentable urbanismo difuso de las periferias no es solución y agrava el problema. Nuestra “calidad de vida” no puede depender de ghettos custodiados por murallas, alarmas y ejércitos privados. Por eso reducir la inseguridad y los niveles de temor es tan prioritario como hacerlas más eficientes, integradas y creativas. Debemos volver a mirar el espacio público como el corazón de la vida moderna; su diseño, su uso, su gestión y nuevas funciones. Invertir nuestra habitual lógica proyectual y definir los sólidos solo a partir de una clara toma de partido sobre que vacíos queremos. Desde allí repensar la calle, la plaza, el parque; el arbolado y el paisaje urbano, aquello que nos permite construir identidad y experimentar el encuentro, el intercambio y la diferencia. “Un sitio se hace lugar solo cuando nos apropiamos culturalmente de él”, diría Heidegger. 

Recientes investigaciones demuestran que estas correspondencias entre diseño urbano, comunidad y espacio público son complementos ideales para la implementación de una política de seguridad consistente. Bill Hillier, Profesor de la Universidad de Londres, desde su Laboratorio de Sintaxis Espacial investiga y mapea los flujos entre delito, lugares y población. Millones de datos relevados y años de análisis le han permitido concluir, igual que Jacobs, que la ciudad compacta y densa es más segura que los barrios residenciales de baja densidad. Las zonas especializadas o mono-funcionales con poca presencia de viviendas -que pierden vitalidad y peatones a cierta hora- tampoco son recomendables. La calle vuelve a ser clave y recomienda anchos acotados -no sobredimensionarla- y tejido compacto mediante edificios que conformen una grilla con buena densidad poblacional. Las torres exentas con rejas o paredones hacia la calle y los shoppings endogámicos que se aíslan del espacio público, no ayudan. Lo ideal: Manzanas con comercios en planta baja y  edificios de departamentos en los pisos superiores, conformando calles y barrios animados y heterogéneos que mezclen distintos tipos de gente y actividades; desde educativas, culturales, e institucionales, hasta comerciales, turísticas y productivas ambientalmente compatibles. 

La problemática de la seguridad debe ser parte de la normativa urbanística y de los retos iniciales del proyecto, la arquitectura y la obra pública. Las angustias e imposibilidades actuales nos desafían a exigir e innovar desde otras lógicas, con mayor participación y menos especulación. Tal vez desterrar lo que Luis Fernández Galiano denomina “arquitectura urbicida” -aquella que responde más al ego y/o a una oportunidad de negocio que a hacer mejor ciudad- sea un buen comienzo.



Martín Marcos. Arquitecto y urbanista. Profesor Titular de la Facultad de arquitectura, diseño y urbanismo, Universidad de Buenos Aires (FADU UBA).

martes, 12 de febrero de 2013

El “pocero” de Pímlico


Dos formas muy diferentes de reconocer la labor de los promotores de un barrio:
Izquierda: Acceso al Residencial Francisco Hernando en Seseña. Fuente: The Global Mail. El propio promotor da nombre al conjunto urbano que construye.
Derecha: Monumento a Thomas Cubitt (1788-1855) en el barrio de Pimlico, Londres. Fuente: Wikimedia Commons. La ciudad levanta un monumento al promotor del barrio 140 años después de su muerte.

Durante los años boyantes de la burbuja inmobiliaria en España se gestaron una serie de modelos urbanísticos que, tras el pinchazo de la misma, empiezan a revelar su ineficiencia. Estos modelos podrían resumirse en dos casos bien conocidos en la meseta castellana: Seseña y el Plan de Actuación Urbanística (PAU) del barrio de Vallecas en Madrid. Si bien ambos obedecen a un patrón básico de edificios de varias alturas sobre una planta en damero, y con los servicios propios de una “ciudad dormitorio”, desde el estamento arquitectónico se ha demonizado Seseña como símbolo de todos los vicios de la especulación, y encumbrado PAU Vallecas (así como PAU Sanchinarro) como cúmulo de virtudes de una nueva arquitectura española concienciada en lo social a la vez que abierta a la experimentación y la sostenibilidad. Pero transcurridos los años prósperos, ambos ensanches urbanos languidecen ante la falta de ocupación y la carencia de servicios. Su supuesta sostenibilidad altamente dependiente de la tecnología los convierte en edificios caros de mantener. Teniendo en cuenta que muchas de esas viviendas son de protección social, es de suponer que con el paso de los años sus propietarios no puedan costear el mantenimiento de tan costosa génesis proyectual y el complejo acabe decayendo hasta convertirse en un foco de marginalidad al estilo de Pruitt Iggoe, cuya demolición en 1972 marca simbólicamente el fin del Movimiento Moderno.

