domingo, 14 de junio de 2009

Clasicismo latente: la Estación de Autobuses de Zamora

Zamora es una ciudad situada a orillas del Duero. Punto clave durante la Reconquista, a partir dela batalla de las Navas de Tolosa fue pediendo relevancia hasta convertirse en una apacible capital de provincia. Su prosperidad durante la Edad Media se traduce en la cantidad de Iglesias románicas que hay en la ciudad, uno de los conjuntos altomedievales más importantes de Europa. Si exceptuamos la magistral intervención herreriana en la fachada sur de la Catedral, no es hasta finales del siglo XIX y principios del XX cuando la ciudad viva otro periodo de esplendor, que se tradujo en nuevos edificios que, en lugar de seguir los regionalismos decadentes, optaron por las nuevas corrientes que traía el “art nouveau”, dando lugar a uno de los conjuntos modernistas más interesantes de la España interior. La Universidad Laboral, obra de Luis Moya y primera de una serie de complejos docentes repartidos por nuestra geografía, nos da una magistral lección de clasicismo depurado.

La Transición española coincide con el triunfo del clasicismo posmoderno y muchas infraestructuras que se construyeron a finales del siglo XX en nuestro país se adscriben a la tendencia clasificada como clasicismo latente por Robert A. M. Stern. Es el caso de la estación de autobuses de Zamora, construida por el arquitecto local Francisco Somoza en 1990.

Este clasicismo latente es una especie de clasicismo atenuado que conserva los trazos, perfiles e impresiones de las formas estructurales, pero elimina el detalle ornamental. Es una arquitectura que utiliza toda la gama de formas y tipos de la tradición clásica desplegándolos de nuevo en los términos de la era industrial. Más riguroso que el denominado clasicismo irónico, esa abstracción y racionalidad de han permitido ganarse cierto respeto dentro de las élites arquitectónicas, si bien los que hace veinte años practicaban esta tendencia, hace mucho que se pasaron al minimalismo u otras corrientes más extravagantes.
La estación ocupa una manzana cuadrada con una fuerte pendiente entre la Calle Donantes de Sangre y la Avenida Alfonso Peña. La sala de espera, taquillas y oficinas se agrupan en un edificio situado en la cota más alta del solar (Calle Donantes de Sangre), con tres accesos y distribuida interiormente en una larga nave de cuyo centro parten unaas escaleras que la comunicacn con los andenes, distribuidos a modo de “claustro” en la cota menor (Avenida Alfonso Peña). El aspecto exterior tiene un cierto aire “romano”, acrecentado por los bloques de hormigón abujardados y los arcos que recuerdan vagamente a unas termas. Sin detalles superfluos, con un espíritu netamente moderno, este edificio parece un dibujo simplificado del tratado de Durand o de Ledoux, que al fin y al cabo es lo que buscaba el clasicismo latente.

