jueves, 11 de febrero de 2010

Pervivencia del entablamento dórico de madera

En la entrada “Origen del entablamento dórico según Giovanni Antonio Rusconi”, elblogdelosmudos preguntó si aún hoy conservamos ejemplos de esos primitivos templos en madera. La respuesta es negativa. Los primeros templos de madera, de los que es originario el orden dórico, fueron viendo sus elementos de madera sustituidos por otros de piedra a medida que los diferentes santuarios y ciudades cobraban importancia y prosperaban. Incluso estos primeros templos de piedra fueron sustituidos por otros en época helénica o romana tras algún incendio, terremoto, o simple colapso de la estructura.

Es posible encontrar rastro de algunas cubiertas de madera, como la de la Basílica de San Pablo Extramuros en Roma, construida a finales del siglo IV y desaparecida tras un incendio en 1823 (posteriormente restaurada). Pero correspondían a la estructura de las vigas y no a un entablamento en madera propiamente dicho.

Sección de la Basílica de San Pablo Extramuros según el "Tratado del Arte de Construir" de Jean Rondelet, publicado en París en 1832

Uno de los intentos más exitosos para recrear los primitivos entablamentos de madera se la Iglesia de San Pablo en Covent Garden en Londres, construida por Iñigo Jones entre 1631 y 1633. En palabras de John Summerson:

“(…) está basado en la arqueología palladiana. Se ajusta (aunque con ciertas desviaciones que revelan pericia y sensibilidad) a la interpretación literal que hizo palladio de lo que nos cuenta Vitruvio sobre el orden toscano. Esos aleros imponentes, esas columnas muy espaciadas, son pura arqueología palladiana”.

Summerson, John. El lenguaje clásico de la arquitectura. Ed. Gustavo Gili. Barcelona, 1984. p. 57.

El Orden Toscano según "Los Cuatro Libros de Arquitectura" de Andrea Palladio.

Fachada principal de la Iglesia de San Pablo en Convent Garden, Londres. Inigo Jones (1631-1637)

Plano de Convent Garden en 1686

Con la crisis de la modernidad y el resurgimiento del clasicismo a finales del siglo XX, algunos arquitectos plantean construcciones que, a modo de ejercicio teórico, recuperen esos orígenes vernáculos de la arquitectura clásica.

Demetri Porphyrios, arquitecto griego nacido en 1949 y asentado en Londres, construye en 1981 unos pabellones en una villa de Highgate, en la capital británica.
Demetri Porphyrios. Pabellón en Highgate, Londres (1981)

“Sus pabellones clásicos de Highgate, Londres (1981), en los terrenos de una mansión en falso estilo Tudor, son un ensayo construido sobre los orígenes vernáculos de la arquitectura clásica; comprenden un belvedere, un almacén, un garaje y otros edificios auxiliares. El belvedere consta de una fila de cuatro columnas de ladrillo, sin basas pero con capiteles y un mínimo entablamento en piedra de Pórtland; encima hay una cubierta que es una demostración perfecta de la construcción trilítica, con todas las piezas funcionales de madera que los griegos trasladarían a la piedra decorativa. Los otros edificios son más sutiles, sin columnas, pero con hastiales que están a punto de convertirse en frontones y con molduras a punto de ser piezas de un entablamento, como si el espectador tuviera el privilegio de asistir al nacimiento del clasicismo. En términos modestos, nos recuerdan ese momento que solía escribir Louis Kahn: cuando los muros se separaron y nació la columna”.

Stern, Robert A. M. Clasicismo Moderno. Ed. Nerea. Madrid, 1988.

Con anterioridad, Quinlan Terry había construido en 1974 un pabellón de jardín que enlaza aún más con la idea de la cabaña primigenia como origen de toda arquitectura.