Ante ese panorama, ni el vicio de la especulación ni la virtud de la misma disfrazada de modernidad y sostenibilidad se revelan capaces de dar una respuesta viable al reto que supone cualquier ampliación de la ciudad. Las opciones que buscan una nueva utopía urbana y social mediante revoluciones y asamblearismos tampoco nos parecen bien encaminadas, toda vez que en la mayoría de ocasiones se limitan a revisar los postulados de la modernidad y a actualizar su estética. Habría por tanto que buscar un ejemplo histórico que hubiera sido capaz de crear una trama urbana y una arquitectura con la suficiente potencia y coherencia como para haber superado las vicisitudes de los tiempos y llegar a nuestros días como ejemplo a seguir.

Aunque en España tenemos ejemplos de hermosos ensanches decimonónicos y sea muy reseñable la labor de la Dirección General de Regiones Devastadas tras la Guerra Civil, en esta ocasión queremos mostrar un caso foráneo en el que trama urbana y arquitectura generan un entorno habitable y socialmente sostenible. Nos referimos al barrio de Pímlico en Londres, construido en los años centrales del siglo XIX siguiendo un patrón arquitectónico común.

La urbanización de Pímlico, junto con la del vecino barrio de Belgravia, se debe a los deseos de Richard Grosvenor, Segundo marqués de Westminster (1795-1869), propietario de los terrenos con cuya promoción obtuvo pingues beneficios que lo convirtieron en una de las personas más ricas de su tiempo. El marqués encargó el proyecto a Thomas Cubbit (1788-1855), miembro de una familia de arquitectos y constructores entre los que estaba su hermano Lewis (1799-1883), arquitecto de la estación de King Cross (1851).

Antes de su desarrollo, Pímlico era una zona de huertas sobre la que Cubbitt dispuso una malla que se adapta al contorno del Támesis y a caminos existentes. Dos grandes plazas ajardinadas de uso semiprivado (Eccleston Square y Warqick Square) y tres iglesias (Santiago el Menor, S. Gabriel y S. Salvador) completan los equipamientos necesarios para la época, que con el tiempo se irían ampliando. Sobre las parcelas resultantes se edificarán viviendas de dos y tres alturas con patio inglés (sótano rehundido) que siguen un patrón compositivo uniforme y eficaz.

 Pimlico en 1827. Fuente: Wikimedia Commons.

 Pimlico hacia 1863, concluido según los diseños de Cubitt. Fuente: Hobhouse, Hermione. Thomas Cubitt, Master Builder. Londres, 1995.

Fotografía aérea de Pimlico en la actualidad. Fuente: Flickr.

 Pimlico en la actualidad. El tejido urbano apenas se ha visto alterado, con excepción de los solares resultantes de los bombardeos alemanes en la Segunda Guerra Mundial. Fuente: English Heritage

Las parcelas suelen ser estrechas, con dos huecos al exterior y un pórtico de orden toscano que precede la entrada. Las molduras que rodean los huecos se van haciendo más sencillas a medida que subimos de nivel y la última planta suele ser un bajo cubierta con mansarda más o menos elaboradas. Lejos de parecer un conjunto monótono, pequeñas variaciones en columnas, entablamentos y molduras dan variedad al conjunto urbano, que se conforma así como diverso en la unidad. Esto era algo por lo que se clamaba desde la teoría arquitectónica francesa de la Ilustración, tipificada perfectamente en los escritos de Durand y Laugier sobre los conjuntos urbanos. Además, tanto las calles principales (St. George's Drive y Belgrave Road) como las parcelas que rodean las plazas, muestran un desarrollo compositivo más elaborado al ir destinadas a propietarios más pudientes.