viernes, 12 de junio de 2009

Otra arquitectura es posible


Cuando empecé a escribir sobre arquitectura lo hice bajo la convicción de que las formas clásicas aún tienen cabida en nuestra época. Este convencimiento no viene de una valoración subjetiva que me incline hacia esa estética, sino por una serie de circunstancias a lo largo del siglo XX que vienen a confirmar la continuidad de una tradición que se creía perdida tras el triunfo de las Vanguardias y el Movimiento Moderno.
El fin de la Segunda Guerra Mundial supuso también el fin de las tentativas europeas de dar continuidad a un clasicismo que durante los años 20 y 30 convivió con las vanguardias. La victoria aliada condenó injustamente al clasicismo por el uso y abuso que de él habían hecho los regímenes totalitarios, y toda Europa continental asociará a partir de ese momento al clasicismo con fascismo y opresión. Sin embargo, la tradición clásica continuó, aunque reducido su ámbito de docencia y ejercicio, en los países anglosajones. Allí la arquitectura clásica seguía viéndose como garante de las libertades democráticas y símbolo de gloria cultural.
El empuje irrefrenable de la modernidad acorraló la tradición más y más hasta el punto que en el siglo XXI sólo dos Escuelas de Arquitectura (la de Notre Dame en Indiana y la de Miami, ambas en EEUU) la siguen incluyendo en sus programas docentes. Además, en Europa cabría destacar la labor realizada por el Príncipe de Gales en su Fundación creada a tal efecto, y la labor que realizó hasta 2004 la Escuela de Arquitectura de Viseu, de la que hemos hablado anteriormente.
A raíz de la publicación de esa entrada, el arquitecto Lucien Steil, su antiguo director y actualmente profesor asociado de la Escuela de Notre Dame, se puso en contacto conmigo invitándome a visitar sus instalaciones en Roma. El programa de estudios de esta Universidad incluye un año de estancia en la capital italiana, donde los alumnos entran en contacto con la tradición arquitectónica occidental (la estancia se complementa con viajes por Italia y el resto de Europa).
Fui a Roma en abril como invitado a los jurados sobre los trabajo finales de los alumnos de tercer año, que es cuando se realiza el curso en Roma. También acudió invitado el catedrático de la Universidad del País Vasco, D. Javier Cenicacelaya y los arquitectos italianos Luigi del Sordo y Paolo Marconi. En los dos días que duraban los jurados tuve la oportunidad de conocer el trabajo de unos estudiantes motivados y la labor docente de unos profesores que sabían aplaudir y agradecer los aciertos de los alumnos, a la vez que corregir de forma instructiva y constructiva sus errores.
El Profesor Lucien Steil, presentando los proyectos del jurado
Los alumnos de Notre Dame apenas usan programas de diseño asistido (al menos en los primeros años de formación y como es habitual en muchas Escuelas americanas), por lo que tienen gran destreza en el dibujo a mano alzada y muestran un avanzado sentido de la proporción y la escala. Y precisamente por no emplear modelados virtuales es habitual que sus planos se vean complementados con maquetas.

Un alumno ultima detalles antes de la entrega

Maqueta de uno de los proyectos presentados
El eje conductor de los ejercicios presentados era la vivienda, entendida como el acto proyectual básico a partir del cual se desarrollan el resto de tipologías. Las viviendas presentadas por los alumnos siguen criterios de sostenibilidad extraídos de la arquitectura clásica. No se encuentran en ellas volúmenes minimalistas ni grandes vanos vidriados; tampoco hay alardes técnicos o experimentos con materiales. Son viviendas sencillas que buscan sus formas en los invariantes vernáculos de la zona. Muros gruesos, cubiertas y forjados de madera, proporción equilibrada de huecos y pórticos o loggias que dan frescor a la vivienda es lo que enseñan esas propuestas: toda una lección palladiana que en el siglo XXI demuestra su vigencia.
Photobucket
La mayoría de las propuestas buscaba ese sustrato vernáculo que se extrae de la lectura de Palladio; si bien algunos alumnos fueron más allá e hicieron propuestas directamente inspiradas en las villas del arquitecto paduano. A la calidad de las propuestas hay que sumar el alto grado de conocimiento de la arquitectura vernácula italiana que han conseguido estos alumnos americanos durante su estancia en Roma.
Durante el jurado se dialogó sobre la sostenibilidad de la arquitectura tradicional, la utilidad de las medidas pasivas de ahorro de energía, al orientación y soleamiento adecuados… Se insitió en la necesidad de una ventilación e iluminación natural y directa en todas las estancias y las consecuencias espaciales y estructurales derivadas de ello (doble crujía, triple crujía con retranqueos…).
La intervención del arquitecto Paolo Marconi fue una defensa de los invariantes tipológicos de la arquitectura clásica, haciendo especial hincapié en el clasicismo depurado del periodo de entreguerras. Su conocimiento y práctica nos permite intervenir sobre el patrimonio sin incurrir en el falso histórico pero también sin deshumanizar ni romper la esencia del lugar.
El profesor Javier Cenicacelaya hizo unas interesantes reflexiones a modo de conclusión. Es a través de la revitalización de la arquitectura vernácula como realmente llegamos a entender y adaptarnos al lugar, respetándolo. El clasicismo canónico es un producto de lujo tremendamente costoso, mientras que estas obras, encuadrables dentro del tradicionalismo moderno, gozan de la ventaja de ser más próximas al gran público, que las acepta como magníficas obras de artesanía en lugar de las manidas promociones de viviendas (popularmente conocida como “pitufos” o “neocatetos”) tan descontextualizadas del entorno y sus habitantes como las urbanizaciones anómicas del Movimiento Moderno. Al tener en cuenta las tradiciones constructivas locales y sus condicionantes climáticos y geográficos, es más sostenible que la arquitectura moderna que pretende implantar en todas partes las mismas soluciones formales del minimalismo o el deconstructivismo. La arquitectura vernácula permite, por tanto, una aproximación al clasicismo muy cercana al público, pues con ella recupera el contacto con el lugar y la tradición que le robó la modernidad.
El profesor Javier Cenicacelaya durante su intervención
Pablo Álvarez Funes
pfunes1981@gmail.com

domingo, 7 de junio de 2009

Propuesta para el III Concurso de Arquitectura Cátedra Hispalyt.


