sábado, 12 de febrero de 2011

El Valle de los Caídos en "Informes de la Construcción" (III)


Méndez, Diego. Arquitecto. El Valle de los Caídos. Informes de la Construcción, nº 116, 148-8 (1959), P, 35-61.

La arquitectura exigía un tinte oscuro, en armonía con las manchas negruzcas de la rosa. Se eligió la piedra, apenas utilizada hasta entonces, de Calatorao, fácil de labrar, dura y nada heladiza; pero si el modelado de las esculturas ofreció grandes dificultados por la magnitud de las tallas a realizar, las que surgieron en su colocación se presentaron casi como insuperables. Todas se superaron levantando complicadas esculturas de hormigón armado y repentizando en cada momento sobre el terreno las soluciones más oportunas. 

La Explanada. 

La gran explanada se extiende entre la carretera y la entrada al templo. Se sube a ella por una grandiosa escalinata, de 100 m de anchura, con dos tramos de diez peldaños cada uno, que simbolizan los diez mandamientos, vía de toda ascensión moral para el hombre. El segundo tramo, flanqueado a derecha e izquierda por pretiles que dan impresión de sendas torretas, desemboca en la alta terraza, amplio espacio rectangular cuyo pavimento en cruz parece fiel reflejo de la gran cruz que domina en lo alto de la montaña. Otras terrazas laterales, de menos amplitud, jalonan diferentes cotas, y a lo largo de ellas corre un banco de piedra apoyado en ménsulas que a distancia se asemejan a las aspilleras de una fortaleza. 

 Vista desde la Cruz hacia la Explanada 

La explanada tiene una superficie total de 30.600 metros cuadrados. Para construirla fue preciso remover masas ingentes de piedra, y fue un gran acierto el organizar distintos niveles de sucesivas terrazas porque con ello, además de reducir el volumen de la excavación, se dio más grandiosidad al conjunto. Por 15 escalones, de 73 metros de longitud, se sube al nivel en el que se abre la entrada: una especie de porche que tiene al fondo la exedra que constituye el pórtico monumental de acceso. Sus dos alas, que recuerdan los pilones egipcios, flanquean el recuadro rectangular de la puerta: en las dos grandes hojas de bronce de esta puerta se labraron los quince misterios del Rosario con el estilo tradicional y clásico del artista F. Cruz-Solís. Encima, sobre la cornisa de la portada, campea la grandiosa escultura de La Piedad, de Ávalos, formado por un grupo de proporciones gigantescas en el que el cadáver de Cristo yacente expresa un realismo que sobrecoge, mientras que sobre él se inclina su Madre, cuya bella cara es viva expresión de dolor y resignación.

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