 Alzado tipo de las calles de Pimlico. Fuente: Guía de diseño de Pimlico

 Alderney Street, Pimlico, Londres. Fuente: Flickr

 Eccleston Square,  Pimlico, Londres. Fuente: Flickr.

 Gloucester Street,  Pimlico, Londres. Fuente: Flickr.

 St. George's Drive,  Pimlico, Londres. Fuente: Flickr.

 Warwick Square,  Pimlico, Londres. Fuente: Flickr. 

Winchester Street,  Pimlico, Londres. Fuente: Flickr.

De hecho, los mapas de la pobreza de Londres siempre mostraron Pímlico como un barrio de clase media, a diferencia del vecino barrio de Belgravia, habitado por la alta burguesía del momento y a día de hoy una de las zonas más exclusivas de la ciudad. Belgravia también fue construida por Cubitt, si bien su carácter más lujoso se sale de nuestro propósito de mostrar un desarrollo urbano proyectable dentro del clasicismo y que resulte eficiente y asequible.

Mapa de la pobreza de Londres de 1889, por Charles Booth. Fuente: Charles Booth's 1889 Descriptive Map of London Poverty. En el barrio predominan los colores rojo y rosa, pertenecientes a la clase media. 

De esta eficiencia es muestra el fuerte carácter del barrio (referido en ocasiones como "Pimlico grid", la "malla de Pímlico"), que fue objeto incluso de la comedia de "Pasaporte a Pimlico" (1949), en la que sus habitantes se declaran borgoñones y se independizan de Reino Unido.

Cartel de la película "Pasaporte a Pimlico" (1949). Fuente: Wikimedia Commons.

Como recuerdo a su promotor, la ciudad agradecida levantó monumentos tanto a Lord Gorsvenor como a Thomas Cubitt, mostrando al primero con el plano de los barrios que promovió y al segundo con objetos propios de su doble oficio como arquitecto y constructor. Toda una lección de la historia que habría que comparar con los monumentos que adornan las calles de Seseña y PAU Vallecas.

 Esculturas a Thomas Cubitt en Pimlico (Escultor: William Fawke, 1995) y Lord Grosvenor en Belgravia (Escultor: Jonathan Wilder, 1998). Fuente: Wikimedia Commons.

"Árboles artificiales" en el Eco Bulevar de Vallecas. Fuente: Wikiarquitectura.

Frente a las pretensiones de promotores y arquitectos modernos, unos movidos por la obtención del máximo lucro, otros movidos por unas utopías sociales y estéticas que hacen tabula rasa con la historia y la tradición para emprender una dudosa huida hacia delante, el carácter sosegado de la arquitectura y el urbanismo de Pimlico nos muestra cómo es posible crear variedad desde la unidad del clasicismo así como un entrono urbano agradable y fuertemente vinculado a sus habitantes.

Para saber más:


domingo, 10 de febrero de 2013

Monumentos para (mucho) después de una guerra

RAF Bomber Command Memorial. Londres, Green Park.
Arquitecto: Liam O'Connor.
Año: 2012

Memorial de los bombarderos de la RAF (2012); exterior desde Green Park. Fuente: Fundación de la Real Fuerza Aérea

La construcción de memoriales de guerra es tan antigua como la guerra misma. Los trofeos y monumentos romanos a las victorias militares se convirtieron en el modelo a seguir por todos los gobernantes europeos durante siglos: obeliscos, pirámides, trofeos honraban los logros bélicos de las monarquías. Los caídos y las derrotas se honraban desde el ámbito religioso, pero con el surgimiento de la exhalación nacional tras la Revolución Francesa y las Guerras Napoleónicas, empiezan a construirse monumentos que no sólo honran las victorias sino también a los caídos en combate como símbolo de los que luchan por la libertad e independencia de la nación. Tras las dos Guerras Mundiales se construyen numerosos monumentos en los que se empieza a honrar a grupos e individuos concretos ya no como defensores de la libertad sino como víctimas del conflicto. De esta forma la exaltación nacional pasa por el respeto y el recuerdo de los caídos, evitando implicaciones bélicas más allá del valor de los soldados, pues también se honra a los civiles como víctimas de la barbarie de la guerra.