El edificio propuesto se sitúa en el centro del conjunto histórico de Toledo, siendo también el punto más alto de la Ciudad Imperial.
Los campanarios han sido tradicionalmente el único tipo edificatorio desde donde obtener una vista de pájaro hasta la invención de los globos aerostáticos o los aviones. La propuesta pretende enlazar con esas torres y ubicar un nuevo mirador perfectamente integrado en el perfil urbano de Toledo.
El edificio se encaja dentro del solar propuesto para convertirse en un nuevo espacio público de la ciudad, tal como patios e iglesias (alguna de las cuales se han convertido hoy día en museos o salas de conciertos). Es esa la razón por la que se han representado los espacios públicos (cubiertos o no) con la misma trama, pues deben ser entendidos como una entidad al servicio del pueblo.
La plaza Padre Juan de Mairena es a día de hoy un espacio caótico con un suelo de albero y varios juegos infantiles dispersos. Hay una Cruz de hierro encima de una columna de piedra que intenta ser un hito dentro de la plaza, si bien es imposible con la actual disposición. Además los árboles frente a la Iglesia de los Jesuitas suponen una barrera que bloquea la visión frontal del templo.
La nueva plaza debería tener un hito central tal como en los espacios tradicionales a la vez que ser “civilizada” con áreas verdes y pavimentadas perfectamente diferenciadas por las áreas de juego para niños.
De esta forma, la nueva Plaza Padre Juan de Mairena se organiza como el vestíbulo del edificio propuesto con el cual forma un eje que intersecta con la Iglesia de los Jesuitas. En esta intersección se ubica un nuevo elemento central (la antigua Cruz de hierra sobre una nueva columna de ladrillo). Alrededor de ambos ejes hay áreas verdes y áreas de juego sobre un nuevo solado cerámico. Los árboles se desplazan unos metros para facilitar las vistas a la Iglesia a la vez que constituye un muro verde entre el espacio en frente de la Iglesia y el espacio en frente del museo. Los antiguos contenedores se sustituyen por otros enterrados para generar un impacto mínimo.
El edificio encaja dentro del solar y, al igual que éste, se divide en dos volúmenes: el primero consta de dos pisos que albergan la sala de exposiciones y la biblioteca; el otro es el mirador, con todos los elementos de servicios (escaleras, ascensor, baños y almacén).
La elección de una propuesta clasicista viene de la voluntad de mantener una continuidad dentro de la estructura urbana tradicional. Una propuesta explícitamente clásica para una ciudad donde se construyeron los primeros edificios renacentistas de España. De esta forma se inserta un edificio plenamente integrado en su entorno a la vez que respeta el carácter patrimonial del centro histórico.
La idea de emplear órdenes arquitectónicos en ladrillo enlaza con la tradición de edificios españoles de ladrillo y los numerosos ejemplos históricos de órdenes en ladrillo (especialmente durante el mudéjar y renacimiento temprano). Este edificio es un pequeño homenaje a ellos.
El cuerpo principal del edificio es una construcción de dos plantas con muros de carga de ladrillo y cuatro aberturas en cada planta que permiten la entrada de luz. El grosor del muro garantiza el aislamiento térmico. En su interior, dos espacios similares con columnas en el centro albergan la sala de exposiciones en planta baja y la biblioteca en planta primera.
El orden empleado se basa en el orden toscano y dórico palladiano, adaptados y simplificados para el uso de ladrillo como material principal. Además hace referencia al arquitecto renacentista Michele Sanmicheli por su robusta aplicación del orden, en concreto los triglifos simplificados.
El edificio además hace eco del trabajo del arquitecto alemán Karl Friedrich Schinkel, en concreto su primera propuesta para el Neue Wache de Berlín, el Castillo de Tegel o la Escuela de Arquitectura de la capital alemana.
El “belvedere” se ubica en el otro extreme de la parcela, con el ascensor, las escaleras y espacios secundarios para almacenaje y aseos. Esta torre enlaza con otras torres de ladrillo en Toledo o incluso la Giralda de Sevilla. De hecho, el remate del belvedere está basado en el Cuerpo de Campanas de Hernán Ruiz.
Como homenaje a la arquitectura clásica y tradicional en ladrillo, este edificio quiere ser tan explícito para demostrar que hoy día es posible construir de forma tradicional tomando las ventajas de la arquitectura histórica y moderna.