Quinlan Terry. Cabaña primitiva (1974)

La Cabaña primigenia en el "Ensayo sobre la Arquitectura" de Marc Antoine Laugier, publicado en París en 1755.



miércoles, 10 de febrero de 2010

Introducción a la tratadística clásica (y III): El Neoclasicismo

La Ilustración es un movimiento que pretende salir de la crisis del Barroco a partir de un sistema de pensamiento basado en la razón, y está directamente relacionado con la aparición de las academias en Francia. Las Academias eran instituciones fundadas por la Corona para fomentar la difusión del saber, así como la investigación, la innovación. Desde la Querella entre los antiguos y modernos se hacía patente la necesidad por parte de los ilustrados de una revisión filológica del texto de Vitruvio para redefinir en nuevos términos más actualizados los conceptos de clasicidad y belleza. Pero además de una correcta traducción era necesaria una nueva recapitulación de los restos de la antigüedad, ésta última fomentada por la perfección en las técnicas de representación y el grabado. Y esta nueva recapitulación encontrará su fundamento teórico en la obra de Winckelmann (1717 – 1768), padre de la arqueología moderna y de la teoría de la estética. En sus escritos define de manera objetiva y rigurosa el concepto de belleza clásica en arte, que se convertirán en la referencia de la teoría artística del Neoclasicismo. En España, tenemos un magnífico ejemplo en la labor del Padre José Ortiz y Sanz, quien en 1787 realiza una magnífica e insuperable traducción al español de Vitruvio, ilustrándolo con grabados basados en una rigurosa observación directa.

Si Winckelmann es el fundador de la teoría estética moderna, será el abad Marc-Antoine Laugier (1713-1769) quien inicie la tratadística arquitectónica contemporánea. Si hasta el momento la tratadística centró sus planteamientos en el estudio de los órdenes arquitectónicos, y sus correspondientes proporciones, como la base de un entendimiento por que la arquitectura era considerada capaz de mostrar los principios de la armonía del universo, Laugier tuvo como objetivo el devolver a los órdenes su carácter funcional, llegando a establecer una visión de la arquitectura que, a través de la racionalidad constructiva, se definía mediante su estructura espacial. Esta interpretación de la arquitectura a partir de la racionalidad constructiva se realiza a partir de la visualización filosófica de la cabaña primigenia, inicio teórico de la arquitectura.

Frontispicio del "Ensayo sobre la arquitectura" de Marc Antonine Laugier, editado en París en 1755

El Ensayo propone una arquitectura libre de muros, donde la columna y el arquitrabe sean los elementos definitorios de la estructura del edificio. Las pretensiones de Laugier eran eliminar la “arquitectura en relieve” propia del Barroco y Rococó, pero no eliminar ni los muros ni los órdenes clásicos. El orden debe depurarse y emplearse racionalmente, no tanto exclusivamente según los principios de Vitruvio sino apelando a una racionalidad ornamental basada en una exhaustiva comparación de detalles según los diferentes tratadistas y la observación directa tanto de las ruinas de la Antigüedad como de los edificios modernos, pues en el siglo XVIII el lenguaje clásico estaba lo suficientemente asentado como para tomar de referencia algunas grandes obras del renacimiento y barroco.

Junto con Laugier, otro de los grandes tratadistas del Neoclasicismo es Jean Nicolas Louis Durand (1760-1835), quien entre 1802 y 1805 publica su Compendio de lecciones de arquitectura, fruto de sus enseñanzas en la Escuela Politécnica. Han pasado casi cincuenta años desde el tratado de Laugier, y el mundo había cambiado muchísimo; el largo proceso de la Revolución Francesa abolió los privilegios hereditarios de la nobleza e instauró la era de la burguesía. En esta nueva era, las Academias dependientes de la corona desaparecieron para dar paso a los Institutos y Escuelas Politécnicas, donde se esperaba dejar atrás los rigores e inflexibilidades propias de las Academias y dar paso a un nuevo periodo de educación e investigación. El método de Durand es una adaptación técnica de las teorías de Laugier. En los cincuenta años que distan entre una y otra obra se realizaron grandes avances en la construcción tradicional, que permitieron un conocimiento de los materiales y una optimización de su empleo. Estos avances eran exactamente los que necesitaban las teorías revolucionarias para ser aplicadas a la arquitectura.