Mientras que los memoriales del periodo de entreguerras siguieron el patrón tradicional inspirado en Roma, el triunfo del Movimiento Moderno tras la Segunda Guerra Mundial abrió el camino hacia monumentos más abstractos y conceptuales. La honra a los caídos dejó de mostrarse a través de la iconografía clásica y se opta por esculturas basadas en prismas puros únicamente rotos por los nombres de los caídos o un texto conmemorativo. La caída de la Unión Soviética y el cincuentenario de la Segunda Guerra Mundial propició la construcción de nuevos memoriales dedicados a las víctimas. El Monumento a los judíos de Europa asesinados, obra de Peter Eisenman e inaugurado en Berlín en 2005, podría considerarse como una obra típica de los memoriales construidos mucho después de una guerra.

Frente a esa concepción que parece más preocupada en la búsqueda macabra de una experiencia horrible que en la honra de las víctimas y la concordia de la paz, el arquitecto Liam O'Connor ha proyectado un edificio en el centro de Londres dedicado a los aviadores de la Real Fuerza Aérea Británica que murieron en combate durante los bombardeos aliados a las ciudades alemanas durante la segunda Guerra Mundial. Si bien la actuación de los aliados fue más que cuestionable tanto por la pérdida de vidas humanas como por la destrucción sistemática del tejido urbano alemán, el monumento honra por igual a los aviadores caídos en acto de servicio como a las víctimas producidas por dichos bombardeos, fomentando la concordia anglo-franco-germana en la que se ha fundamentado la construcción de la Unión Europea.

El edificio es un sencillo pabellón rectangular de orden dórico griego con una columnata del mismo orden a ambos lados rematados por unos pilonos a modo de luminarias. Al interior se accede a través de un pórtico hexástilo ligeramente empotrado en el muro (aproximadamente 1/3 de su diámetro), donde pueden apreciarse varias inscripciones conmemorativas así como un gran grupo escultórico del escultor Phillip Jackson que representa a un grupo de jóvenes aviadores de vuelta de una misión.

 Vista exterior del memorial desde Hyde Park Corner. Fuente: The guardian.

 Extremo de las columnatas. Fuente: Diario de la vida de un arqueólogo.

Inauguración de la escultura por parte de la Reina Isabel II. Fuente: Daily Mail

El orden dórico cumple perfectamente su misión de crear un continente robusto, sobrio y digno que se integra perfectamente en el entorno de Green Park y los edificios clásicos que lo rodean. Es cierto que el orden empleado no es un dórico puramente griego y que la ausencia de triglifos y la cornisa superior han sido objeto de críticas, algo habitual por quienes juzgan el clasicismo bajo una óptica en exceso purista pero que no deja de ser una mala interpretación de Vignola. Quizá habría a ese respecto que recordar las palabras que José Ortiz y Sanz dedicara al asunto en el prólogo de su edición de Palladio de 1797:

“Podrán hallarse algunas subdivisiones en aquellos grados ú Ordenes, v. gr. entre Dórico y Jónico, ó entre este y el Corintio: pero tales grados nunca podrían constituir nuevo carácter, ni mudar la esencia de los Ordenes establecidos, y solo versaría sobre los ornatos y cosas accidentales. Los triglifos, por exemplo, son el distintivo principal del Dórico: pero aunque no los tenga será Dórico el Orden cuya columna tenga Dórico el capitel, dimensiones y demás miembros de aquel Orden. Nadie duda sea Dórico el hermosísimo pórtico elíptico que levantó Bernini en la gran plaza del Vaticano, sin embargo de que no le puso triglifos.”