sábado, 6 de junio de 2009

Proposal for a Pavilion in Toledo. III Architecture Competition Chair Hispalyt


The proposal is located in the middle of the Historical Center of Toledo, which is also the highest point in the Imperial City.

Traditionally the bell towers were the only places where one could have a “bird view” of a place before the invention of hot-air balloons and planes. our Project wants to make a link between those towers an place a new belvedere perfectly incorporated in the toledan skyline.

The buildings fits in the proposed site and becomes a new public space in the city, as existing churches (many of them are now museums or concert halls) and courtyards. That´s the reason why we have represented covered and uncoverted public spaces in the same texture, understanding them as a whole entity at people´s service.

The square nowadays is a caothic space with a sandy ground and some children playgrpund elements. There is an iron Cross in a top of a stone column which tries to be a hit in the square, but that´s impossible in the existing disposition. The high trees in front of the Jesuit Church are also like a barrier which blocks the view of the whole elevation of the Church.

We consider that the new square must have a central hit as traditional spaces have and also needed to be “civilized” with green and paved areas differenciated from the children playground area.

The new Padre Juan de Mairena Square is organized like the vestibule of our building at the same time that makes an axis with the Jesuits Church. In the intersection of these axes is located a new central element (the old iron Cross on a new brick column). Around both axis there are green bed areas and children playground areas, all upon a new ceramic tiled paved area. The trees are moved also some metres in order to let a better view of the Church and make a virtual “green wall” between the space in fornt of the Church and the space in front in the museum. The old bins will be replaced and the new ones will be buried to make a minimun impact.

The proposal fits into the site and, as its natural shape, is divided in two parts: one is a two storey building with the exhibition hall and the library, and the other is the “belvedere” itself, with all the serving elements (staircase, elevator, baths and stores).

We have chosen a classical proposal in order to keep a continuity into the urban traditional structure. An explicit classical proposal for a town in where were built the first Renaissance structures in Spain. This way we insert a building that is fully integrated within the surrounding ones and respects the patrimonial character of the historicl center.

The idea of choosing architectural orders made in brick links with the long tradition of brick Spanish buildings and the many examples of this kind of bric-orders have been made along history (specially in the mudejar and early renaissance styles). This project is a little homage to them.

The main body of the building is a two storey brick loadbearing construction with four openings in each floor which provide a lot of light inside. The thick of the walls is also used to avoid a high isolation and thermal movements. Inside, two similar spaces with central columns which houses the exhibition hall in the ground floor and the library in the first floor.

The orders used are based in Palladian Tuscan and Doric Orders, adapted and simplified for the use of brick as the principal material. It particularly refers to the work of the Veronesse Renaissance Architect Michele Sanmicheli, in its robust application of the orders, in particular the simplified trigylphs.

The building also echoes the work of Karl Friedrich Schinkel in Germany (first proposal for Neue Wache in Berlin, Tegel Castle, School of Architecture in Berlin).

The “belvedere” is then located in the other part of the plot, with the elevator, staircase and secondary spaces for storing or bathing. This towers link with many other brick towers in Toledo or even the Giralda in Seville. In fact, the final body of the “belvedere” is based on Hernan Ruiz “Bells Body” of that tower.

As a homage to traditional and classical brick architecture this building wants to be so explicit because it shows that nowadays it is still possible to build in a traditional way taking advantage of both historic and modern architecture.

lunes, 1 de junio de 2009

Donde estaba y como era


El patrimonio arquitectónico es un legado pasajero. Ya sea por la acción del hombre, la naturaleza o ambos, éste desaparece con el paso de los siglos. Sin embargo, sólo en la mano del hombre está la decisión de mantener ese patrimonio, impedir su desaparición y consolidar los vestigios arquitectónicos de culturas pasadas.