Las dos primeras láminas de las "Lecciones de Arquitectura" de Jean Nicole Louis Durand, editadas en París en 1819

El método de Durand se inicia con una dura crítica hacia el Sainte-Geneviève (el Panteón de París) de Jacques-Germain Soufflot, pues consideraba que era una obra muy cara y poco bella; él propone una gran cúpula con columnas que asegura costaría la mitad y daría un aspecto más grandioso. En lo que respecta a los órdenes, Durand no entra en discusiones de ningún tipo y propone unos órdenes que se podrían considerar “media aritmética” de cada tipo. Después de las revisiones filológicas de Vitruvio, y una vez establecidos los conceptos básicos para la nueva clasicidad, las preocupaciones se centran en la búsqueda de medios económicos de construcción, que permitan el desarrollo de la nueva sociedad sin caer en los excesos arquitectónicos de antiguos régimen (representado por el rococó y primer neoclasicismo). El tratado de Durand tendrá mucha aceptación durante el periodo napoleónico, pues su método se adaptaba perfectamente a las nuevas necesidades tipológicas del programa constructivo de Napoleón (cuarteles, bibliotecas, almacenes, viviendas dignas…). Los conceptos vitruvianos de solidez, utilidad y belleza (firmitas, utilitas y venustas) darán paso a los de utilidad, conveniencia y economía, abriendo el camino para los postulados teóricos de la arquitectura moderna.

martes, 9 de febrero de 2010

Introducción a la tratadística clásica (II): El Barroco

El paso del manierismo al Barroco es sutil y fluido. El punto de inflexión entre ambos periodos podemos situarlo en la celebración del Concilio de Trento (1563) y la Contrarreforma Católica. Mientras la Reforma protestante optó por una doctrina de severa austeridad y puritanismo, la Iglesia Católica, en su Contrarreforma opta por mostrar toda su gloria y el fasto. Por tanto, se intentará que los nuevos programas artísticos eviten los debates del Alto Renacimiento, fundamentalmente los relativos a la adaptación de la Antigüedad al modo de vida humanista y viceversa, y el debate sobre las plantas centralizadas. Las nuevas iglesias barrocas no tienen el carácter de armoniosa proporción de los templos del Renacimiento, sino que continúan el camino abierto por el manierismo. Este camino va buscando las distorsiones del lenguaje y la teatralidad del mismo. El barroco configura un mundo teatral y fastuoso que sufre un proceso de transformación desde las primeras trasgresiones del lenguaje clásico, hasta la ceración de un código propio, muy simbólico, heredero de una tradición medieval no del todo interrumpida por la restauración de los valores clásicos del humanismo.

Desde inicios del siglo XVI el renovado lenguaje clásico arquitectónico trasciende las fronteras de los estados Italianos y se va asentando en Europa. La difusión de las ideas de Vitruvio fuera de Italia pasa por las publicaciones de los tratados de Serlio, Vignola o Palladio. La confrontación de éstas con los restos de la Antigüedad queda reflejada en la confrontación gráfica de los detalles de los órdenes. De todos los tratados, el de Vignola fue el más aceptado, pues definía el desarrollo de un orden a través del módulo, perfectamente adaptable a las diferentes medidas locales. Sin embargo, la ausencia de otros modelos con los que poder comparar lo dicho por Serlio y Vignola, encaminaba la arquitectura de estas latitudes a una rigurosidad excesiva, a quedar atrofiada y constreñida a un conjunto de reglas geométricas y detalles estandarizados. Y es en este ambiente en el que escribe Perrault; cuestiona el postulado según el cual la belleza de un edificio resulta de la exactitud de sus proporciones. Según él, no existen reglas absolutas en materia de proporciones arquitectónicas y la definición de lo “bello” depende de todos y procede de un consenso general. Estas ideas no fueron bien acogidas en la Francia de la época, y levantaron grandes pasiones entre los tratadistas franceses, que se pusieron de uno u otro bando en la Querella de los antiguos y los modernos.

Frontispicio de los Diez Libros de Arquitectura de Vitruvio, corregidos y traducidos de nuevo al francés por Claude Perrault. Edición de París de 1673.