Palladio, Andrea. Los Cuatro Libros de Arquitectura de Andrea Palladio, Vicentino. Traducidos e ilustrados con notas por Don Joseph Francisco Ortiz ySanz, Presbítero. Imprenta Real. Madrid, 1797. Página XV

Casa de los Guardas en Hyde Park Corner. Fuente: Flickr
Situada a escasos metros, ambos edificios comparten el orden dórico como elemento común, facilitando el diálogo y la integración en el paisaje urbano del nuevo memorial. 

domingo, 20 de enero de 2013

Alejandro Zaera “indulta” un edificio histórico en Locarno.

Indulto a un toro. Fuente: Aplausos.es

En tauromaquia, se conoce por indulto al perdón que se concede a aquellos toros que durante la corrida han destacado por su porte y bravura. Aclamado por el público o el propio torero y con la conformidad del mayoral de la ganadería, el presidente de la corrida concede el indulto y el animal es trasladado de nuevo a la dehesa, donde termina sus días como semental para el mantenimiento y mejora de la raza taurina. 

De un modo similar podemos decir que ha obrado el arquitecto Alejandro Zaera Polo al presentar su propuesta para el concurso del Palacio del Cine de la localidad suiza de Locarno, la cual ha resultado ganadora del mismo. Mientras que la mayoría de las propuestas han optado por despreciar el edificio existente, bien demoliéndolo o mutilándolo severamente, Zaera ha decidido conservar la mayor parte del edificio como semilla a partir de la cual germina su propuesta. 

El edificio así “indultado” fue construido entre 1892 y 1894 por el arquitecto Ferdinando Bernasconi Senior (1867-1919), siendo la primera obra de este arquitecto que alcanzaría importancia local (en 1902 construiría el teatro de la ciudad). El edificio proyectado por Bernasconi, destinado a escuelas, consta de tres cuerpos dispuestos a un patio abierto; sus fachadas norte y este mirando hacia la ciudad histórica y el patio abierto hacia los terrenos en los que la ciudad estaba expandiéndose en esos años. El Palazzo Scolastico se organiza a través de corredores abiertos hacia el patio que comunican las aulas que miran hacia el exterior, siguiendo una tipología bastante común y económica para la época, que también se traduce en la austeridad clásica de las fachadas. Entre 19301 y 1931 los arquitectos Silverio Rianda y Gianpiero Respini cerraron el patio con un nuevo volumen en su lado oeste que se convertiría en la nueva fachada principal. Este volumen supera en altura a la edificio inicial y añade prestancia al conjunto con su primer cuerpo almohadillado y su balcón a la manera de los palacios renacentistas italianos. 

El informe previo elaborado para las autoridades de Locarno aconseja la puesta en valor de los edificios de finales del siglo XIX como parte integrante del tejido de la ciudad; sin embargo, el programa previsto hace complicada la conservación del edificio y estudio advierte de la ruptura de la trama histórica. 

De los 107 inscritos al concurso, 83 presentan propuestas; el jurado va descartando en varias sesiones hasta quedarse con 10 menciones, de las cuales la de Zaera resulta ganadora. 

Vista desde la Plaza Remo Rossi y vista aérea de la propuesta ganadora. Fuente: Alejandro Zaera Polo, via Hic Arquitectura
En palabras del jurado: 

"El proyecto cualifica en primer lugar el mantenimiento y mejora del edificio existente. El autor, después de reconocer la importancia y el carácter especial de la construcción y la evaluación de la voluntad general de conservación, decide reutilizarlo. El jurado valora el entorno urbano del proyecto, que propone el mantenimiento de la plaza Rossi en su estado original (…) El Palacio de las escuelas asume una nueva identidad, capitalizando el valor del afecto que evoca el histórico edificio. (…)" 