El 14 de Julio de 1902 los venecianos desayunaron con una desagradable noticia: el Campanario de la Plaza de San Marcos se había desplomado después de que unos días antes se hubiesen descubierto unas peligrosas grietas en la pared norte.


Fotomontaje de la época mostrando el momento del derrumbe

El campanile que colapsó en 1902 era una construcción de los arquitectos Giorgio Spavento y Bartolomeo Bon concluida en 1513. Su base fue ampliada en 1549 por Iacopo Sansovino, quien añadió una loggia conocida como la Loggetta. Es en esta hermosa ampliación donde hay que buscar la posterior ruina de la torre, pues para que ésta quedara completamente integrada en la torre hubo que cercenar parte de la base, hecho que a la larga provocó el derrumbe al no ser capaz la estructura de aguantar su propio peso.


Fotografía de Julio de 1902 con los restos de la torre


La Loggeta en 1914, poco después de su reconstrucción

Las autoridades venecianas reaccionaron rápido y en menos de un año ya se estaban iniciando las obras de reconstrucción del Campanile “donde estaba y como era”, palabras que fueron pronunciadas por el sindicalista Filippo Grimani durante el discurso de colocación de la primera piedra el 25 de Abril de 1903. Estas palabras recogen el clamor popular (en una época en la que los sindicatos se preocupaban por le pueblo más que ahora) ante el debate generado por su reconstrucción. El arquitecto Otto Wagner por ejemplo, opinaba que la pérdida del campanile se debía a la desidia de los propios venecianos por mantener su patrimonio y advertía de la imposibilidad de una reconstrucción, bien por la desaparición de las técnicas constructivas de la época, bien por la enorme suma requerida para hacerlo. Otros temían que la reconstrucción se hiciera siguiendo la “teoría de la unidad de estilo” creada por el arquitecto francés Eugène-Emmanuel Viollet-le-Duc según la cual el objetivo de la restauración no era devolver al edificio a su estado original sino al estado “que debería haber sido”, incurriendo en el falso histórico.


Caricatura de 1912 con una hipotética propuesta de Otto Wagner para una nueva torre

Sin embargo, tanto el consejo comunal como la suscripción popular permitieron acumular la suma necesaria para su construcción, y el arquitecto Luca Beltrami, discípulo de Camilo Boito, hizo un excelente trabajo de reconstrucción de los restos como si de una anastylosis se tratara, devolviendo a la ciudad una pieza clave de su urbanismo y del sentimiento colectivo veneciano. Gracias a él miles de visitantes pueden continuar admirando una estructura que ha servido de base e inspiración para torres y rascacielos de todo el mundo.

Planta, alzado y sección de la torre antes y después de su desplome

No sabemos si hoy día existiría la voluntad suficiente por parte de autoridades y arquitectos para actuar como los venecianos de hace un siglo. Nuevas teorías e ideas han cambiado radicalmente el mundo de la arquitectura; los arquitectos, en su continua alienación para con la Historia de la Arquitectura, han ido delegando competencias patrimoniales en historiadores y arqueólogos, quienes se han tenido que encargar del mantenimiento y restauración de nuestros monumentos. Como ya comentamos al hablar del Arquitecto ante la Historia de la Arquitectura, la toma de conciencia de la realidad objetiva de la historia y el entorno es fundamental a la hora de intervenir en estos conjuntos. Esta aparente verdad de Perogrullo deja de ser tal cuando observamos las desafortunadas intervenciones del Teatro de Sagunto o la Plaza de la Encarnación de Sevilla. En el primer caso, bastaba con una anastilosis de los restos existentes y no la inmensa mole que han acoplado a las ruinas bajo el desagradable apelativo de “restauración analógica”. En el segundo caso, teniendo en cuenta su historia, el estado de las instalaciones antes de su injusta demolición, el lamentable espectáculo que dio el Ayuntamiento hispalense con la gestión de ese espacio fundamental, y finalmente el horrible proyecto alemán que se ha impuesto a los sevillanos, nos mueven a afirmar que el mercado de la Encarnación debía haberse reconstruido donde estaba y como era.

El Mercado de la Encarnación, tal como era en la década de 1960 y debería haberse mantenido hasta nuestros días.