No sólo hubo una interpretación francesa; en Alemania, Países Bajos e Inglaterra también hubo una querella entre antiguos y modernos que seguiría los mismos derroteros que en Francia. Y de esta querella y de la propia evolución del Barroco en Italia surge la última etapa de este periodo: el Rococó, un estilo galante que suprime las tensiones del Barroco por suaves líneas curvas y formas arriñonadas. Pero este estilo frívolo y extravagante no ofrecía una alternativa aceptable para las rigurosas mentalidades académicas de la Ilustración. Para actualizar las reglas racionales que insinúan la belleza, conviene proceder primero a un minucioso análisis filológico del texto de Vitruvio, labor a la que se encomendarán las mentalidades ilustradas para definir un modo de entender la clasicidad.

lunes, 8 de febrero de 2010

Origen del entablamento dórico según Giovanni Antonio Rusconi.

En un comentario de una entrada anterior (Bauhaus en lugar de nuestra casa), el bloguero dadaísta comentaba que los orígenes de la arquitectura clásica en piedra están en la construcción de templos en madera, teoría recogida por Vitruvio en su tratado, seguida por los tratadistas clásicos y comúnmente aceptada por Arquitectos y Arqueólogos.

A falta de vestigios de templos en madera, los tratadistas de la edad moderna se afanaron en plantear sus hipótesis de origen partiendo del texto vitruviano, como en las imágenes que adjuntamos, pertenecientes al tratado de arquitectura de Giovanni Antonio Rusconi, publicado en Venecia en 1590.


domingo, 7 de febrero de 2010

Introducción a la tratadística clásica (I): El Renacimiento

La Edad Moderna constituye uno de los momentos más importantes de la Historia de España. La época del imperio donde no se ponía el sol es también la del Siglo de Oro del Arte y Literatura de nuestro país. Apoyados por un generoso mecenazgo civil y eclesiástico, el genio creativo de artistas y literatos españoles dio obras maestras que expresan a la perfección el espíritu de la época: edificios como el Monasterio de El Escorial o la Catedral de Cádiz, la obra de Velázquez o Goya, la escultura de Salzillo, la literatura mística de Santa Teresa de Jesús o el teatro de Lope de Vega. Todas estas manifestaciones artísticas y literarias, a pesar de producirse en un dilatado periodo de tiempo, guardan un hilo conductor común: la relectura de la Antigüedad Clásica Grecorromana a la luz del humanismo antropocéntrico del Renacimiento, la Contrarreforma Barroca o la Ilustración.

Este proceso, que se origina en Italia desde el siglo XV, se introduce plenamente en España, al igual que en el resto de Europa, desde finales de dicha centuria y de forma intensa en el siglo XVI. El Renacimiento supuso una auténtica revolución cultural que sacó a Europa de la Edad Media y la introdujo en una nueva era donde el estudio de la naturaleza, la exaltación del Hombre como dueño de la Creación bajo la atenta mirada de Dios, y la recuperación de la idealizada Antigüedad Clásica Grecorromana, llevaron al hombre a cotas de desarrollo artístico, filosófico y científico inimaginables hasta el momento. Si la Edad Media había sido la época de la conservación del saber de la Antigüedad, la Edad Moderna es la de su estudio, juicio crítico y aplicación práctica. El arte empezó a estudiar e inspirarse en los modelos antiguos, adaptándolos a la nueva realidad de la Europa Cristiana. Sin embargo no era sólo la observación directa de los restos de la Antigüedad lo que inspiraba a los artistas; el descubrimiento, en 1414 en la abadía benedictina de Montecassino, del libro De arquitectura Libri Decem de Marco Vitruvio Polión, fue un referente tanto para la arquitectura como para el resto de las artes. Sus teorías de la armonía y la proporción humana, así como sus indicaciones para el trazado de órdenes y construcción de edificios, proporcionaron la base en la que debería apoyarse cualquier artista a partir de entonces.