"Muy interesante es el pragmatismo inteligente que muestra la posibilidad de incluir el programa, complejo y heterogéneo en la estructura existente. Convence la idea de proponer el cine en el centro de la construcción, la transformación el patio de la escuela en una especie de ópera del siglo XIX. Inteligentes y especialmente apreciado la idea de mantener íntegramente, tanto en su forma y estructura de las alas, el este y el oeste y el norte y el sur fachadas. La ruta propuesta a lo largo de la fachada norte, que le permite mantener las ventanas en su estado original es de agradecer (…). El jurado considera interesante la idea del color blanco en las fachadas, pero cree que debe insistirse en el tema. El hall de entrada está configurado correctamente, pero el acceso a la sala principal no es convincente, el jurado es especialmente crítico con la disposición de las escaleras en la entrada que necesita ser repensado (...)." 

"(…) Desde el punto de vista energético, el mantenimiento del edificio es interesante, incluso teniendo en cuenta la energía gris, es decir, la energía inherente a la construcción del mismo (...)."

"En conclusión podemos decir que el proyecto PARDO D'ORO es una excelente solución que combina muy bien el deseo de novedad y el deseo de preservación." 


Y en palabras del propio arquitecto: 


"Nuestra propuesta para el futuro Palacio del Cine de Locarno tiene por objeto desarrollar el proyecto a partir de una serie de consideraciones específicas, tanto de la institución y su situación particular dentro de Locarno. Entendemos que el Palacio del Cine de Locarno pretende convertirse en una institución líder en la industria del cine internacional, y por lo tanto, consideramos que el edificio debe tener una presencia significativa en el paisaje urbano actual, convirtiéndose en un nuevo referente para la ciudad y se centra en la creación de un nueva identidad para el futuro de ambos, el Palacio y su espacio público resultante." 


"(…) a la hora de concebir nuestra propuesta para el futuro Film Centre en Locarno (Palazzo del Cinema en Locarno), hemos tratado de evitar la idea de que la arquitectura pública tiene que hacer gestos extravagantes para mantener nuestras ciudades ámbito público. Por el contrario, nuestra propuesta se guía por los principios de economía, tratando de capitalizar la simpatía pública hacia el edificio para proporcionar una identidad arquitectónica para el nuevo complejo de cines en Plaza Remo Rossi. Hay dos intenciones principales que guía nuestro proyecto: 

- Economía de recursos. La intención de reciclar la ciudad tradicional. En momentos en que los recursos energéticos son cada vez menores y el cambio climático se ha convertido en un problema crucial para nuestras ciudades, habría sido irresponsable desechar el edificio existente con el fin de construir uno nuevo, con el correspondiente gasto de recursos vitales. El reciclaje urbano es la estrategia más adecuada para esta intervención. La revitalización de la Plaza Remo Rossi como un espacio urbano público asociado con la nueva función del edificio como nuevo Centro de Cine de Locarno es también una parte importante de la estrategia. No creemos que la construcción de un edificio totalmente nuevo será más económica que la remodelación del antiguo edificio (…). 

- La consolidación y renovación de la identidad pública del Palacio del Cine de Locarno. Es nuestra intención de capitalizar el reconocimiento público hacia el edificio de la escuela y la Plaza Remo Rossi con el fin de proveer de una fuerte identidad a las nuevas instalaciones previstas en la zona. Pero el edificio tiene que asumir la representación de su nueva función como centro de la cultura cinematográfica internacional con una presencia distintiva, a la vez que se consolida en el tejido urbano existente. (...) Creemos que un tratamiento superficial de las fachadas permitirá una renovación eficaz de la estructura."


Resulta cuanto menos curioso que estas palabras vengan del arquitecto de la Terminal de pasajeros Yokohama, un edificio “icónico” que ha alentado por igual el “efecto Guggenheim” e interminables discusiones bizantinas. Los valores que se traslucen de su propuesta contradicen la arquitectura de la obra de Yokohama y semejante cambio en la actitud del arquitecto se entienden al comprobar su trayectoria profesional, ya que en 2011 se desligó de FOA (Foreign Office architects, su anterior firma) para fundar AZPA (Alejandro Zaera Polo Architects). Zaera ha sabido obrar con astucia y ha adaptado su discurso a la nueva realidad que nos ha traído la crisis que sufrimos: los proyectos grandilocuentes, los alardes experimentales, empiezan a quedar relegados en el olvido y muchos arquitectos (y los jurados que aprobaban dichos proyectos) que antes alababan las formas bulbosas o los pliegues fluidos ahora están concienciados de que esa vía no era la adecuada. Frente a la búsqueda de nuevos iconos urbanos que destaquen más por la alteración de la forma urbana que por su armonía dentro de la misma, este proyecto ganador ratifica el camino de una vía intermedia ya existente en la que la ruptura con el pasado se minimiza (pero sigue siendo evidente). Algo por lo que siempre han abogado arquitectos como Leon Krier e instituciones como INTBAU



Axonometría, Alzados y plantas del edificio en su estado actual y la propuesta del arquitecto. Fuente: Alejandro Zaera Polo, via Hic Arquitectura

Como hemos dicho, la ruptura con el pasado, a pesar de ser mínima, sigue siendo evidente en la nueva cubierta, que se superpone con pesadez al edificio para permitir una planta más. Con ello consigue condensar todo el programa en el área del edificio, pero lo priva de su cubierta tradicional, lo cual sería lógico si se hubiese vaciado por completo el edificio. Una propuesta en plena coherencia con la trama urbana en planta, alzados y volumetría, hubiera buscado una solución más discreta de cubierta tradicional con buhardillas o lucernarios. El tratamiento exterior propuesto rompe por otra parte toda jerarquía compositiva, de ahí que el jurado no se haya mostrado de acuerdo con la ruptura de una variedad cromática que permite entender el funcionamiento del edificio: los accesos y partes nobles siguen siendo los mismos, a excepción del enorme valor concedido a la solución de cubierta, que es donde el arquitecto hace uso de las prerrogativas concedidas por el artículo 9 de la carta de Venecia referente a las alteraciones contemporáneas de edificios históricos. 

Además el arquitecto prescinde de las crujías este y oeste del edificio, reaprovechando las otras dos, algo lógico teniendo en cuenta el cambio de programa e incluso loable dada la comodidad con la que otros arquitectos prescinden del edificio histórico y hacen uno nuevo a su medida. Si la escalera del cuerpo principal tuviera algún interés arquitectónico o espacial podría haberse colocado en el vestíbulo y solucionar con más gracia que las desafortunadas escaleras mecánicas que lo dan un aspecto de centro comercial. Al arquitecto no le habrían faltado ejemplos en Londres o en su Madrid natal si hubiera sabido dónde buscarlos. 

Quién sabe si con este fallo del jurado se puede abrir una puerta hacia el respeto y mantenimiento del tejido y tipologías de la ciudad tradicional, huyendo de estridencias que, pasados los años, únicamente revelan ser modas pasajeras que envejecen mal.

Para saber más:



martes, 6 de noviembre de 2012

Chelsea Barracks - El Pueblo y el Príncipe contra la Arquitectura Moderna


Chelsea Barracks es el nombre que recibe una manzana del distrito londinense de Kensington y Chelsea, próximo al hospital homónimo. El primer conjunto de edificios fue construido en la década de 1860 como alojamiento para dos batallones de tropas, y fue demolido en la década de 1960 para albergar dos bloques de hormigón que serían nuevamente demolidos en 2008. En ese momento Lord Richard Rogers propuso un gran proyecto moderno que se encontró con la oposición tanto del príncipe de Gales como de una buena parte de la sociedad británica. Quinlan Terry realizó una contrapropuesta que no llegó a realizarse, si bien el actual proyecto sí ha tenido en cuenta las demandas de la sociedad y se adapta al tejido histórico del barrio de mejor forma que el brutal proyecto de Lord Rogers.

Para saber más:


El príncipe tenía razón. Ahora los arquitectos deben oírle.

Proyecto de Lord Richard Rogers.

Proyecto de Quinlan Terry.

Proyecto actual, de Squire & Partners. Fuente: Londonist.