La clasificación y medida de las ruinas de la Antigüedad, unidas al estudio del texto vitruviano y su comparación con dichas ruinas, constituían la base de dicho aprendizaje. Pero la obra de Vitruvio carecía de ilustraciones, desaparecidas durante la Edad Media, por lo que casar las descripciones del libro con las medidas tomadas de los restos romanos resultaba no pocas veces una tarea ardua. De ahí que surgieran desde principios del siglo XV diferentes comentaristas que interpretaban e ilustraban el texto en un intento de unir ambas partes del aprendizaje, o tratadistas que a partir del análisis de De arquitectura Libri Decem planteaban su propia teoría arquitectónica.

La teoría arquitectónica del siglo XV, del Quatroccento, tiene una triple vertiente: filológica, que pretende descifrar el texto de vitruvio; teórica, que aclara y comenta la obra; y arqueológica, con la intención de encontrar ejemplos prácticos que den una componente gráfica, muy necesaria para la comprensión del texto. Con todo, la primera edición impresa de De architectura libri Decem de 1485, no tiene ilustraciones, así como la mayoría de los tratados manuscritos, como De re Aedificatoria, de Leon Bautista Alberti. Las ilustraciones de los tratados manuscritos de Averlino Filarete o de Francisco di Giorgio, aportan las únicas representaciones gráficas de los órdenes.

Portada del Tercer Libro de Arquitectura de Sebastiano Serlio. Edición de Venecia de 1584

Durante el siglo XVI se afianza el conocimiento del clasicismo arquitectónico, y la obra de Donato Bramante y Rafael Sanzio lleva al Renacimiento a su plenitud. Sin embargo, Bramante no deja escrito ningún tratado, y su influencia, junto con la de Rafael, será recogida por Peruzzi, Sangallo y Serlio. De los tres, es este último el único en escribir un tratado, aun cuando su producción arquitectónica es bastante pequeña. La obra de Sebastián Serlio (1475-1554), al igual que la de Iacopo Barozio de Vignola será muy influyente en la búsqueda de mecanismos compositivos de asimilación fácil. Ambos tratados representan la intención de dar una explicación sistemática a los fenómenos arquitectónicos clásicos, y dar un conjunto de reglas que, una vez superado el entendimiento de Vitruvio, permitan aunar la aplicación práctica de sus teorías con la inspiración tomada de la multiplicidad formal de las obras clásicas.

Portada de la Regla de los Cinco Órdenes de Iacopo Vignola. Edición de Roma de 1562

Junto a la obra de Vignola y Serlio, ocupa un lugar predominante la de Palladio. A diferencia de las dos anteriores, Los Cuatro Libros de Arquitectura son una obra personal, donde los principios de arquitectura quedan plasmados en obras del propio autor. En el tratado de Palladio, una vez descritos de manera breve y concisa los órdenes arquitectónicos, así como unas nociones de construcción, se pasa a exponer las distintas tipologías edificatorias antiguas y modernas, ejemplificando con obras suyas construidas o proyectadas.

Portada del Los Cuatro Libros de Arquitectura de Andrea Palladio. Edición de Venecia de 1570.

Con todo esto queda visto el modo en el que se reinterpretó en texto de Vitruvio para dale una coherencia lógica con los restos. Pero esta interpretación tan “lingüística” no es la única, pues responde más al Primer renacimiento que al manierismo. El manierismo supuso una ruptura con el lenguaje anterior, basado en la armonía vitruviana, evolucionando hacia una trasgresión de dichas normas con las que expresar la angustia del momento. Dicha trasgresión se podría resumir en la introducción de nuevos términos lingüísticos con los que ampliar el vocabulario clásico; son elementos caprichosos y extravagantes, que considerados por separado no guardan ninguna relación racional con el lenguaje vitruviano, aunque sí se entienden al considerarlos en el ambiente cortesano y palaciego en el que se inicia el movimiento. El manierismo emplea los mismos elementos de órdenes arquitectónicos que Bramante o Rafael, pero los combina de una manera personalísima, ahondando un poco más y aportando un carácter escultórico a la arquitectura que allanará el camino para la época barroca.